David Mella, historia de una reconversión y redención en cuatro meses
El canterano le da la vuelta a su situación y se afianza como un futbolista total en el carril derecho del Deportivo

Cuando el pasado 8 de julio David Mella volvió a vestirse de corto para entrenar junto a sus compañeros en Abegondo, las cosas habían cambiado. Su dimensión en el Deportivo tenía poco que ver con aquella que vivía a finales del mes de abril, en el que una lesión en el recto femoral de su pierna derecha le hizo decir adiós a su primera temporada en el fútbol profesional de forma prematura.
En ese tercio final de competición, el futbolista de Teo pagó con una rotura muscular el peaje de la exigencia física y mental de los meses previos. No fue cosa menor: irrumpió en el Deportivo, se ganó una ficha del primer equipo, fue uno de los líderes de la remontada hacia el ascenso, resultó determinante para ganar el Europeo sub-19 con España, desoyó ofertas de la élite y tuvo un importante impacto en su estreno en Segunda División.
Muchas e intensas vivencias en apenas 15 meses para un chico que, entre los 18 y los 19 años, había pasado de ser uno de los grandes proyectos del Deportivo a convertirse en faro blanquiazul de presente y futuro. Todo por pleno derecho, tras la salida de Lucas Pérez y la consolidación, a su vera, de Yeremay Hernández como astro rey.
Mella tuvo que parar en abril, pero cuando regresó en julio, ya nada era igual. Mientras ‘Yere’ se llevaba todos los elogios por el refuerzo de su compromiso con el Deportivo y narraba en redes sociales su trabajo previo a la pretemporada para llegar en las mejores condiciones posibles al reinicio blanquiazul, el recelo de un sector de la afición se proyectaba sobre David.
El club no solo había fichado a un Luismi Cruz que entraba por el ojo para, supuestamente, hacerle competencia. Es que el chico se había mostrado en sus perfiles públicos -siempre tramposos y traicioneros- con una imagen algo más descuidada, lejana a la de esos entrenamientos profesionales en la playa que sí enseñaba su compañero y amigo canario.
El niño bonito ya no lo era tanto. Y claro, a Mella le afectó. Después de un verano en el que, efectivamente, necesitaba desconectar tras llevar cabeza y cuerpo al límite en los meses previos, el joven llegó a aquel inicio de julio ligeramente fuera de forma, pero también de foco.
La situación no era grave en el aspecto físico ni mental, pero sí suponía una pequeña señal de alarma que invitaba a atajar el problema para evitar que fuese a más. Su puesta a punto en el ámbito condicional era cosa de algunos entrenamientos, pero existía cierto riesgo de perder al valiosísimo soldado por una cuestión de falta de confianza. Ese déficit de seguridad fue patente en la gran mayoría de los partidos de pretemporada, en los que Luismi Cruz sí parecía haberle ganado la partida en esa banda derecha que, antes, solo se entendía con su nombre.
“Sí que me llegaron a principio de temporada cosas. Alguien que dude de David Mella en este club o en nuestra afición… ostras. Es increíble el trabajo que hace. Son chavales de 20, 21 o 22 años y cometerán errores. Por supuesto, cometen errores. Igual que los cometemos todos. Pero hace un trabajo increíble. Hace unos entrenamientos en los que no para de correr, de pelear, de trabajar…”, explicaba Fernando Soriano a apenas unos días de que la temporada echase a andar oficialmente. En esa comparecencia pública, el director de fútbol agradeció la pregunta sobre David para arroparlo.
“Si me preguntas si está a su mejor nivel, quizá ahora no está el pico más alto. Pero no tengo dudas de que va a ser diferencial y que es importantísimo. Es pieza clave para conseguir los máximos objetivos de este club. Eso es indudable. Sólo puedo agradecer el compromiso que ha tenido siempre. Lo tuvo el año pasado y lo está teniendo este año para intentar llevar al club a lo más alto”, zanjó el dirigente aragonés.
Darle la vuelta
Pese al evidente cariño público de Soriano y a las palabras positivas que Hidalgo también le dirigió siempre, el técnico catalán arrancó la temporada dándole a David Mella un puesto en el banco. El entrenador quería para ese perfil derecho a un futbolista con capacidad para hacer daño arriba, pero también posibilidades de jugar como quinto defensa, al estilo de lo que hacía principalmente Gerard Valentín en su Huesca. No parecía Luismi Cruz el futbolista idóneo para ese rol de carrilero, pero el preparador apostó por él en Granada. Y el equipo brilló, por lo que el andaluz continuó en el once, con Mella como revulsivo.
Así sucedió también en el estreno liguero en casa contra el Burgos. Pero en el tercer partido y tras el 0-0, Hidalgo le dio al teense la titularidad en Leganés. Quizá ayudó el plan de partido, en el que el staff deportivista había diseñado para el carrilero derecho la función de romper a espaldas de la defensa rival, pero también de emparejarse con el poderoso Duk.
Lo cierto es que Mella cumplió en esa faceta y en la fase final, ya con el Deportivo volcado para buscar darle la vuelta al 2-0, incluso fue determinante como lateral izquierdo por detrás de Yeremay Hernández.

