LA LUPA | Deportivo 2-1 Ceuta: Los acordes sueltos aún no hacen canción
El Dépor funcionó a tirones y logró una ventaja decisiva, amparado en su trabajo sin balón y el control una vez se puso por delante

Perdió el ritmo. La confianza. Y aunque va recuperando poco a poco esa seguridad en sí mismo, todavía no termina de encontrar la continuidad. El Deportivo 2-1 Ceuta volvió a dejar la sensación de sí pero no. Ya no suena desafinado y sus acordes sueltos son suficiente melodía para ir ganando, pero todavía están lejos de componer una canción.
La escuadra dirigida por Antonio Hidalgo fue capaz de ir matizándose desde su trabajo sin balón para cortocircuitar al rival, golpear y empezar a tener el control absoluto del partido. Sin embargo, el Dépor no terminó de darle continuidad a ese juego como sí logró contra la Cultural Leonesa dos semanas antes. Y claro, al primer vaivén, acabó temblando como ya había hecho en Córdoba.
Así, solo el desacierto del rival evitó que lo fue un partido con más luces que sombras se convirtiese en absoluto drama y expusiese las dudas de un colectivo que sufre en cuanto se acelera, pierde la pelota y debe proteger el área. Porque en cuanto la acumulación le falla, saltan a la vista las carencias.
Desajuste diestro
El Deportivo recibía en Riazor a un equipo que quiere el balón, que busca disponer de él para imponer el guion que desea en los partidos. Así fue también en A Coruña, aunque el técnico José Juan Romero asumió precauciones con cambios en su once. Más allá de la entrada de Koné por Aisar en el extremo, el preparador andaluz dejó en el banquillo a Kuki Zalazar, el mejor socio de Rubén Díez, para dar entrada a Bodiger.
‘JJR’ quería proteger al pivote Youness y lo hizo con otro futbolista de similares características y capaz de abarcar mucho más campo que Díez, a quien reubicó como segundo punta en defensa. Aunque en los primeros minutos no tuvo que trabajar demasiado sin balón el equipo ceutí, que fue capaz de tener el balón y sortear la presión del Dépor.
Hidalgo mantuvo el plan inicial defensivo que planteó en Córdoba: un 4-4-2 con Soriano acompañando al punta —Mulattieri en este caso— para presionar a centrales, mediocentro y meta. Por detrás, el doble pivote local estaba pendiente de los dos interiores visitantes —Bodiger y Díez—.
Mientras, Luismi Cruz partía del perfil derecho para emparejarse con José Matos. Sin embargo, la posición del lateral utrerano y su relación con el extremo Koné fue un quebradero de cabeza para el Deportivo en los primeros minutos.

El Ceuta lograba progresar a partir de su perfil izquierdo, en el que el central zurdo Diego González recibía abierto y lejos de la doble punta deportivista, incapaz de abarcar todo el ancho del campo al estar en inferioridad numérica.
A partir de ahí, llegaban los problemas. Porque Matos se situaba por dentro y alto para fijar a Noubi y Cruz se quedaba a medio camino de todo. No estaba emparejado con el lateral rival, pero tampoco marcaba cuerpo a cuerpo a Koné ni ‘saltaba’ pronto hacia delante para impedir una conexión fácil a González. El extremo del Deportivo pretendía cortar la línea de pase con el extremo defendiendo por delante, pero lo único que conseguía era permitir que el Ceuta encontrase la profundidad por ese pasillo exterior.
Un cambio... de tendencia
El Deportivo no estaba cómodo y en torno al cuarto de hora, el staff técnico modificó el patrón de presión. Mulattieri pasó al perfil derecho para controlar casi de manera exclusiva a Diego González. A cambio, Soriano debía redoblar esfuerzos. El objetivo era evitar que el Ceuta siguiese progresando por su perfil izquierdo y que pasase a hacerlo por el derecho o por el carril central, donde Villares estaba preparado para ‘saltar’ a por Youness si Mario se encontraba presionando al portero Vallejo o al central Carlos Hernández.
Mientras, José Ángel se quedaba algo más solo en la zona central. Pero contaba con la ayuda de Luismi Cruz si la jugada avanzaba por el otro lado o de Loureiro, que asumía el espacio de Villares en el caso de detectar a un posible receptor en esa zona. Más agresividad arriba y condicionar la salida del rival hacia donde deseas. Asumir más riesgos a cambio de defender más lejos del área propia.

