
Gus Gago, preparador físico del Básquet Coruña: “Este equipo nos ha hecho pensar todo el año que todo era posible”
El gallego reconoce que rompió a llorar en cuanto finalizó la ya legendaria final contra el Estudiantes
Gustavo Gago Domínguez (Pobra do Caramiñal, 1980) pertenece al Básquet Coruña desde 2003. Ligado al primer equipo desde 2005, año de su graduación en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (2000-2005). Se emociona con el ascenso a la ACB del equipo y, si le pides que recuerde a alguien, todavía más.
Este verano, tras la felicidad de subir, se va como preparador físico de la selección española sub-17 de Dani Miret (entrenador del Joventut). Vacaciones no tendrá muchas, pero no parece que se sienta triste por esta circunstancia.
¿Qué pensó un chaval de 45 años cuando en la final perdían de quince puntos a falta de seis minutos?
Lo mismo que el resto. Que estaba claro que el partido no pintaba bien. Que nuestras sensaciones no eran las mejores. Que miraba el ambiente y estaba fastidiado. Pero también había algo dentro de mí que me hacía pensar en el partido de la primera vuelta en Madrid contra Estudiantes. No era una situación muy distinta a la del domingo. Estábamos trece puntos abajo en el último cuarto y era muy complicado, y dentro de mí había esa esperanza del "aún se puede". Y más contando con que este equipo nos ha hecho pensar todo el año que todo era posible. Que es un equipo con corazón. Que se agarra a los partidos. Lo que hicimos fue pensar todos que "aún sí".
¿Y cuando el partido acabó?
No sé qué me vino a la mente. Rompí a llorar. Sencillamente, rompí a llorar. No sé lo que se me pasó por la cabeza. Fue algo increíble. Sí que me acordé de alguien, pero no lo voy a mencionar.
¿Cuántos jugadores han pasado por sus manos en todo este tiempo en el club?
Una media de doce por año y por 20 años, unos 250, o alguno menos porque hubo gente que estuvo varias temporadas. Estoy hablando y los recuerdo y me emociono. Cuando repasas un poco y miras hacia atrás, creo que es normal emocionarse. Tú también te emocionas.
Había algo dentro de mí que me hacía pensar en el partido de la primera vuelta en Madrid contra Estudiantes
Hábleme del caso Robert Joseph [pívot del Básquet Coruña en las temporadas 2007-08 y 2008-09]. ¿Fue difícil?
Era un contexto distinto. El baloncesto en general no estaba tan profesionalizado y venía un jugador, el primero de fuera, y se le ha dado una trascendencia mayor. Aquel año habíamos puesto “los huevos en esa cesta”. No fue un milagro mío. En aquel momento teníamos un cuerpo técnico en el que estaban Roberto Picos, Pablo Codesido y hay que darle el mérito al que lo tiene. Picos fue en esa recuperación una persona capital.
Pasa de tratar a Joseph o a Manu Pereira a ocuparse de Thomas Heurtel
Ya, ya. Pero no ha sido de un día para otro. Joseph pasó en el 2007 y Heurtel en el 2025. Han pasado 18 años. En todo eso ha habido un camino. Todos hemos crecido. Ha evolucionado Gus, ha evolucionado el club y todo el entorno. Me gusta mucho resaltar que estas cosas no pasan por personas claves. Pasan porque se han dado unas circunstancias en las que un grupo de personas en cada etapa de la historia del club ha dado lo mejor de sí para que esto fuese creciendo y evolucionando. Y los que hemos estado dentro del club hemos ido adaptándonos porque otra gente que estaba alrededor nuestro nos ha puesto las cosas muy fáciles para que pudiésemos crecer. Es imposible que una persona crezca sola a la velocidad a la que ha crecido el club.
Usted es gallego. Gus Díaz, Seijo, Zoro, Pereira, Lino, Lolo, Esmorís, Borja, Darío..., también. Ojalá tuviéremos ocho en la plantilla, pero…
Y que nadie se olvide de ellos, por favor. Me alegra que los menciones. Son parte del germen de este club y son gente que ha generado la identidad que se mantiene. A día de hoy creo que el Básquet Coruña es un club perfectamente reconocible porque tiene unos valores muy estables y esa gente ha sido muy importante para forjar la filosofía del entorno.
Entrenadores ha trabajado con muchos. Su trabajo con Carles Marco ha cambiado mucho por cómo juega. Muchas posesiones, poco tiempo de posesión, correr, cambios cada dos minutos y medio…
Mencionabas al principio mi trayectoria y es evidente que ha habido muchos entrenadores y ninguno igual al anterior. Mi trabajo es hacérselo al entrenador lo más fácil posible y ayudarle en su día a día para que él pueda desarrollar su metodología de la forma en la que se sienta más cómodo. Al fin y al cabo, él tiene que tomar las mejores decisiones. ¿Mi trabajo ha cambiado? Sí, es distinto. Ni mejor ni peor, es distinto. Carles tiene unas características y unas creencias que yo debo reforzar y ayudarle a desarrollarlas. El equipo juega distinto. El perfil de jugadores también es distinto al de otros años. Jugamos cosas distintas porque tenemos jugadores distintos. Y la filosofía de juego es distinta. Por lo que la metodología de juego y entrenamiento y del día a día también cambia.
