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Básquet Coruña | 30 Aniversario

Treinta años de pasión, penurias y gloria

Los tres primeros decenios de vida del Básquet Coruña han sido una montaña rusa, con dos ascensos ‘seguidos’ a la ACB que enterraron muchos fantasmas

La plantilla del Sondeos celebra la Copa Galicia del 1996
La primera plantilla del Sondeos del Norte celebra la Copa Galicia del 1996
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El 30 de junio de 1996 fue una fecha clave, instrumental, en la historia del baloncesto coruñés. Aunque entonces no lo sabían –realmente estaban muy lejos de ello–, el grupo de apasionados que fundaron el club que ahora navega por la lujosas aguas de la ACB.

El último día del sexto mes del cuarto año antes del cambio de siglo nació el Básquet Coruña de la alianza –que no fusión– entre el CB Ventorrillo y el CB Arteixo. Entrenaba a este último equipo Javier Castroverde, ideólogo del proyecto que se encargaron de cristalizar él mismo Carlos Devesa y Quique Caruncho, los tres hombres del Arteixo que integraron la primera directiva, completada por varios de la parte ventorrillesa.

Caruncho, leyenda como jugador, ocupó una presidencia que fue ofrecida en primera instancia a Manuel Estévez Mengotti, a la sazón máximo mandatario del CAB Coruña, club que desapareció precisamente en esos días. No aceptó y el exbase del Bosco se puso al frente. Con el resto, en el que hay que incluir al delegado Franco Roura y a Elena Pan, secretaria y –según ellos  mismos– una segunda madre para los jugadores, colaborando en todo lo posible y más.

La nueva criatura tomó la plaza del club arteixán en la Liga EBA, que al final del curso precedente había pasado de segunda a tercera categoría nacional, ya que en 1996 también nació la Liga LEB, la actual Primera FEB. Fue un arranque duro a la par que ilusionante. Con un hecho que acabaría en irónica anécdota: el patrocinador más longevo de estos 30 años de vida no quiso serlo en aquellos primeros pasos. Aun así, el presupuesto fue de unos interesantes diez millones de pesetas, gracias a la irrupción de Sondeos del Norte.

La primera plantilla contó con diez jugadores nativos de la provincia de A Coruña: Lolo Castro, Gus Díaz, Rafa Fernández, Héctor Vázquez, Raúl López, Harpo Bahamonde, Pablo Esmorís, Manu Pereira, Óscar García y Pablo Pérez, uno riojano, Rubén Ruiz, y uno estadounidense, Jamal Johnson. Pais, que era el capitán, se retiró en la pretemporada y Lolo Castro se convirtió en el portador del brazalete virtual.

El equipo entonces amarillo y verde, encuadrado en la Conferencia Norte, debutó en la competición liguera con un holgado triunfo por 95-78 contra el Ponferrada en la Polideportiva de Riazor 2.

Llegar y besar el santo

El mismo escenario donde unas semanas antes el nuevo club había conquistado su primer y muy tempranero éxito, la Copa Galicia, al vencer al Ourense, entonces en la ACB, por 87-86. El segundo título autonómico aún no ha llegado.

El Sondeos ganó sus once primeros partidos en la EBA. Rompió el hechizo el Porriño, con un contundente 82-106 en la Poli que acabó con el que era el último invicto del baloncesto masculino español.

La de la Copa Galicia no fue la única final en aquel ejercicio. En la otra, la de la Copa EBA, los de Castroverde cedieron por 76-93 contra el Gandía. Un pasito atrás antes de dar otro adelante: la clasificación para la fase final, después de firmar un magnífico récord de 22-4 en la temporada regular. El Sondeos del Norte se deshizo en cuartos del CB Archena (91-79), pero cayó en semifinales (78-89) ante el Cornellá.

