Riazor vuelve a infundir respeto
El Dépor, uno de los dos únicos invictos en casa y el tercer mejor local de Segunda, está exhibiendo eficiencia y solvencia ante rivales que suelen ajustar su plan habitual en sus visitas a A Coruña

Eficiencia, solvencia, sobriedad… El Deportivo está construyendo en Riazor un lugar donde se siente cada vez más cómodo y donde ha aprendido a competir con un poso que no tuvo en otras temporadas. La victoria frente al Ceuta por 2-1 prolongó la racha y ya son siete partidos sin perder en casa, lo que mantiene al Dépor como uno de los dos únicos invictos de la categoría junto a la Real Sociedad B. Es el tercer mejor local de Segunda por promedio de puntos, solo superado por el Almería y la propia Real Sociedad B, y transmite la sensación de que el equipo de Antonio Hidalgo está encontrando un equilibrio que mezcla solvencia, destellos de inspiración y un oficio que, poco a poco, genera respeto en los rivales, como demostró el Ceuta con una alineación más cautelosa de lo habitual.
Riazor impone. Durante años fue un estadio que atenazó más al Deportivo que al visitante. Son muchos los futbolistas locales a los que les pudo la presión en los últimos tiempos. Esta temporada, por el momento, está pasando lo contrario: el escenario se vuelve grande para el rival y convierte al Dépor en un equipo que está sabiendo utilizar ese fenómeno a su favor. Hidalgo lo vio desde el primer día. Tras el 0-0 de la jornada inaugural ante el Burgos habló de la necesidad de entender la naturaleza del estadio, de aprovechar los impulsos de la afición: “Está claro que Riazor empujó muchísimo y creo que somos nosotros los que tenemos que entender a Riazor mucho más. Tenemos que agarrarnos a ellos en esos momentos que empujan para tratar de meter atrás al equipo rival. Eso nos dará muchísimo. Cuando eres jugador tienes que entender esa rabia y ese carácter que te da Riazor”.
Con esa mezcla de eficiencia, destellos individuales y una estructura cada vez más estable, el Dépor ha construido un bloque fiable en casa. Las cifras hablan solas. Suma quince puntos en siete jornadas, repartidos en cuatro victorias y tres empates. Es decir, ha logrado el 71,43% de los puntos posibles como local, un porcentaje solo superado por el 76,19% del Almería y el 75% de la Real Sociedad B.
Eso sí, nadie concede menos en su estadio. Doce goles a favor y solo tres en contra. El Ceuta logró el primer gol en juego corrido que recibe el Dépor en casa y aun así llegó tras una acción condicionada por un córner previo que desordenó al equipo. También fue el primero que encaja en una segunda parte. Antes solo habían marcado Almería y Valladolid, ambos en el primer acto y a balón parado: un lanzamiento de esquina rematado de cabeza por el central italiano Federico Bonini y un penalti cometido por Dani Barcia sobre Marcos André que transformó Juanmi Latasa.
Riazor es un lugar donde el Dépor quizá no deslumbra, pero sí domina. No siempre con balón y no específicamente al rival, pero sí los partidos, al menos por norma general. No está entre los más goleadores de la categoría en su estadio, superado por Almería, Racing, Málaga, Real Sociedad B o Castellón, pero ha encontrado una fórmula que le permite controlar los partidos, limitar las ocasiones rivales y obligar al visitante a adaptarse. Muchos han cambiado su estructura, su once o su forma de competir. Otros, directamente, fueron superados por el ritmo o el escenario. Pocos mantuvieron el plan original que llevaban implantando en semanas anteriores.
Los rivales en Riazor
El Burgos de Luis Miguel Ramis abrió el curso de visitas a Riazor buscando que pasaran pocas cosas. Se cerró bien por dentro, redujo la fluidez ofensiva del Dépor y jugó con la idea de proteger su portería. No asumió grandes riegos, pero cumplió con casi todo lo que venía a hacer. Incomodó, desconectó al ataque blanquiazul y se llevó un 0-0 que le supo a partido perfecto. “Un punto en Riazor hay que trabajarlo mucho y siempre es positivo, pero era un día para haber ganado el partido”, señaló el exdeportivista Ramis.
