El hijo pródigo de Ipurua, próxima amenaza para el Dépor
Magunazelaia es el primer eibarrés en vestir la camiseta azulgrana en diez años y ya es el referente ofensivo del equipo armero

Jon Magunazelaia (Eibar, 2001) es el regreso de una historia que llevaba demasiado tiempo sin escribirse en Ipurua. Han pasado diez años desde que Jon Errasti fuera el último futbolista nacido en Eibar en vestir la camiseta azulgrana. Desde entonces, ninguna generación de niños de la plaza de Untzaga había encontrado en el primer equipo un espejo directo. Hasta este verano, cuando el club apostó por el regreso del atacante que un día se marchó a Zubieta para crecer en la cantera de la Real Sociedad y que ahora, con 24 años, es el ídolo que los eibarreses necesitaban.
Magunazelaia, que se mide al Dépor en esta jornada, salió de la cantera armera en 2016, jugó en todas las posiciones del ataque en las categorías inferiores de la Real y llegó a debutar con el primer equipo donostiarra en Primera, en Copa, en Europa League y en la Champions. Incluso tuvo un estreno algo peculiar. Primero en Europa, contra el Omonia Nicosia, y tres días después en Liga frente al Betis. También sabe lo que es jugar en San Siro, en un empate ante el Inter (0-0). Sin embargo, la puerta de la élite se le ha cerrado, por el momento. Imanol Alguacil le utilizaba sobre todo como revulsivo, por su intensidad en la presión, su golpeo y su capacidad para recorrer metros, pero no terminó de consolidarse. La pasada campaña vivió una cesión irregular en el Córdoba y el verano apuntaba a decisivo.
Es como si nunca me hubiera ido
El giro llegó casi por sorpresa. “Justo estaba en Grecia de vacaciones cuando me llamaron”, recordó él mismo en una entrevista reciente. Y lo tuvo claro, quería volver a casa. Firmó por tres temporadas y se convirtió en el primer eibarrés en una década en la plantilla. “He estado muchos años fuera, pero esta es mi casa y siempre lo he sentido así. Es como si nunca me hubiera ido”, confesó.
El aterrizaje ha sido inmejorable. De hecho, ha caído de pie en Ipurua. Ya en agosto fue elegido MVP del mes y desde la primera jornada empezó a conectar con la grada. Contra el Granada regaló una exhibición con despliegue físico, calidad en tres cuartos y visión de juego. Hizo de todo y todo lo hizo bien. A partir de ahí, recital tras recital, sobre todo en Ipurua. Frente al Andorra provocó un penalti, completó cinco regates, dio tres pases clave y recibió una sonora ovación cuando fue sustituido. Y el pasado fin de semana ante la Real B volvió a ser importante en un duelo especial por su pasado txuri-urdin.
Magunazelaia es un atacante difícil de encasillar. Puede jugar en cualquier posición del ataque, aunque en el Eibar se ha asentado como segundo punta. Se asocia con criterio y aparece al espacio con naturalidad. Tiene un golpeo potente con ambas piernas y un despliegue físico inagotable. “Para mí estar en el Eibar y jugar en Ipurua ante mi gente es un sueño y todo un reto. Mi familia está feliz de tenerme aquí, pero también es una gran responsabilidad que hay que gestionar bien. A ver si abro el camino para otros eibarreses”, señaló en una entrevista al Diario Vasco.
En su primer regreso a Ipurua con la camiseta del Córdoba ya había dejado huella. Ahora, con la azulgrana, sus amigos y familiares le siguen desde la grada con pancartas que reflejan el orgullo del pueblo: “Al terminar el partido empiezas a ver ojos y todos son conocidos. Es muy bonito”.
El Eibar, que llevaba una década sin contar con un jugador de la casa, ha encontrado en Magunazelaia más que un símbolo. Es presente y futuro. El niño de Untzaga que se marchó para cumplir el sueño de debutar en Europa y que ahora ha vuelto para convertirse en referente en el equipo de su tierra.












