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Dépor Femenino

La crónica | La dignidad del Dépor impide al Barça arrasar en Riazor (0-2)

El conjunto blanquiazul hizo un ejercicio de resistencia que duró hasta el minuto 66

Marisa conduce el esférico ante Paredes en el encuentro entre Deportivo y Barcelona
Marisa conduce el esférico ante Paredes en el encuentro entre Deportivo y Barcelona
Quintana
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No era sencillo. Porque hay pocos equipos que logran mantener la dignidad intacta después de medirse al Barcelona. Pero el Deportivo lo consiguió en Riazor. A pesar de la derrota (0-2), el conjunto dirigido por Fran Alonso obligó al líder de la Liga F a apretar las tuercas para llevarse los tres puntos de A Coruña. Y la afición deportivista pudo abandonar el estadio con el orgullo de ver a sus jugadoras defender el escudo con uñas y dientes.

El guion estaba escrito. Tal y como ocurre en todos los encuentros que disputa el Barcelona. Los tres puntos parten del casillero blaugrana. Y esta vez le tocaba al Deportivo apretar los dientes para intentar cambiar eso. O, como mínimo, ser capaces de salir de Riazor con la cabeza bien alta.

No tardó el equipo catalán en hundir a las blanquiazules. Pero poco quedaba de aquella imagen que el conjunto coruñés mostró en la primera vuelta con el Johan Cruyff como escenario. El Dépor, con su afición como respaldo, se liberó de cualquier complejo de inferioridad. Ni siquiera la presión del Barça le hizo renunciar a su idea: salir con el balón jugado, construir desde la paciencia y pisar campo rival con el esférico controlado.

No había mayor aliento para las blanquiazules que tener la redonda en sus botas. El ritmo de las culés somete a cualquier equipo a un estrés mental que solo se puede combatir con posesiones que permitan tomar aliento. Y a eso se dedicó la escuadra dirigida por Fran Alonso, a bajar pulsaciones y obligar al Barça a jugar a una velocidad menor. 

El plan estaba claro. Organización y rigor táctico a la hora de defender y calma en ataque. Desde ahí, el Deportivo creó hasta tres ocasiones de gol en apenas 20 minutos: un tiro de Ainhoa a las manos de Gemma, una falta al borde del área que Lucía Martínez aprovechó para disparar y una internada de Samara que a punto estuvo de acabar con el remate de Marisa.

Sobre las áreas técnicas se vivía un contraste de emociones. Mientras Fran Alonso se vaciaba dando instrucciones, animando y aplaudiendo a sus jugadoras, Pere Romeu contemplaba el partido con las manos en los bolsillos, sin apenas sobresaltos y ofreciendo alguna que otra directriz. La tranquilidad de un hombre que, si giraba la cabeza, podía ver en su banquillo a Alexia, Pajor, Kika, Graham, Pina o Vicky.

Ocho goles había recibido el Deportivo en la jornada 10 en la primera mitad ante el mismo rival. Ocho que pasaron a ser cero en cuestión de cuatro meses. Y aunque por delante quedaba todavía un mundo y parte de otro, el equipo herculino le demostró al Barça que para llevarse los puntos de Riazor hay que sudar la gota gorda.

Tras el descanso, saltaron a calentar Alexia, Graham y Pajor. Casi nada. Mientras, el conjunto herculino trataba de sobrevivir al primer arreón blaugrana. Inês, que ya había firmado buenas intervenciones en el primer acto, mantenía con vida a un Deportivo que ya se iba haciendo una idea del sufrimiento que quedaba por delante.

El vendaval azulgrana cogió cada vez más fuerza. Y para rematar, Pere Romeu dio entrada a tres de las futbolistas más desequilibrantes del mundo. A las blanquiazules no les quedó otra que buscar alguna transición que les permitiese pisar campo rival, pero la contundencia de Paredes y Batlle les negó tal cosa.

Más ritmo, más goles

El Barça le metió una marcha más y comenzó a descoser a un Deportivo que cruzaba los dedos a falta de media hora para el final. Porque cuando la escuadra culé le mete ritmo al asunto, poco hay que hacer más que eso. El palo, Inês y la falta de precisión de las visitantes era lo único que permitía que el marcador siguiese sin moverse. Hasta que Marta Torrejón lo cambió todo. No fue la ocasión más clara, pero sí la que más hizo dudar a la defensa del equipo coruñés. 66 minutos duró el ejercicio de resistencia; más de lo que muchas hubieran imaginado, pero menos de lo que al Dépor le gustaría.

El Barcelona no levantó el pie del acelerador, pero el conjunto blanquiazul no bajó los brazos. Ni aun así pudo frenar a una Alexia que entró con el gol entre ceja y ceja y que lo terminó consiguiendo a diez minutos del final. El último de un partido más que digno del Deportivo, que sirve para mantener las buenas sensaciones de 2026. 

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