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Dépor 3-0 Cultural

La crónica | El Deportivo sigue ganando tiempo (3-0)

Victoria contundente del equipo blanquiazul ante una inocente Cultural

Mario Soriano celebra su gol en el Deportivo-Cultural
Mario Soriano celebra su gol en el Deportivo-Cultural | GERMÁN BARREIROS
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Consolida el Deportivo su recuperación en una de esas victorias en las que más que un adversario, por Riazor pasó un inocente huésped (3-0). El conjunto blanquiazul no desaprovechó la bisoñez de una Cultural que llegaba en buena dinámica tras la llegada de Ziganda, pero al que el estadio herculino se le hizo una montaña demasiado alta. Gana tiempo el Dépor, que duerme en ascenso directo a falta de lo que suceda el domingo.

Después del doble triunfo de la semana pasada ante el Sámano y el Zaragoza, y las palabras quedaban por zanjada la crisis por parte de jugadores y entrenador, había expectación por ver cómo hablaría el equipo sobre el verde. Hidalgo respaldó sus palabras con hechos repitiendo once y el equipo mostró una leve mejoría de inicio, aunque lejos de ser significativa, no dejaba de dar la sensación de que la herida que empezó a cerrarse en esa miniconcentración lejos de casa todavía supura.

Fue ahí donde el fútbol empezó a darle la razón a todos aquellos que creen que el calendario sí importa. Que eso de ‘hay que jugar contra todos’ es una de esas expresiones que podrían venderse bien como lema de una taza, pero que en la vida real se sostiene de forma tan débil como las piernas de los jugadores de la Cultural cada vez que recibían la presión de la grada, y de Villares, cuando le llegaba el balón en campo propio.

Sin apenas haber encadenado un par de pases ni haber acosado un mínimo a Edgar Badía, el Dépor se encontró a la media hora ganando por 2-0 gracias a dos regalos del cuadro visitante, tan huérfano de juego como de veneno ante las ausencias de los Bicho, Chacón y compañía. Aunque lo que no se esperaba el portero catalán era tener que ocuparse también del fuego amigo. Primero fue Rodri Suárez el que habilitó a Eddahchouri con un negligente pase atrás. El punta neerlandés se reencontró con el gol  casi dos meses después tras driblar al arquero. Todavía más dantesco fue el segundo, que también tuvo a Zaka como colaborador necesario. Lo que pretendía ser un cambio de orientación de Ojeda se convirtió en una contra letal después de que el balón rebotara en un compañero. El máximo artillero deportivista asistió para que Mario Soriano marcara de nuevo con un gran disparo cruzado.

Parecían no creérselo los futbolistas de Hidalgo, que aprovecharon el tramo final de la primera parte para recuperar sensaciones con la pelota. Defenderse con ella. Volver a sentir que pueden ser un equipo que controle lo que pasa en los encuentros. No salió demasiado bien. En lugar de eso, la Cultural se fue a vestuarios con la sensación de que si daba un paso adelante todavía tendría algo que decir en el encuentro. Diallo dejó un aviso con un remate alto cuando tenía todo a favor desde el punto de penalti.

José Ángel tenía el plano

El segundo tiempo empezó con lo que parecía iba a ser una mala noticia, pero acabó convirtiéndose en, quién sabe, una que quizá solucione gran parte de los problemas recientes del cuadro coruñés. Gragera se retiró tocado y con la bota en la mano al descanso y no pudo continuar. En su lugar salió José Ángel, que además del calentamiento, debió pasarse el tiempo de intermedio estudiando el manual de instrucciones del encuentro.

De repente, el Dépor se dio cuenta de que podía tener el balón. De que no era necesario buscar continuamente aventuras en largo. Jurado estaba en todas partes. Primero ofreciendo líneas de pase, después recibiendo y activando al instante a Mario Soriano. Uno más uno, pero para multiplicar.

Empezaron a llegar las ocasiones, incluido el último intento de Yeremay de añadir una nueva obra de arte a su colección. José Ángel encontró al canario entre líneas, donde arrancó una de esas diagonales marca de la casa. Como en Zaragoza, parecía quedarse sin espacio, hasta que se sacó de su interminable chistera una vaselina que se estrelló en el larguero.

Para entonces la Cultural ya había mostrado la bandera blanca. El ritmo de circulación deportivista no le permitía otra cosa que perseguir sombras. Cada intento de presión quedó desactivado. Solo faltaba un detonador. Lo encontró Hidalgo en el banquillo. Dejar a Luismi Cruz como recurso para segundas partes es un lujo. Pero lejos de tomarlo a mal, el andaluz está aprovechando cada minuto para demostrar que está para lo que sea. En una de esas veces que el rival se cansó de perseguir la pelota, el zurdo aceleró y se fue hacia la portería con decisión para atraer atención y dejar solo a Eddahchouri, que cerró la goleada con un buen remate cruzado.

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