Ricardo A. López “Richi”: “Llegué a temer por la existencia del Deportivo”
El aficionado que pasó a la historia por una imagen viral (del Dépor "en Primera, en Segunda o en Tercera") revive con DXT Campeón aquel momento icónico

Aunque han pasado ocho temporadas y una larga travesía del Deportivo lejos de la máxima categoría del fútbol español, hay una imagen que se viralizó en el momento del descenso ante el Barcelona gracias a un vídeo del programa ‘El día después’ y que ya forma parte de la memoria colectiva blanquiazul.
Era 2018 y el Deportivo descendía al perder contra el equipo culé en Riazor. Minutos después del final del partido, un aficionado blanquiazul hace un gesto a una cámara de televisión. El mensaje era claro: siempre del Dépor “en Primera, en Segunda o en Tercera”, señalándose el escudo de un club que vivía uno de los peores momentos de su historia.
Ese aficionado es Ricardo Andrés López, un ingeniero agrónomo de A Coruña al que toda su gente llama ‘Richi’ y que, a sus 26 años, se encontraba en la plenitud de su juventud. Ahora, con 34, rememora para DXT Campeón aquel momento.
¿Qué recuerda del día de aquella imagen ya icónica para el deportivismo?
Fue en 2018, en el partido contra el Barcelona, cuando descendimos de Primera por última vez. Evidentemente, era un momento muy triste para mi, como supongo que lo fue para todo el deportivismo.
En aquel momento, el Dépor descendía a Segunda, pero usted ya indicaba con su gesto que seguiría siendo del Dépor también en Tercera si fuese necesario. ¿Ya se temía lo peor?
La verdad es que en aquel momento fue algo que no lo pensé (risas). Es un gesto que me salió del corazón. Coincidió además que estaba solo, y vi que había una cámara y lo hice de la manera en la que me salió de dentro. Todos mis amigos me dicen siempre que menos mal que me quedé en tercera y no hice también el gesto del cuatro, porque entonces se temen que hubiésemos bajado aún más y que hubiésemos jugado en Segunda RFEF.
¿Cumplió su promesa y se mantuvo siguiendo al equipo todos estos años?
Claro que me mantuve. Siempre digo que ser del Dépor es algo que se lleva muy adentro. A los chicos que son más jóvenes siempre les recuerdo que se aprende mucho más en las derrotas que en las victorias. Sigo siendo socio e intento no fallar nunca en ningún partido en Riazor. Seré fiel hasta la muerte.
¿Cómo han sido para usted estos ocho años fuera de Primera?
Pues la verdad es que siempre que se acerca un final de temporada o algún partido importante, mis amigos y mi familia me dicen que me han vuelto a ver en el vídeo. Yo no tengo redes sociales, pero supongo que se viraliza en estas ocasiones. Y esta vez, me decían que se me ve “cascado”, que se me nota el paso de los años (se ríe). Debe ser que tanto tiempo en el barro hace mella.
¿Cuál fue el peor momento en esta etapa oscura?
Es que hubo un momento en el que llegué a ver peligrar el club como institución, la existencia misma del Dépor. Era algo que lo veías como una opción real. Con esta afición, yo quería creer que no se iba a dejar morir al Dépor, pero ese miedo existía. Cuando bajamos a Segunda B y se hablaba de una deuda millonaria... ese fue el peor momento. Y los cuatro años en el pozo también fueron muy duros.
¿Recuerda la primera vez que vio el vídeo de ‘El día después’? ¿Cómo le llegó?
Pues al no tener redes sociales, creo que debí ser una de los últimos deportivistas en verlo. Me empezó a llegar por varias conversaciones de whatsapp a la vez. Hay un momento en el que miré el teléfono y tenía quince o veinte mensajes de personas distintas con el mismo enlace. El primer día me lo pasó mucha gente, pero durante las siguientes semanas me siguió llegando. Fue una locura.
¿Cuántas veces lo habrá visto?
Pues no lo sé, pero creo que no exagero si digo que lo he visto al menos mil veces.
¿Es consciente de que ese vídeo le ha convertido en una especie de icono del deportivismo, al menos para su generación? Son muchos los que se identifican con su gesto.
