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Cantera

La crónica | El Dépor se queda a las puertas de la final de Copa con el pecho lleno de orgullo (3-2)

Un gol de Fofana en la prórroga sirvió al Barcelona para apear al conjunto coruñés

Samu Fernández pugna con Kourouma en el encuentro entre Barcelona y Deportivo de la Copa del Rey Juvenil
Samu Fernández pugna con Kourouma en el encuentro entre Barcelona y Deportivo de la Copa del Rey Juvenil
RFEF
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El rigor táctico, la organización sobre el verde del Anxo Carro y los goles de Pablo García y Xabi Campos no fueron suficientes para un Dépor que puso contra las cuerdas al Barcelona (3-2). Si ya el hecho de estar un año más entre las mejores canteras de España era motivo de orgullo para el deportivismo, la forma de competir no fue para menos. El conjunto herculino dijo adiós a la Copa del Rey Juvenil, pero dejó claro que Abegondo es sinónimo de talento.

El líder del Grupo 3, una plantilla llena de jugadores llamados a ser futuras estrellas mundiales y un equipo que todavía no conoce la derrota en la presente temporada. Ese fue el rival de un Deportivo que se plantó en el Anxo Carro con poco que perder y mucho que ganar. Porque el conjunto dirigido por Miguel Figueira ya ha demostrado desparpajo y buen hacer tanto en División de Honor como en el camino copero.

Ni Mauro Valeiro ni Guille Pastoriza. Dos fijos en el esquema del Deportivo, dos bajas de peso. El primero, por su citación con la selección española sub-17; el segundo, por sanción tras ver la tarjeta roja en los cuartos de final. Sí estuvieron como refuerzos de lujo Samu Fernández y Pablo García, habituales con el Fabril, ambos titulares.

No tardó el envite en convertirse en un pulso por llevarse el encuentro a su terreno. El problema, tanto para el Barcelona como para el Deportivo, es que en el guion de los dos equipos estaba escrito lo mismo: controlar con la posesión, salir con el balón jugado y sin demasiado riesgo. El resultado no fue otro que una pugna concentrada en el centro del campo.

La paciencia la puso el Barça, pero el Dépor, bien plantado, no dio pie a que ocurriesen demasiadas cosas. Quién les iba a decir a los blanquiazules, acostumbrados a tener el balón en sus botas, que sin él iban a mantener a raya a una escuadra capaz de someter a cualquiera. El intentar no equivocarse se convirtió en el principal aliado de Iker Rodríguez y Rodrigo Leiva, dos porteros que pasaron a ser espectadores dado el nulo acercamiento a sus áreas.

No había pasado mucho y, cumplida la media hora de juego, el conjunto herculino se apuntó la primera ocasión con un disparo mordido de Álvaro Fraga y el catalán se vio obligado a hacer un cambio por lesión. Pedro Rodríguez se marchó tras notar molestias y en su lugar entró un Quim Junyent que ya ha disputado seis partidos con el Barça Atlètic.

Primer mazazo

Lejos de sentarle mal esas dos acciones que podrían decantar la balanza hacia el lado blanquiazul, el Barça dio el primer mazazo. Qué hipocresía que el conjunto culé, habituado a tocar y tocar, abriese el marcador con un gol que nació del juego directo. De portería a portería. Iker Fernández, como si fuese un mediocentro, firmó una asistencia medida para su extremo. Primero falló Vergara en el despeje, después lo hizo Rodrigo en la salida y Álex González no perdonó.

Un partido cerrado, fruto del respeto mutuo, se abrió de la forma menos esperada. Y al Dépor no le quedó otra que dar un paso adelante en ataque. Los blanquiazules se apuntaron dos ocasiones que, aunque no valieron para marcharse al descanso con tablas, quizás sirvieron para que el equipo coruñés confiase en su poder ofensivo.

El gol en contra no cambió demasiado los planes de Miguel Figueira y el cuadro herculino mantuvo la misma hoja de ruta. Organizados sin balón para reducir el potencial ofensivo del Barça y pacientes con él para pisar campo rival con seguridad. Y aunque el guion era el mismo, el técnico de Mazaricos intentó acercarse al gol con la entrada de Leandro Altieri, Nico Ruiz y David Fernández.

Toma y daca goleador

Cuando más desbordado estaba el Barcelona por el empuje del Dépor y sin que ninguno de los tres cambios tuviese tiempo a influir de forma directa en el partido, Pablo García decidió demostrar por qué es una de las joyas de Abegondo. Dribló a su par y, sin apenas ángulo, disparó para devolver el empate al electrónico.

Estaban asentados los pupilos de Miguel Figueira cuando volvió a golpear el Barcelona. Fofana remató sin oposición en el área pequeña después de que Guillem Víctor se colase en la zona de peligro con una gran jugada individual. Y obligó al Deportivo a remar. Otra vez.

A raíz del tanto, los blaugranas cerraron filas ante la insistencia blanquiazul por tener más llegada. Y Xabi Campos se encargó de tirar abajo el muro catalán con un disparo cruzado desde fuera del área que devolvió la ilusión al conjunto gallego. Y la fuerza. Porque a raíz del empate, le metió una marcha más al asunto.

En la orilla

En una prórroga que suele convertirse en una batalla a campo abierto, el Dépor supo manejar los tiempos. Esa paciencia que había invadido al Barça en la primera mitad se cambió de bando. La igualdad volvió a ser máxima y, si antes el respeto al fallo era grande, en la última media hora creció de forma exponencial. Sobre todo porque el margen para remendar un posible error ya era mínimo.

El desgaste comenzó a hacer mella y, a pesar de que los blanquiazules parecían más enteros, fue Fofana el autor del gol que todos querían firmar. Conectó un remate de cabeza que terminó colándose entre las piernas de Rodrigo Leiva. Y con él, murió el sueño copero del Deportivo. Con el pecho lleno de orgullo.

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