La primera victoria en casa llegó ante el Sporting de Asier Garitano (1-0), que emuló ciertos aspectos del Burgos con un planteamiento defensivo. Doble lateral para controlar a Yeremay, bloque bajo y su amenaza real se reducía a tratar de lanzar alguna contra con la velocidad de Juan Otero y las conducciones de Gelabert o Dubasin. “En la primera parte hemos defendidos bien, pero nos ha faltado algo más en campo rival”, comentó Garitano, destituido unas semanas después. El Dépor dominó, empujó y encerró al rival. El gol tardó, pero cayó en el añadido y la insistencia tuvo premio.
El Huesca de Sergi Guilló quiso ser más valiente, aunque no llegó a presionar tan alto y agresivo como en otros encuentros previos. Se presentó en Riazor con personalidad, pero los errores defensivos y el impacto del escenario le pesaron desde el inicio. "Cuando concedes este tipo de cosas contra este rival, te lo hace pagar", comentó el técnico, despedido también recientemente, tras el partido ante un Dépor que estuvo muy por encima y que firmó su actuación más redonda en casa (4-0).
El cuarto visitante en Riazor fue el Almería. El equipo de Rubi no dio señales evidentes de miedo escénico. Ajustó alguna pieza, como la entrada de Arnau Puigmal para equilibrar, pero compitió con naturalidad y como lo que es, un claro candidato al ascenso. “Fue un partido muy táctico, así que el empate es justo. Solo hemos tenido tres ocasiones, pocas para lo que solemos generar. Por el buen hacer de su rival y falta de finura no pudimos concretar más oportunidades”, resumió Rubi tras un duelo igualado (1-1) entre aspirantes al ascenso.
El Valladolid de Guillermo Almada se mantuvo fiel a su identidad. Presión alta, agresividad, intención de incomodar la salida de balón y varios robos que pudieron convertirse en gol. Fue el visitante que más puso en dificultades al Dépor desde lo futbolístico. El partido se le escapó por un penalti innecesario de Pablo Tomeo que permitió el 1-1 final. La esencia de Almada estuvo intacta: "Injustamente nos llevamos un punto, merecimos los tres".
El siguiente visitante en Riazor fue la Cultural Leonesa. No cambió demasiado su idea, pero el partido se le fue por errores groseros. Un 2-0 rápido condicionó todo. Después tuvo fases con balón y llegó varias veces, aunque el encuentro ya estaba donde quería el Dépor. El equipo coruñés jugó una segunda parte tranquila y ganó 3-0 sin sufrir. “El primer tiempo no puedo estar contento, pero si analizo el plan como entrenador creo que ha salido. En el segundo hemos querido, pero no hemos podido”, comentó el ‘Cuco’ Ziganda.
Por último, el Ceuta evidenció el respeto a Riazor desde la alineación. José Juan Romero renunció a Kuki Zalazar, mediapunta exdeportivista, para formar un doble pivote más de contención con Bodiger y Youness. Rubén Díez, otro ex del Dépor y habitual mediocentro en el cuadro caballa, fue el enganche y el Ceuta apostó por correr con la velocidad de sus hombres de banda: Konrad y Koné. El Dépor tuvo la pelota, no brilló, pero fue superior y solo sufrió en los minutos finales del 2-1. Una última muestra del equilibrio que tienen que mostrar los rivales entre su identidad y la adaptación al Dépor y al escenario para conseguir sumar en Riazor.
Todavía queda mucha temporada, pero Riazor ya es un pequeño refugio. Un estadio donde el Dépor no necesita gustarse para competir bien. Donde el rival duda, ajusta o retrocede. Y eso es mérito del escenario, pero obviamente también del equipo de Antonio Hidalgo, que está empezando a darle una connotación positiva a palabras que en el fútbol no siempre se usaron como elogios: efectividad, solvencia, sobriedad...


