En la vida pensé que tendría tanta repercusión. Siento orgullo, claro, pero orgullo de deportivista. No me considero en absoluto más que ningún otro aficionado de A Coruña o de fuera de la ciudad. Es algo que ya no busqué. Podría haber sido cualquier deportivista, porque todos sentíamos lo mismo. De hecho, se demostró después con la cantidad de gente que iba a los desplazamientos. Yo lo hablaba hace poco con mi pareja: no es lo mismo estar en Primera RFEF que en Primera División, pero es imposible que la gente esté más entregada al Dépor que durante estos años. Como club y para la ciudad cambia todo, pero a nivel de sentimiento, no. Lo bonito del fútbol es vivirlo con pasión y con tu gente, y para eso da igual estar en Primera que en Segunda B.
Se emociona al decirlo.
Es que esa marea de gente que acompañó al equipo contra el Albacete el día que nos jugamos el ascenso no podría ser más grande aunque la categoría fuese otra. No se veía un milímetro de asfalto, todo eran camisetas blanquiazules. Me emociona especialmente ver a los niños tan ilusionados. Ellos no vivieron los títulos pero sienten al Dépor como nadie. Es algo impagable.
¿Cómo vivió el domingo el día del ascenso? ¿Se desplazó a Valladolid?
Lo viví con mi gente, con la familia y los amigos. No fui a Valladolid, sino que lo disfruté en A Coruña. Al principio lo viví con nervios, porque soy bastante cauto y no quería darlo por hecho hasta que se hubiese conseguido. Y al final, nos hubiese valido hasta perder. Pero todo salió bien. Fue una victoria cómoda, pero no respiré hasta el pitido final. En el fútbol, hasta que pita el árbitro, nunca se sabe. Cuando el Valladolid se quedó con diez, mis amigos me decían que ya estaba hecho, y yo les decía que no, que había que esperar.
¿Cómo lo celebró una vez que el árbitro pitó el final?
Fui a todas partes. Estuve en Cuatro Caminos primero, y allí se empezó a comentar que los jugadores iba a ir a la fanzone de Riazor y también nos acercamos un ratito. No me quedé hasta tarde, pero el lunes fui a María Pita con mi hermana y mi pareja. Llegamos sobre las seis de la tarde y no me daba la sensación de que hubiese mucha gente, pero de repente se llenó. Y después, nos empapamos con la lluvia cuando vino la tormenta.
¿Le gusta ir a los desplazamientos con el equipo cuando puede, además de ir a los encuentros en el estadio de Riazor?
Cuando era más joven, sí. En la época del vídeo, viajaba mucho. He ido a Oviedo, a Gijón, Lugo... sobre todo, los más cercanos. Pero hace años que no viajo. Lo vivo tranquilo con mi gente en casa por televisión, como este partido contra el Valladolid del que hablábamos antes.
¿Y ahora, con el equipo en Primera, se volverá a animar? Dice que antes iba a los desplazamientos más cercanos, y Balaídos, por ejemplo, no está muy lejos.
Sí, me gustaría. No me cierro nada, pero lo cierto es que poco a poco fui dejando de ir y ahora no tengo esa rutina ya.
¿Qué espera para la próxima temporada en Primera?
Hay que hacer cuanto antes 42 puntos... Bueno, mejor alguno más, que en su día 43 no nos llegaron. Pero lo primero es mantenernos. Y si se puede soñar, mucho mejor.
Villares, su jugador favorito
Como buen deportivista, Ricardo ha seguido el día a día del equipo y tiene claras sus preferencias. “Está claro que tenemos jugadores muy buenos, como es el caso de Yeremay, Mella o Mario Soriano. Han sido de los más destacados, no solo del Dépor sino de la categoría en general. Creo que a cualquiera a quien le pregunten quien es el mejor del equipo, diría a alguno de ellos. Pero yo me quedo con Villares. No será el mejor, pero sí es mi favorito”, explica. “Hay que tener en cuenta que está con nosotros desde que estuvimos en Segunda B y se comió todo el barro. Además, es de la cantera y eso es muy importante”, añade. En cuanto a posibles refuerzos, Ricardo también tiene su opinión. “Seguro que hay que reforzarse para competir con garantías en Primera División. Pero yo estoy a muerte con esta plantilla. Son los jugadores con los que hemos conseguido el ascenso. Y se hicieron fichajes muy buenos, como Altimira o Quagliata, que son top”, asegura.












