LA LUPA | Deportivo 3-0 Cultural: Del empuje al control
El conjunto herculino encontró la ventaja a partir de su trabajo sin balón y, solo entonces, supo tener la pelota

Los resultados positivos como palanca para recuperar la confianza total y la fiabilidad sin balón como rampa hacia los resultados positivos. El Deportivo firmó un muy deficiente octubre, en el que no solo se dejó muchos puntos por el camino, sino también la seguridad en sí mismo y parte de sus señas de identidad. Pero en noviembre, continúa dando pasos hacia delante para recuperar el terreno perdido. Cortos, pero seguros.
Ante la Cultural Leonesa, un rival inocente en algunas facetas del juego, al que le pesaron las bajas en el centro del campo y con poco veneno en el último tercio, el cuadro deportivista dejó atrás de manera definitiva la mala racha.
Lo hizo amparado en su trabajo sin balón, que le llevó no solo a encadenar por primera vez dos porterías a cero consecutivas, sino a encontrar el camino de una sólida ventaja. Luego, con la entrada de José Ángel Jurado, supo gestionar con mano izquierda. Del empuje inicial para golpear, al control final para no sufrir. No le sobró brillo, pero tampoco le faltó empaque.
El plan de Zaragoza
Antonio Hidalgo apostó por repetir el once de la jornada anterior, algo que solo ha hecho tres veces esta temporada. La réplica de los mismos nombres tuvo también eco en el planteamiento, pues el cuerpo técnico del Dépor ejecutó un plan muy similar al de Zaragoza. En cuanto a posicionamiento de los futbolistas, en cuanto a roles y en cuanto a intenciones colectivas.
Y al igual que en el duelo de la capital maña, el conjunto herculino volvió a estar muy solvente sin balón y poco lúcido con pelota. Aunque en el partido frente a la Cultu, sus dificultades ofensivas fueron más genuinas que producto de un plan que buscaba el mínimo riesgo.
De este modo, en fase defensiva, el Deportivo partía de un teórico 5-2-3 que mutaba. Yeremay y Eddahchouri se emparejaban con centrales y portero mientras Soriano era el encargado de defender al lateral izquierdo Hinojo.

Por su parte, Villares y Gragera ejercían como un doble pivote con asignación sobre el par de medios rivales, pero siempre en dos alturas: el mediocentro de zona de balón acudía a presionar y el contrario ‘soltaba’ a su par y se acercaba a la línea defensiva propia para auxiliar en caso de necesidad. Se trataba de mantener la cohesión entre las líneas, no estirarse demasiado y proteger a la defensa. No sobraba, pues Noubi tenía como pauta ‘saltar’ al mediapunta Selu Diallo y Quagliata también miraba hacia delante.
De hecho, las piernas y la interpretación del italiano y el sostén de Loureiro por detrás resultaban claves en el comportamiento defensivo en el sector izquierdo. Situado en intermedias entre el lateral —Víctor García— y el extremo —Rubén Sobrino—, el transalpino tenía controlados a ambos rivales. Se emparejaba con uno u otro en función de por dónde discurriese el juego del rival.

De atrás hacia delante
A través de esta estructura en la que los ‘saltos’ eran claves, el Deportivo fue capaz de condicionar y cortocircuitar la circulación del contrario.
El conjunto herculino no presionaba directamente, sino que permitía a su rival iniciar el juego en corto. Y una vez eso sucedía, empujaba. No iba a robar, sino a condicionar para luego anticipar. De atrás, hacia delante.
Si la Cultu circulaba hacia fuera, el Deportivo iba a morder. Si el contrario buscaba un pase progresivo hacia delante, lo mismo. A través de posicionarse bien junto y de un correcto escalonamiento e intercambio de marcas —si Quagliata iba hacia delante a por el lateral, Loureiro se emparejaba con el extremo—, el Dépor se sentía cómodo sin balón. Y así, acabó encontrando las vías hacia el gol que no lograba fabricar con el esférico en los pies.
De este modo, en el primer tanto, sus buenas distancias y activación tras pérdida derivó en un pase atrás de Thiago Ojeda hacia el central Rodri Suárez. Al capitán que no le quedó más remedio que retrasar hacia su portero, pues no disponía de soluciones cercanas por delante. Pero ahí estaba Zaka, en zona ciega para robar y anotar.

