Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?
Dépor

El arte de sobrevivir y rebelarse

El Dépor fue inferior a su rival, pero se acostumbra a la máxima efectividad con tres goles en tres tiros a puerta

Yeremay se deshace de un jugador del Córdoba
Yeremay se deshace de un jugador del Córdoba
Fernando Fernández
0620_arte_floral_calo_251121_carlos
0620_fundacion_vs_251121_tamara
0620_matraz_redideal_251121_carlos
0620_obradoiro_redideal_251121_tamara
0620_resonac_redideal_251125_tamara
0620_bonilla_redideal_251121_veronica
0620_liceo_redideal_251121_tamara
0620_pazo_santa_cruz_redideal_251121_cristina
0620_wayalia_redideal_251121_carlos

Hay partidos que no permiten exhibiciones. Noches que exigen paciencia, resistencia y un punto de obstinación. Partidos en los que el fútbol no es una cuestión de brillo, sino de aguante. Y en esa frontera entre la supervivencia y la eficacia, el Deportivo ha encontrado una pequeña grieta. No es casual que el liderato de Segunda llegue después de tres victorias consecutivas en las que el equipo no siempre impuso su plan. En Córdoba, sin ir más lejos, se llevó los tres puntos en un Nuevo Arcángel que suele arrinconarlo, ante un rival que acumulaba ocho jornadas sin perder y que por momentos lo sometió con claridad. El Dépor fue inferior en muchos tramos, se vio desbordado en otros y llegó a sufrir incluso con el Córdoba jugando con diez en el tiempo añadido. Y, aun así, ganó. Otra vez.

La pregunta que sobrevuela es inevitable. ¿Cómo se sostiene un triunfo así? Quizá porque este Dépor ha aprendido a golpear justo cuando el partido lo permite, en el momento justo. Como esos tenistas que resuelven los tie-breaks con frialdad mientras el resto del encuentro transcurre igualado. Contra la Cultural Leonesa ya ocurrió algo similar: dos primeros disparos a puerta, dos goles y un encuentro encarrilado sin haber dominado. En Córdoba repitió la fórmula, con Quagliata firmando un zurdazo a la escuadra y Yeremay transformando un penalti a lo Panenka. Dos golpes, en los dos primeros disparos a puerta, que volvieron a sostener a un equipo que en la mayor parte del duelo vivió en modo alerta defensiva.

El plan se empezó a torcer pronto porque la primera parte transcurrió en un escenario que ya había puesto al Dépor en aprietos en otros desplazamientos previos al feudo blanquiverde. Una presión alta, coordinada y asfixiante del Córdoba lo obligó a construir lejos de su zona de comodidad. El conjunto local empujó la salida deportivista hacia la izquierda, donde Loureiro, central derecho ocupando el perfil zurdo, asumió demasiadas responsabilidades en los primeros pases. Esa desnaturalización bloqueó la activación de José Ángel, Villares y Soriano por dentro. El equipo no lograba progresar y apenas encontraba respiro más allá de contragolpes que morían en imprecisiones o en faltas tácticas del rival, no siempre castigadas con amonestación.

Las cifras ayudan a explicar lo sucedido en el primer acto: siete tiros de los andaluces en y apenas uno del equipo de Hidalgo, además bloqueado a Luismi Cruz. El Dépor estaba incómodo, contraído y sin rumbo claro. Pero incluso en esa espesura suele aparecer el talento de la plantilla blanquiazul. Y apareció.

Luismi, que por fin consiguió respirar entre líneas, filtró un pase que permitió girar la jugada hacia Yeremay. El canario llevaba un partido irregular, plagado de pérdidas y de malas decisiones, pero su calidad es tan diferencial que cuando encuentra una rendija, ya te ha hecho el lío. Asistencia, con caño incluido, para Quagliata, que llegó en carrera y colocó la pelota en la escuadra con un zurdazo imparable para hacer el 0-1. Fue un fogonazo aislado, pero que el Dépor está consiguiendo convertir en costumbre.

El empate del Córdoba llegó pronto y, en realidad, era la consecuencia lógica de lo que estaba pasando sobre el césped. Carracedo, que acostumbra a hacer daño cada vez que se cruza con el Deportivo, estaba castigando el costado derecho, pero fue el lateral Carlos Isaac quien ganó la línea de fondo y forzó la intervención desafortunada de Noubi, que acabó empujando el balón a su propia portería.

