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Deportivo

Charlie Patiño regresa a la casilla de salida

Solo ha sido titular en ocho encuentros de Liga en sus dos primeras temporadas en el Dépor y  ahora debe convencer a Hidalgo de que tiene un hueco en la plantilla

Patiño conduce el balón durante el partido contra el Granada en Riazor
Patiño conduce el balón durante el partido contra el Granada en Riazor
Carlota Blanco
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En el verano de 2024, con el Dépor recién ascendido a Segunda, Charlie Patiño aterrizaba en A Coruña como uno de los fichajes más ilusionantes del proyecto blanquiazul. El inglés con raíces gallegas iba a cumplir el sueño de jugar en un equipo al que seguía desde su infancia, y llegaba para ser una de las referencias del centro del campo de la escuadra herculina. Su clase y elegancia a la hora de desplazar el balón, unido a su experiencia en el fútbol británico, le avalaban. Toda una promesa cuyo futuro pintaba tan brillante como blanquiazul. Sin embargo, la realidad fue bien diferente. Tras dos años en el club, Patiño solo ha dejado pequeños destellos de un potencial que no ha acabado de emerger.

Con once años, Patiño llegó a la cantera del Arsenal, uno de los grandes trasatlánticos del fútbol inglés. Tras crecer en la cantera de los ‘gunners’, llega a debutar con el primer equipo en diciembre de 2021. Disputa el tramo final de un encuentro con el Sunderland en la EFL Cup, y consigue anotar un gol. En las dos campañas previas a su traspaso al Deportivo estuvo cedido en el Blackpool y en el conjunto galés del Swansea City, en donde respondió a las expectativas y se convirtió en una de las grandes promesas del fútbol británico. De hecho, parecía un fichaje fuera del alcance de un equipo recién ascendido a la Segunda División española, como era en aquel momento el Dépor. Pero su contratación llegó a buen puerto.

Difícil adaptación

Una vez en A Coruña, la adaptación no le resultó sencilla, y eso afectó de manera evidente a su rendimiento. Le costó aclimatarse y sus dificultades con el idioma tampoco ayudaron. En su primera campaña no alcanzó ni siquiera la barrera de los 300 minutos disputados. Su presencia en encuentros de Liga se limitó a siete apariciones, con solo tres partidos disputados como titular. El primero de ellos fue en Valencia ante el Levante, un choque en el que evidenció que su falta de ritmo era notable. Todos aquellos que no comprendían su suplencia en los primeros encuentros del campeonato obtuvieron en ese choque la respuesta.

Con el avance de la temporada, las cosas no mejoraron. Firmó una segunda vuelta prácticamente en blanco, lastrado por diferentes problemas físicas. Se llegó a especular con una posible salida en el mercado invernal, que finalmente no se produjo. Patiño se quedó. Y en la pretemporada de su segundo curso en A Coruña volvía la esperanza.

Y es que Patiño, ya más adaptado y con la ventaja de poder realizar la precampaña desde el inicio como uno más de la plantilla, empezó a destacar y a mostrar aquellas cualidades por las que se le había fichado. En los duelos amistosos estivales creció, y la afición de Riazor se frotaba las manos. Patiño, con un año de retraso, había llegado de verdad al Dépor.

Nueva decepción

Sin embargo, cuando llegó el comienzo de la temporada oficial, tampoco esta vez respondió a las expectativas. Sus números mejoraron, eso sí, de forma clara. En su segunda temporada en A Coruña, participó en 28 partidos, aunque solo fue titular en cinco de ellos. Le perjudicó el exceso de futbolistas en la medular del Dépor. En esa zona del campo, Hidalgo contaba también con Villares, José Ángel, Gragera y el fichaje invernal Riki. Además, Mario Soriano jugó muchos partidos en una posición del campo más retrasada de lo esperado, y en el tramo final de la campaña también irrumpió con fuerza el canterano Noé Carrillo. Demasiada competencia para un Patiño que no acabó de encontrar su lugar.

Además, para su desgracia, su temporada quedará marcada por un clamoroso error que cometió en el encuentro disputado ante el Huesca en El Alcoraz. Era la jornada 35, y el campeonato liguero entraba en su fase decisiva, con el ascenso en juego para el Dépor. Tras un duelo cerrado y poco vistoso, Luismi Cruz conseguía adelantar a los coruñeses en el minuto 73 de juego. Tocaba conservar esa victoria clave a domicilio como oro en paño.

En el minuto 81, Patiño entraba al césped en lugar del goleador Luismi. Nada más pisar el césped, Patiño perdió un par de balones en el centro del campo que dejaban claro que no era su mejor día y que no había sido capaz de conectar con el ritmo y la tensión necesarias para ese encuentro.

Pero lo peor estaba por llegar. En el minuto noventa, con la victoria casi en la maleta de regreso a A Coruña, Patiño se encontró en clara ventaja con un rechace en el área del Dépor. Sin embargo, en una acción para olvidar, intentó controlar el balón con tanta lentitud que Carrillo se aprovechó de su falta de contundencia para marcar el empate. Patiño quedaba retratado en una de esas acciones que ningún futbolista quiere protagonizar.

Tras esa acción, su presencia en el tramo final de campaña fue testimonial. Llegó a pedir perdón en la celebración del ascenso en María Pita por aquella acción. “Fallé fuerte”, reconoció ante una afición eufórica que apreció su humildad.

Ahora, Patiño tiene por delante una nueva pretemporada, la tercera en A Coruña. Al igual que en las dos anteriores, deberá convencer a Antonio Hidalgo de que tiene sitio en la plantilla, aunque la exigencia es mayor con el equipo en Primera. Además, en su posición habrá refuerzos. A su favor juega su talento, del que Riazor solo disfrutó a cuentagotas.

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