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Dépor

El Dépor alcanza la velocidad de crucero sin anclas

El equipo se reinventa ante las ausencias de Gragera y José Ángel con Villares y Mario Soriano rindiendo de mediocentros

José Ángel y Gragera, charlando en el palco de Riazor durante el Deportivo-Huesca
José Ángel y Gragera, charlando en el palco de Riazor durante el Deportivo-Huesca
Quintana
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Decía Franz Beckenbauer que el mediocampo es “como el corazón de un equipo” porque “si no late bien, nada funciona”. Dando por buena la comparativa de la histórica figura del fútbol mundial -que de defender y organizar el juego ofensivo sabía un rato-, el Deportivo de este principio de temporada debe de disponer de un órgano central robusto, capaz de marcar el latido corporal con matemática cadencia y poderoso vigor. Porque el cuadro herculino es, por lo visto en el mes y medio inicial de competición, un equipo lozano. Y parte de esa exuberante imagen se la debe, sí o también, a su centro del campo.

Si durante el verano cualquiera hubiese proyectado a un Dépor que a estas alturas de liga funcionase como un reloj en cuanto a solvencia, solidez y estabilidad, probablemente vincularía una importante cuota de responsabilidad en estas lides a la figura de José Gragera

La del mediocentro era de una de las zonas que los responsables del primer equipo del Deportivo tenían subrayada en rojo para reforzar. Con José Ángel Jurado como único pivote posicional puro convaleciente tras su operación de pubalgia, urgía dar a Antonio Hidalgo un ‘6’ tan contrastado como fiable. No solo para aumentar la competencia interna, sino también para solucionar la ausencia relativamente indefinida del andaluz.

“Era un perfil que necesitábamos. Un mediocentro con piernas, que tácticamente sea bueno y nos aporte solidez”, apuntaba el técnico en pretemporada sobre el gijonés. Hidalgo estaba encantado con Gragera. El canterano sportinguista llegaba con caché de Primera División procedente del Espanyol, pero con el asterisco de no haber jugado en los últimos nueve meses por una lesión en el dedo del pie que se complicó.

Pese a la inactividad, el preparador catalán no dudó en darle las llaves del equipo desde el primer día. No jugó contra el Watford unas horas después de aterrizar en Inglaterra para unirse al ‘stage’ británico. Pero fue ya titular en el segundo encuentro de la gira por las islas, contra el Middlesbrough. Y no se bajó del once en los últimos dos partidos preparatorios, frente a Oviedo y Le Havre.

Sabía el entrenador blanquiazul que en campo contrario disponía de talento para desequilibrar cualquier partido, pero precisamente buscaba a alguien que fuese capaz de contraponer ese peso ofensivo para que no fuese el propio Deportivo el que acabase por los suelos. Y esa pieza era Gragera, del que más allá de sus buenas capacidades con pelota para ayudar en los primeros pases de la ofensiva y su necesario carácter, valoraba su interpretación para situarse en la posición adecuada siempre y sus dotes ejerciendo de cortafuegos.

Así, con José Ángel recuperado de la intervención de pubalgia pero sufriendo su vuelta a la actividad con el rendimiento como meta en forma de lesión muscular en el muslo, Gragera reafirmó su papel de la pretemporada y, en los primeros partidos oficiales, se convirtió en la bisagra sobre la que pivotaba todo el equipo.

El asturiano lo jugó todo en el triunfo en Granada (1-3), ejerciendo de guardaespaldas de un Villares que se soltaba para ser el diferente y pedir el balón al espacio mientras el resto lo exigía al pie. También repitió contra el Burgos, de nuevo con el capitán cerca, pero a la vez lejos, y con Mario Soriano y Yeremay por delante. Y entró como titular de nuevo en el tercer encuentro en Leganés, hasta que fue sustituido en el descanso con el equipo buscando la remontada que finalmente llegó.

Toca reinventarse

Esos minutos finales del acto inicial en Butarque fueron los últimos de Gragera hasta la fecha. El mediocentro detectó molestias en su pierna izquierda y las pruebas médicas arrojaron una lesión en el bíceps femoral. Esa rotura muscular le mantiene todavía apartado de la dinámica de un equipo que, con su baja y la prolongada ausencia de Jurado, amenazaba con perder el amarre en su centro del campo.

El exentrenador del Huesca ya había probado a Villares como pivote posicional en pretemporada y ha vuelto a esa idea. Primero, contra el Sporting, con Charlie Patiño al lado en un doble mediocentro en el que ambos se intercambiaban alturas. Ninguno de los dos terminaba de estar más fijo en la base y ninguno terminaba de soltarse del todo hacia delante a costa de dejar al otro solo. No fue casualidad que en ese duelo Villares registrase su mayor número de pases en la temporada (55) y su menor número de recuperaciones en la mitad adversaria (2).

El experimento no salió del todo mal, pero ante el Mirandés, Hidalgo le dio una nueva vuelta de tuerca a su plan: Villares como pivote único, con Mario Soriano y Luismi Cruz como interiores. El cuadro herculino fluyó con balón en un primer tiempo que, como mínimo, rozó el sobresaliente y sentenció en la segunda mitad.

Pero el staff técnico blanquiazul siempre matiza el plan en función de las características del rival. Y contra el Huesca, volvió a diseñar un doble pivote con dos mediocentros relativamente posicionales que, en su ADN tienen poco de ello. En el primer tiempo, a Villares le acompañó más cerca que nunca Mario Soriano

Entre el ‘8’ y el ‘21’ se encargaron de aclarar las jugadas cada vez que el Dépor quería progresar en corto. Y a la vez, se coordinaron para ejercer de pegamento defensivo. Difícil recordar a un Soriano tan pendiente de iniciar el juego y alejado de la zona de tres cuartos en la que se mueve casi siempre de manera indetectable para sus rivales. El Mario más enfocado a hacer jugar a sus compañeros que a jugar a espaldas del centro del campo rival. 

Ya tras el descanso, el Deportivo contó con Luismi Cruz, primero, y con Stoichkov, después, en la misma línea media para terminar de cimentar la segunda goleada consecutiva.

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Villares, en un encuentro de esta temporada 

“Lo que me pide Hidalgo es dar esa libertad a Mario. Él es más mediapunta y yo me encargo de sostener y dar equilibrio al equipo por delante de esa línea defensiva”, apuntaba Villares en la mañana de este miércoles, preguntado por esta nueva función.

Si Mario se adaptó al puesto de mediocentro más puro el pasado viernes en Riazor, el llegador Villares también juega contenido en pos del beneficio colectivo. Pero, enseñando una vez más esa adaptabilidad que le ha permitido superar obstáculos en su carrera como si nada, rinde como si llevase ejerciendo de sostén toda la vida en el fútbol profesional.

Por eso un equipo que parecía que iba a echar de menos a sus anclas ha logrado encontrar la forma de navegar imperturbable a las olas y a toda velocidad. Gragera sigue convaleciente y José Ángel está cerca de volver. Pero mientras el jefe de control gijonés y el metrónomo del pasado curso no terminan de regresar, el Deportivo no se sale del camino para continuar viento en popa a toda vela.

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