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Dépor

En vídeo | Radiografía de la última obra de arte de Yeremay que se fue al limbo por centímetros

El larguero le negó al canario otra pieza de coleccionista ante la Cultural después de una jugada y una vaselina de genio

Yeremay, en el momento de realizar la vaselina en el Deportivo-Cultural
Yeremay, en el momento de realizar la vaselina en el Deportivo-Cultural
PATRICIA G. FRAGA
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Como el Deportivo, Yeremay continúa tratando de encontrar esa mejor versión de sí mismo que le permita sostener con continuidad un nivel genial que se traduzca en victorias colectivas y reconocimiento individual. Por el camino, y también como el Deportivo, el mago canario sigue dejando acciones asombrosas que le hacen ganar tiempo y mantener la confianza a la espera de encontrar el punto óptimo de forma. Frente a la Cultural Leonesa, el equipo blanquiazul logró un importante triunfo, mientras que el ‘10’ dejó otra pieza de museo que solo se caerá de su colección por unos centímetros. Concretamente, los que tiene el larguero para negarle a Riazor otro gol antológico.

Habían pasado pocos minutos desde la reanudación, pero el partido ya era otro. La entrada de José Ángel había desatado al cuadro deportivista, que salió del vestuario dispuesto a mandar de verdad. A tener la pelota con intención, a ponerla en los pies de sus mejores jugadores y no pedirles que la ganasen primero con la cabeza o a la carrera. En uno de esos pases que, además de acierto requieren atrevimiento, Jurado entendió el amago de Yeremay para hacerse espacio a espaldas de Yayo, uno de los mediocentros visitantes. La mesa ya estaba puesta. Con un control orientado fue capaz de irse de su par y esquivar también a Mario Soriano, que rondaba la zona para darle una opción más al andaluz.

El atacante blanquiazul enfiló entonces la portería con un gran abanico de posibilidades por delante. Soriano lo acompañaba en la carrera a su altura. Por delante, Quagliata abría en la izquierda, Eddahchouri mantenía la atención de uno de los centrales y Villares arrastraba al lateral zurdo, lo que dibujó una autopista sin peaje para la entrada de David Mella en el carril diestro. Seis contra cuatro para evidenciar también que el Dépor se había dejado los miedos y la prudencia en el vestuario.

Una chistera inagotable

Deberían saberlo ya, pero es probable que después de lo de la semana pasada en Zaragoza y lo de Riazor ante la Cultural, ningún rival vuelva a sentir alivio al creer que le ha cerrado todas las opciones a Yeremay. Básicamente porque Yeremay siempre se guarda una opción. Esa llave maestra que no solo abre todas las puertas, sino que le permite dibujar otra en caso de que se le agoten las salidas.

Así han sido las últimas lecciones del canario. La temporada pasada ante el Albacete tiró dos años en su eslalon hacia el área manchega. No había sitio a donde ir. Salvo para él. Se hizo un mínimo hueco con la derecha y le pegó con la zurda de forma violenta para clavar el balón en la escuadra de Pabellón. Seguro que igual de confiado se sintió Chirino hace unas semanas cuando el Almería tenía ventaja en el marcador jugando a domicilio en suelo coruñés. Yeremay corría a la contra, pero la ventaja era aparentemente nula. No necesitó apenas medio regate. Derechazo desde el pico del área para quitar de nuevo las telarañas, en este caso de la portería de Marathón. Un trabajo impagable el chico del Polvorín, también en tareas de mantenimiento.

Con estos flashes en la cabeza intentó salir al paso Barzic. Como quien se planta resignado sabiendo que nunca podrá contener la imparable subida de la marea. Necesitó Yeremay un amago. Un paso hacia la derecha que dejó clavado al central de la Cultural y le ofreció al canario dos alternativas. La de cubrir expediente, la que le pedirían todos los entrenadores por ser la correcta, que era regalarle el gol a Mella, que para entonces ya estaba solo en el área ante todas las miradas que atraía la estética carrera del ‘10’, o la de genio. Por supuesto, la jugada era demasiado golosa como para tratar de no ponerle firma propia. 

En una acción que ya ha intentado en más de una ocasión desde que llegó al primer equipo del Dépor, Yere amagó un nuevo disparo potente y deslizó con suavidad el pie acariciando la redonda con el tacto de los elegidos. Edgar Badía se dio cuenta en el momento de que ya estaba batido y durante un segundo no le quedó otra que rezar mientras adornaba la obra de arte con una estirada tan canónica como irrelevante. Lo salvó el larguero. El mismo larguero que mandó al limbo una nueva genialidad de una estrella blanquiazul que sigue empeñado en ampliar su museo particular semana tras semana. De momento entre la colección no tiene una vaselina, pero sería imprudente pensar que no acabará esculpiendo una. Porque como sabían otros y desde el sábado también Barzic, es inútil tratar de ponerle puertas al talento.

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