La modificación, sin marcar un evidente punto de inflexión, surtió efecto e hizo que el Ceuta dejase de poder estirarse tan cómodo. Provocó que la iniciativa con balón, más dividida hasta entonces, pasase a ser mucho más propiedad del equipo de casa.
Aún así, el Dépor prácticamente solo fue capaz de generar peligro tangible en el primer tiempo a partir de sus contragolpes. Más allá del que desarrolló en el gol, el paso adelante y los ajustes en la presión tuvieron retorno justo después del 1-0, en la acción que acabó con Cruz rematando al larguero tras una gran emboscada en el pasillo derecho local.

Más medios, mismo atasco
El Dépor empezó a sentirse más cómodo en el partido a través de sus cambios en pautas defensivas. Pero en ataque, le costó hasta que encontró el gol en una transición que acabó en el remate de Mulattieri y el posterior córner.
Hidalgo apostó por modificar la salida de balón del Arcángel, implicando únicamente a los dos centrales y a José Ángel y dando altura a Quagliata y a Noubi, que ejercían como los futbolistas que daban amplitud al equipo.

Por delante del pivote andaluz, se distribuían Cruz, Soriano y Villares. Los dos primeros, casi siempre en los interiores, para ejercer de bisagras sobre las que construir. El vilalbés, atacando la última línea rival con mucha frecuencia para tratar de estirar al equipo caballa.
Sin embargo, pese a la acumulación de centrocampistas de buen pie, el Deportivo vivió atascado. Impreciso a la hora de progresar desde el pase, tan solo encontró alguna vía por la izquierda a partir de la superioridad numérica que Soriano, Quagliata y Yeremay conformaban y que el Ceuta parecía permitir.
Y es que el conjunto foráneo fue mucho más pasivo que de costumbre, pues priorizó no desestructurar la doble línea de cuatro que protegía a Vallejo.

La cosa mejoró un poco cuando Comas entró por Noubi y Villares retrocedió unos metros, pero fue a partir de una pérdida propia que no pudo ser bien presionada y acabó en contraataque sin finalizar por parte del Ceuta la manera en la que el Deportivo logró abrir la lata. Luismi recogió el balón suelto y lanzó hacia un Yeremay ‘descolgado’ en el perfil izquierdo. El '10' le sirvió el gol a Mulattieri, que no batió al meta. Sí lo hizo con fortuna y despiste visitante el canario a la salida del córner para poner el partido muy de cara.
Cómodo control
El gol inicial lo cambió todo. El Deportivo salió del descanso sin las prisas por ver el marcador igualado y empezó a mover el balón ante un Ceuta que ni esperaba, ni terminaba de ir arriba.
El conjunto herculino atraía en la zona de iniciación al caballa, demasiado separado pero sin tampoco desproteger del todo a su defensa. Y así, lo que sucedía era que el Dépor progresaba muy fácil hasta asentarse en campo rival. Pero ahí, le faltaba algo de veneno y aceleración y mucho de espacios.

Los tuvo en la acción del 2-0, en la que Jurado apareció para descargar en una acción de tercer hombre hacia Barcia. El central fijó a su par y condujo para superarle y encontrar campo abierto hacia Stoichkov, que atacó bien la profundidad aprovechando la enorme capacidad de su compañero para ponerle el pase en ventaja y el mal escalonamiento de la zaga rival.
El Deportivo tenía premio a sus buenos minutos. Controlaba a placer y tenía más confianza que nunca moviendo la pelota ante un rival que no terminaba de soltarse. Hasta que lo hizo. Entonces, la pasividad visitante se convirtió en empuje y la seguridad local en un exceso de confianza que derivó en miedo.
El miedo
Un gol. Tan solo un resbalón hizo falta para que el bloque deportivista empezase a temblar. El equipo había visto el partido ganado, pero en una segunda jugada derivada de un córner en la que no mantuvo bien las marcas encajó el 2-1. Y claro, empezó a apretar el botón del pánico.
Los medios no abarcaban para presionar hacia delante y, a la vez, tapar su espalda, desprotegida por una zaga temerosa de salir hacia delante. Lo que antes era juego en corto comenzó a convertirse en balones en largos para evitar riesgos ante un Ceuta que quemó las naves y, por fin, fue arriba. El equipo perdió entonces la pelota. Más, sin Jurado, Soriano ni Luismi en el campo, por mucho que Patiño dejase buenas sensaciones en las pocas veces que el esférico pasó por él.

Sin balón, el equipo comenzó a defender cada vez más atrás. Quería salir, pero no abarcaba. Se desordenaba. Y acabó atrincherado, con sensación de agobio y dando gracias a la Diosa Fortuna tras una pésima protección de su área pequeña. Comas no defendió bien su zona a la salida de un córner y González le ganó la posición a Quagliata. La mandó fuera. Y con el error, permitió que los acordes no sonasen, al menos, a melodía desafinada.