Mientras, el segundo gol surgió de esa correcta lectura de Quagliata, que fue capaz de ensuciar el pase diagonal hacia Sobrino. La pelota le cayó de nuevo a Ojeda, cercado por Yeremay, Villares y Mario. El futbolista cedido por el Villarreal buscó el pase hacia fuera a la desesperada y ahí se topó con el cuerpo amigo de Yayo. La carambola acabó en los pies de Zaka y la culminación de Soriano.
Candidez, toda la del mundo. Errores no forzados, por supuesto. Condicionamiento del Deportivo, también. Al igual que contra el Huesca.
Progresar con temor
Si el Deportivo recuperó una óptima versión de sí mismo en el trabajo defensivo en la primera mitad —salvo en alguna acción de descoordinación puntual—, mucho más le costó en fase ofensiva.
El conjunto herculino volvió a estructurarse en base a una salida de tres con Noubi, Comas y Loureiro por delante de Parreño y Gragera como pivote por delante. Mientras, Soriano, Villares y Yeremay se situaban en una altura superior. Cada uno partía con un rol concreto: Villares se centraba en estirar en profundidad, Soriano en aparecer al apoyo y Yeremay en caer a banda.
Con esos tres 'mediapuntas', el Deportivo tenía un doble objetivo: o bien fijar a la estructura de cuatro defensas más dos medios rivales para permitir el pase fuera, o bien ser receptores de ese envío por dentro.

El Dépor fue más tendiente a la segunda derivada, pues los centrales y Parreño no terminaron de encontrar ni al pivote, ni a ninguno de los tres futbolistas por dentro que completaban ese rombo en la altura superior.
Un día más, faltó paciencia y atrevimiento, pues la Cultural acudía a presionar con su punta y sus dos extremos sobre los tres centrales, mientras Selu Diallo vigilaba a Gragera. Quedaba un teórico tres para dos a favor del Deportivo con Villares, Yeremay y Soriano. Y aunque el madrileño se dedicó a ofrecerse de manera constante como el elemento sobre el que conectar para progresar, el equipo apenas se atrevió a encontrarle, ni siquiera cuando acudía a la zona libre a espaldas de los extremos rivales.
Así, las malas tomas de decisión fueron constantes en la primera mitad. Al Deportivo le entraba el vértigo a la pérdida cuando tocaba acelerar y lanzaba en largo —sin opción alguna a recolectar nada— cuando podía tener algo más de pausa.
Mientras, aunque el reparto de alturas era óptimo con la posición de Quagliata fijando para permitir a Yeremay recibir en banda izquierda, el canario la tenía demasiado alejado de las zonas de peligro y tampoco lograba hilar constantemente con Mario Soriano. La ausencia de remates en ataque posicional en la primera mitad confirmó esa escasísima fluidez del equipo.
José Ángel vertical
Todo cambió tras el descanso, en el que Hidalgo movió la estructura defensiva para trabajar a partir del 4-4-2, con Soriano pasando a la izquierda para encargarse del lateral García y Mella partiendo desde más arriba para vigilar a Hinojo y soltar al extremo Mboula, con el que pasó a emparejarse Noubi.

A partir de esa modificación, el Dépor minimizó sus escasas descoordinaciones. Aunque lo que verdaderamente le permitió dar el salto fue la entrada de José Ángel Jurado. Con el sevillano en la base, el equipo encontró la valentía para atraer la presión de la Cultural, pero sobre todo el pie para conectar con pases verticales. Consiguió el control y acabó matando el partido.
Yeremay y Mario comenzaron a recibir entre líneas. La Cultural se empezó a romper con cada presión ineficaz y la incorporación de Luismi Cruz, en la derecha pero con tendencia a centrarse, permitió al Deportivo sumar hasta cinco referencias muy móviles por dentro.

Quizá faltó un volumen de oportunidades más severo teniendo en cuenta la superioridad, pero el actual Deportivo necesitaba sentenciar sintiendo a la vez el control. Y lo consiguió de la mano de esa superioridad numérica que fabricó su juego interior y el veneno de Eddahchouri en área rival.





