En la segunda campaña, mejoró ligeramente su fase regular (23-3). En cuartos de final batió por 79-76 al Canoe madrileño y en semis... nuevo revés, este vez 66-83 contra el vecino Ferrol. La renuncia del Pineda a seguir en la segunda categoría propulsó al Básquet Coruña a la Liga LEB.

El estreno no pudo ser peor. El 18 de septiembre de 1998, en la Poli, un terrorífico 47-96 contra el Breogán. Continúa siendo la derrota más amplia de la historia del club. Una consecuencia de la precariedad económica y un anticipo del largo y tortuoso camino que había por delante.

Primera salvación

Esa temporada el Sondeos salvó los muebles en un playout contra el Inca mallorquín (3-1). El mismo método de salvación que en dos de las tres campañas posteriores (en la 1999-00 no hubo), donde dirigió al equipo Juan Díaz, ayudante de Castroverde desde el principio de los tiempos. En la 2000-01, la víctima fue el Ferrol (3-0); en la siguiente, el Córdoba (3-1). Y ahí se acabó la B durante un largo trecho.

La directiva encabezada por Caruncho se vio empujada, a causa de un problema de patrocinio, a vender la plaza al Zaragoza, el único salvavidas posible. El botín, algo más de 300.000 euros (50 millones de pesetas de la época). Un muy buen punto de partida en pos de un futuro mejor.

El equipo volvió a la EBA, de donde salió en dos años, pero no con el rumbo deseado. Un problema burocrático después del curso 2003-04 (en el que Javi Rodríguez, actual director del Coliseum, entrenó al rebautizado como Deportes Cimans), le costó caer a Primera Nacional, competición de carácter autonómico, que solo disputó la campaña 2004-05, con Nacho Rama al timón.

A partir de ahí, más EBA. Otras dos temporadas. Segundo en su grupo de la regular, tras el Oviedo (su bestia negra histórica), en cuartos cayó El Olivar (85-79) y en semifinales, otra vez, el ahora llamado Ferroplast Coruña, en esta ocasión a manos del Santa Pola (65-69). Aun así, hubo premio: un lugar en la recién creada LEB Bronce, competición de solo dos ediciones de vida.

El equipo herculino jugó la primera de ellas. Acabó sexto la regular (18-14), y a la cuarta fue la vencida: 101-82 con sabor a vendetta contra el Archena y salto a la LEB Plata, aunque el ascenso estaba conseguido al superar (2-1) en cuartos a un filial del Real Madrid donde empezaba a despuntar un tal Bojan Bogdanovic.

En 2005, tras salir de Primera Nacional, se había hecho con las riendas Antonio Pérez Caínzos. Un año antes, Julio Flores había relevado a Quique Caruncho. Mientras el primer equipo sobrevivía en la tercera categoría, la cantera pegaba un estirón monumental.

La desaparición de Bronce salvó al rebautizado como Leyma del primer descenso deportivo de su historia, tras quedar penúltimo en la liga regular. En la dos siguientes campañas, tranquilidad relativa. Hasta que en la 2011-12 sonó de nuevo la flauta. Eliminado en cuartos de los playoffs ante el Araberri (0-2), varias renuncias otorgaron al Básquet Coruña el billete de regreso a la segunda instancia, ahora llamada LEB Oro.

Ahí remataron siete temporadas seguidas de Pérez Caínzos, el técnico que más tiempo ha llevado la batuta. Carlos Lamora, sustituto de Julio Flores, eligió a Antonio Herrera, asistente en el Unicaja Málaga la temporada anterior.

El Leyma pasó de un 5-0 de inicio a un 5-5. Y después a un 6-10. Aun así conservó opciones de meterse por primera vez en unos playoffs de la segunda categoría. Lo logró en la jornada final con un histórico 68-75 en el Barris Nord de Lleida, su cancha foránea talismán.

