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Dépor

El plan de Albacete como ensayo para frenar el posible correcalles ante el Castellón

El Dépor firmó su partido más controlador en el Carlos Belmonte ante un rival vertical e impredecible, características que comparte con el próximo visitante de Riazor

Mella y Yeremay corren en Riazor en un partido de la pasada campaña 2024-25 ante el Castellón
Mella y Yeremay corren en Riazor en un partido de la pasada campaña 2024-25 ante el Castellón
Javier Alborés
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El Deportivo salió del Carlos Belmonte con algo más que tres puntos. La victoria del pasado fin de semana por 0-2, la quinta consecutiva en Liga, consolidó al equipo de Antonio Hidalgo en lo más alto de la clasificación, empatado con el Racing de Santander. Pero lo relevante en Albacete no fue solo el resultado, sino el modo en que lo consiguió. El encuentro funcionó como un ensayo general para lo que viene ahora en Riazor frente al Castellón, seguramente el rival más propenso a convertir un partido en un correcalles desde que ambos equipos subieron de la mano desde Primera Federación.

El Albacete, pese a su clasificación, es un equipo vertical, acostumbrado a duelos abiertos, con marcadores altos y secuencias de ida y vuelta. Reducirle ese escenario exigía control, pases y ataques más pausados. Y el Deportivo lo ejecutó. En el Carlos Belmonte firmó su mejor partido como visitante en varias métricas, según Wyscout: 551 pases totales (la cifra más alta fuera de casa), 481 completados (también récord), una posesión del 58,59% (muy por encima de su media como visitante, situada en el 48,47%) y una longitud media de pase de 18,23 metros, la más corta de la temporada lejos de Riazor. Esta última estadística, un indicador claro de circulación en corto, refleja el plan de juntar pases, asumir menos riesgo, reducir pérdidas en zonas delicadas y rebajar el pulso del choque.

Con esa secuencia de pases cortos, el Deportivo alcanzó un promedio de 6,12 pases por posesión, el más alto del curso fuera de casa. Su media en campo ajeno, 4,47, muestra la diferencia. El contraste con otros partidos es evidente. En Eibar, por ejemplo, el Deportivo se movió en 307 pases y un 33,88% de posesión; en Córdoba solo pudo sumar un 36,7%, y en el arranque liguero en Leganés, aunque sumó 408 pases, no tuvo ni la fluidez ni el control exhibidos en Albacete. La distancia estadística subraya que lo de Albacete no fue una casualidad, sino un plan buscado y que funcionó.

Hidalgo lo preparó desde la alineación. La baja inicial de Diego Villares por un proceso vírico le abrió la puerta a Charlie Patiño, un jugador de ritmo bajo, asociativo, de apoyos constantes y mucha movilidad para ofrecer líneas de pase. Su perfil, junto al de José Ángel Jurado y Mario Soriano, formó un centro del campo pensado para enfriar el juego. Tres futbolistas con buen pie y tendencia a asegurar el balón, ideales para un partido que pedía control. El Deportivo quería la pelota. Y la tuvo.

En defensa ocurrió algo similar. Las molestias de Lucas Noubi movieron la estructura y llevaron a Hidalgo a apostar por centrales con más precisión en la salida. Miguel Loureiro actuó más escorado al perfil derecho, mientras que Arnau Comas y Dani Barcia acompañaron al de Cerceda en una línea de tres que sobre todo se pudo comprobar en salida de balón. Con esa disposición, el equipo consiguió avanzar con más fluidez y evitar pérdidas que activaran la transición del Albacete. El rival tuvo menos metros para correr y menos veces el escenario que más explota.

Datos totales, en casa y fuera

El comportamiento del Deportivo en Albacete también destaca cuando se amplía el enfoque a toda la temporada y no solo a los partidos fuera de casa. El equipo de Hidalgo promediaba hasta esa jornada 422,69 pases por encuentro, lejos de los 551 que firmó en el Carlos Belmonte. En Albacete no solo superó su media, sino que estableció su tercer registro más alto del curso, solo por detrás de los 552 y 564 pases que intentó en los partidos en Riazor contra la Cultural Leonesa y el Sporting de Gijón, respectivamente.

La posesión sigue la misma línea. El Deportivo rondaba un 50% de posesión media acumulada en la temporada, repartido en partidos dispares. El 58,59% de Albacete es su segundo punto más alto de todo el curso, por detrás del 62,05% del duelo contra el Sporting. El duelo contra el equipo rojiblanco también se encuentra en la cima en términos de promedio de pases por posesión, con 6,13, pero inmediatamente por detrás aparece los 6,12 de Albacete. De hecho, solo un tercer compromiso, el choque ante la Cultural en Riazor, se acerca a estos registros, ya que la media de lo que va de campaña es de 4,72.

La imprevisibilidad del Castellón

Si el Albacete era una prueba para bajar pulsaciones, el Castellón es el examen final. Desde el ascenso compartido con el Deportivo en 2024, nadie ha arriesgado tanto en Segunda como el conjunto orellut. Con Dick Schreuder llevó el plan al extremo, con un fútbol ultraofensivo que generaba partidos anárquicos, cargados de goles e idas y vueltas. La destitución del técnico neerlandés durante la pasada campaña dio paso a Johan Plat y, más recientemente en el presente curso, a Pablo Hernández, icono del club. El nuevo entrenador ha matizado algunos aspectos, pero la esencia permanece. La plantilla está diseñada para atacar, para correr, para convertir cualquier respiro en un intercambio de golpes. La propiedad del club, encabezada por Haralabos 'Bob' Voulgaris, empresario greco-canadiense y  apostador profesional, insiste en ese modelo y los partidos del Castellón siguen siendo impredecibles.

El Deportivo conoce bien ese contexto. La pasada campaña ganó 5-1 en Riazor, con un partidazo de Iván Barbero y David Mella, y empató 2-2 en Castalia. Dos encuentros de ritmo alto y marcadores amplios. Incluso el curso anterior, en la Final de Campeones de Primera Federación, los encuentros fueron abiertos: 2-1 en A Coruña y 2-4 en Castalia. El Castellón, con otro entrenador o con los mismos intérpretes, tiende a llevar los duelos al caos. Y ahí quiere evitar entrar Hidalgo.

Por eso Albacete fue útil. El plan de juntar pases, asegurar en corto y reducir la verticalidad rival dejó la muestra de que el Deportivo puede gobernar el ritmo si la estructura y la elección de perfiles acompañan. Y al equipo de Hidalgo le conviene que el partido del domingo en Riazor no derive en un intercambio continuo. Necesita que el Castellón juegue a un tiempo más lento del que acostumbra, con menos metros para correr y menos oportunidades de activar a sus atacantes.

El Belmonte ofreció un laboratorio real, con un rival que también buscaba el ida y vuelta. Y el Deportivo encontró la fórmula: control, posesión y pocos sobresaltos. Ante el Castellón, la teoría se pondrá a prueba de nuevo.

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