El canterano comenzaba a darle la vuelta a su situación, pero entonces llegaron los compromisos internacionales con España sub-20. Primero, en la ventana FIFA de inicios de septiembre para preparar el Mundial. Y luego, a partir del 21 de septiembre, para competir en la propia cita mundialista de Chile.
Las llamadas con la selección podrían haber supuesto un importante freno en la lucha de David por recuperar su estatus principal en el equipo. Pero para cuando el joven de 20 años cogió el avión hacia Sudamérica, su rol en el Dépor ya era radicalmente diferente al del inicio.
El de Teo había conseguido darle la vuelta a la tortilla por completo, destacando en Vitoria ante el Mirandés en el partido en el que por primera vez se demostró que los ‘Cuatro Fantásticos’ podían jugar y brillar juntos desde el inicio. Y su actuación tuvo continuidad en el duelo contra el Huesca, del que salió como protagonista con dos tantos en los que demostró que parte de su talento radica en su agresividad ofensiva para atacar espacios.
El Mundial sub-20 comenzó para España el 28 de septiembre y, por aquel entonces, el Deportivo ya necesitaba más a Mella de lo que Mella ‘necesitaba’ al Deportivo. El joven fue titular en el primer partido, en el que España perdió con Marruecos, a la postre campeón. Entonces, el seleccionador David Gordo introdujo varias modificaciones que, entre otras cosas, provocaron que el deportivista pasase a ser un recurso de banquillo.
Siempre importante, pero siempre suplente hasta el cruce de cuartos en el que ‘La Rojita’ quedó fuera en un polémico partido contra Colombia, lo que permitió que el equipo blanquiazul pudiese recuperar a David de cara al choque en Santander, justo después de la primera -y dura- derrota del equipo, en Málaga.


Mella se antojaba más imprescindible que nunca y lo demostró en su regreso. Irrumpió de nuevo en el once y fue el futbolista más destacado del equipo en El Sardinero desde su evidente posicionamiento como lateral derecho en defensa a su rol como extremo muy amplio y fijado en profundidad en ataque.
Esa actuación confirmó no solo su condición de imprescindible para Antonio Hidalgo, sino su redención definitiva en apenas cuatro meses. Algo que, además, le ha permitido acompañar el proceso de una reconversión total. De ser un extremo ofensivo que jugaba a pie natural y tuvo que aprender a jugar en el lado opuesto, a chico para todo en el pasillo derecho.
Mella, con condiciones defensivas y posibilidades ofensivas infinitas llegando desde atrás, apareciendo en velocidad y no estando, pule aspectos sin balón mientras trata de seguir afinándose en ataque. Menos enfocado al último tercio que el pasado curso y más presente en todas las zonas del campo, el teense es un futbolista cada vez más multidisciplinar, que no ha perdido demasiado impacto en las acciones definitivas y sí gana poco a poco rendimiento a la hora de cerrar la banda.
El David Mella de esta temporada interviene más que el del pasado curso, intercepta más balones y gana -ligeramente- más duelos. A cambio, toca menos el esférico en área rival y remata menos, aunque ya acumula más de la mitad de los goles que hizo el pasado curso. Y, sobre todo, impacto colectivo.
El Deportivo, que maneja el mejor goalveraje de la categoría con +12 pero no ha contado con el canterano en casi la mitad de los minutos -suma 639 de 1170 totales-, maneja con Mella en el césped un balance goleador de +10. ¿Qué quiere decir esto? Que normalizado a una media por 90 minutos, el equipo promedia con el extremo de Teo en el césped un +1,41 en goles por cada partido. Ningún otro jugador de otro equipo maneja una cifra mejor que la del joven de 20 años, que en silencio, sin una mala cara y con trabajo ha logrado darle la vuelta a su situación.
