Rozaron los naranjas la gesta en cuartos ante el primer favorito, el Andorra, pero un mal arbitraje en el cuarto partido de la serie inició la increíblemente pegajosa maldición del ídem. Un día de la marmota que el Básquet Coruña (re)viviría en las temporadas 2015-16 (en semifinales contra el Melilla), 2016-17 (ante el Palencia), 2017-18 (frente al Manresa). Cuatro bolas de partido jugando el cuarto envite en el Palacio de Riazor. Habría una quinta, a las puertas de la final, contra el Granada, en esta ocasión en una serie a tres, con el segundo en casa (82-85).

Edu Hernández-Sonseca protesta a uno de los árbitros del cuarto partido de la primera serie de playoffs de ascenso a la ACB disputada por el Básquet Coruña
Edu Hernández-Sonseca protesta a uno de los árbitros del cuarto partido de la primera serie de playoffs de ascenso a la ACB disputada por el Básquet Coruña
Archivo Editorial El Ideal Gallego

El objetivo de la ACB pasaba a nivel desesperación. Y más cuando en la 2022-23, con todo aparentemente de cara para hacer algo grande, el Leyma se la pegó en cuartos, con la ventaja de campo, contra el Gipuzkoa (1-3).

Estaba escrito que llegaría sin unos playoffs de por medio. Aunque no sin sufrir, claro. El 10 de mayo de 2024, en el peor escenario posible (por lejanía), Melilla, el Básquet Coruña acabó su obra maestra. Ganó por 74-80 y con ello evitó lo que habría sido la tragedia de las tragedias: quedarse sin ascenso directo por un solo punto. Es lo que habría pasado en caso de acabar empatado con el San Pablo Burgos, que en su Coliseum venció por      77-75 y en el Palacio dobló la rodilla por 104-103.

Esos 40 minutos en la ciudad autónoma enterraron (arrinconaron, espantaron) a los muchos fantasmas que habían acompañado al club desde casi el día que nació.

Alex Hernández levanta el trofeo de campeón de la liga regular en Melilla
Alex Hernández levanta el trofeo de campeón de la liga regular en Melilla
Archivo Editorial El Ideal Gallego

Descenso consumado

Un nuevo fantasma nació en el curso 2024-25. El primer descenso deportivo consumado del equipo. El plantel entrenado por Diego Epifanio, una máquina de encajar puntos, cerró la regular con solo siete triunfos en 34 jornadas. Con dos más se habría salvado, ya que el penúltimo, el Granada, se acabaría beneficiando del no ascenso del Real Betis.

El Bilbao Arena, en la fecha 30 del calendario y solamente tres días de batir al Barça (93-92), certificó matemáticamente el regreso a Primera FEB. El Leyma se llevó dos premios de consolación de la primera experiencia en la ACB: vencer a los dos grandes, puesto que el día de su debut en la liga tumbó al Real Madrid (86-85).

Yunio Barrueta celebra la jugada del triunfo ante el Real Madrid en el debut en la ACB
Yunio Barrueta celebra la jugada del triunfo ante el Real Madrid en el debut en la ACB
acb photo / Mónica Arcay

La pasada campaña, no obstante, enterró a otro espectro. Por fin consiguió el ascenso por medio de los playoffs. Eso sí, no podía ser de otra manera, con sufrimiento. Como mandan los cánones del club. En este caso, extremo.

El anfitrión de la Final Four (los tres precedentes no habían subido) ganó en semifinales al Palencia (92-81) y tuvo la final ante el Estudiantes prácticamente perdida: quince abajo a falta de seis minutos y medio. Logró igualar e incluso tuvo posesión para ganar. En la prórroga, dos minutos mágicos de Paul Jorgensen pusieron al Básquet Coruña en el carril de vuelta a la cima nacional.

Y antes de un regreso llegó otro: el Básquet Coruña ganó el pasado fin de semana al Breogán en la final y le dio una hermana a la Copa Galicia de 1996, cerrando así un círculo perfecto de 30 años.

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