Vivir en el alambre

Pero a pesar del empate, el Deportivo se las volvió a ingeniar para sacar petróleo de una jugada aislada, para hacer palanca y agrandar las pequeñas fisuras que muestra el rival. Un centro lateral Quagliata, un desmarque de Eddahchouri, una pugna con Rubén Alves y una queja del delantero. Nada más. O eso parecía. La repetición activó al VAR y mostró un agarrón del central. El árbitro revisó, señaló penalti y expulsó al defensa por segunda amarilla. “A mí me pilló en el banquillo, a punto de entrar”, relató Mella después, que no se quiso mojar. “La pusieron en el videomarcador y el árbitro pitó eso. Hay que comerse la decisión, sea a favor o en contra”.

El árbitro pitó eso y hay que comerse la decisión, sea a favor o en contraDavid Mella

El resto lo puso Yeremay. Aguantó intentos de descentrarlo y hasta maniobras de los jugadores del Córdoba para levantar el punto de penalti. Nada lo alteró. Los genios aparecen cuando les da la gana. Picadita suave, templanza absoluta y 1-2. “Yere nos da mucho”, resumió Germán Parreño, que terminó satisfecho por el trabajo colectivo: “Es un partido trabajado. Ellos tampoco tuvieron ocasiones claras en la primera mitad, aunque nosotros tampoco. Hemos sacado tres puntos en un campo muy difícil”.

Ajustes tras el descanso

A pesar de las palabras del portero blanquiazul y del resultado, la segunda parte se movió en la misma dirección. El Córdoba siguió empujando, aunque el Dépor retocó su estructura en fase defensiva para evitar daños mayores. Hidalgo situó a Villares como apoyo constante en la derecha para frenar la sangría por ese sector. Aun así, el rival continuó acumulando méritos: 33 pases de los andaluces en el último tercio frente a once del Dépor en la segunda mitad y 15 tiros totales contra ocho. La sensación de agobio fue casi constante y se multiplicó en los minutos finales, cuando el Córdoba, ya con diez, sacó varios córners y rondó el empate con insistencia.

Ahí volvió a aparecer otra virtud de este equipo, la de resistir. La que Hidalgo había adelantado desde el inicio de la temporada, cuando avisó de que la palabra “sufrir” sería de las más repetidas por él mismo a lo largo de la temporada. Y en esas fases de dominio del rival, el Dépor no fue capaz de sacudirse el empuje del Córdoba, pero al menos supo juntarse, sufrir, resistir y esperar un fallo para sentenciar.

El juego es el resultadoGermán Parreño

El golpe definitivo llegó en la última jugada, con una carrera de Mella que resolvió con más serenidad de la que luego reconoció. “Es más difícil (correr desde campo propio) porque te pasan muchas cosas por la cabeza”, confesó. “Al final me salió hacer la picadita y entró”. El marcador no contó lo que fue el partido, aunque sí volvió a explicar que el Dépor ha ganado la capacidad de golpear en el momento perfecto.

Germán, tras el partido, puso el broche con dos mensajes concisos: “El juego es el resultado” y “el liderato es anecdótico a estas alturas”. Y probablemente lo sea en noviembre. Pero no lo es que, aunque aún no ha brillado con continuidad e incluso ha sido superado en el juego por varios rivales, el Dépor sabe sufrir, ganar tiempo y sabe lanzar sus golpes en los contados momentos en los que el rival baja la guardia.

0620_bico_redideal_251125_tamara
0620_buceo_galicia_redideal_251121_cristina
0620_casa_marabina_redideal_251121_carlos
0620_danza_10_redideal_251121_tamara
0620_hitos_redideal_251121_tamara
0620_mampaplus_redideal_251121_cristina
0620_mayores_redideal_251121_tamara
0620_opticalia_redideal_251121_veronica
0620_sergio_ruiz_redideal_251121_carlos
0620_talleres_hercules_redideal_251121_veronica
0620_tinytown_redideal_251121_veronica
0620_alba_cocinas_redideal_251121_cristina