A día de hoy el Básquet Coruña es perfectamente reconocible porque tiene unos valores muy estables
Desde el punto de vista de aficionado al baloncesto, ¿le gusta cómo juega el equipo?
Yo no soy aficionado al baloncesto, soy el preparador físico del Leyma Coruña. No creo que deba decantarme por un estilo de juego o por otro. El método no existe. Hay distintos métodos. Cada entrenador tiene el suyo y todos son válidos, sobre todo cuando ganas. Debo separar mis opiniones de mi trabajo. Mi trabajo es ayudar al entrenador a hacerlo lo mejor posible. Y dejar la vida por ello. Con lealtad al entrenador. Eso es fundamental. Que el entrenador se sienta cómodo y sea feliz. Si es así, él confiará en ti. Y creo que la conexión con Carles es máxima.
Desde fuera se ve un muy buen ambiente. ¿Hay de verdad tan buen rollo en el equipo?
Al cien por cien. De los jugadores puedo decir que es gente muy noble. Es una característica común a todos. Lo que te tienen que decir lo dicen sin problema, a la cara y con buenas palabras. Con la idea de hacerlo mejor. No hay ningún jugador que sea destructivo. Y Carles tiene talento para gestionar el grupo. Es un exjugador. Lo huele. Sabe lo que va a pasar, se anticipa a cuestiones. Pone el límite donde tiene que ponerlo. Es intransigente cuando hay que serlo. A veces me pregunto: "¿Cómo permite eso?". Creo que está capacitado para tomar decisiones que yo mismo me confundiría. Entiende lo que piensa el jugador porque él lo fue. Y con eso gestiona muchas cosas.
En fútbol se suele decir que se nota el entrenador que jugó y el que no.
Es un debate que hay en todos los deportes, si el entrenador debe ser alguien que jugó o no.
Vamos a los jugadores. Sin nombres. ¿Qué podría destacar curioso de ellos?
La verdad es que es un vestuario bastante entretenido, pero sobre todo lo que está claro es que es gente obsesa del trabajo. Y no lo digo por quedar bien. Es sincero. Llegan al pabellón y dos horas antes ya están preparándose para la sesión. No escatiman en horas de fisio, son muy demandantes de trabajo. Sé que ahora es más sencillo decirlo porque hemos ascendido. Si preguntas a cualquier trabajador del Coliseum, ven todos los días a las ocho y cuarto de la mañana a Caio Pacheco aparcando su coche. Didac Cuevas no sale de allí, que si fisioterapia, si gimnasio, si tiro. Y estos tuvieron más minutos. Pero no sería justo no reconocer que Danilo [Brnovic] no echó las mismas horas que el resto. Es la muestra de que la gente que menos juega también está involucrada. Estaba preparado para que le llegaran oportunidades de jugar en cualquier momento. Eso hay que valorarlo.
¿Algún jugador que de verdad le haya impresionado en todos estos años?
Pregunta muy difícil. Por mi forma de ser, no separo mucho lo personal de lo profesional. Acabo teniendo muchas relaciones personales. De los que citaste antes, estuve en la boda de [José Ramón] Esmorís hace un par de años, y otras más, la de Larry Abia. Es muy difícil destacar a un jugador. Guardo muchas relaciones. Me llegó un WhatsApp de Ben Stelzer [escolta que vistió de naranja en la 2015-2016, al final de la cual abandonó el baloncesto] felicitándome la Navidad y estuvo aquí solo una temporada. De muchos.
El primer ascenso siempre se recuerda como el primer amor, inolvidable
De la Polideportiva de Riazor 2 al Coliseum.
Increíble. Increíble. Lo de A Coruña en el deporte en general es digno de estudio. Creo que es difícil encontrar a alguien que pueda explicar esto. Pero tampoco ha pasado de un día para otro. De unos a otros han pasado 20 años. Ha sido progresivo. En el Palacio, el primer lleno llegó en un playoff contra Oviedo. Sería el año de Tito Díaz [2013-14, la segunda campaña del técnico lucense]. Fue esporádico. Íbamos creciendo. Cuando ascendimos la otra vez, creo que hubo un clic en el partido de Estudiantes. Y luego el Coliseum. Increíble. Tú eres testigo de todo esto. Has venido con nosotros a viajes por toda España. En el autobús. Murcia en el ascenso que perdimos contra Santa Pola. En Cáceres, cuando ascendimos con Balneario de Archena.
¿Muy diferente lo del Estudiantes de lo de Melilla?
Son dos ascensos, pero los contextos son distintos. Uno fue el primer ascenso que siempre se recuerda como el primer amor, inolvidable. Y el del otro día delante de 9.000 personas. Mi mente se quedó en blanco, pero miras a la grada y a la gente. Y todos de naranja. Entiendes que ya existe una vinculación, que el club ya está en la ciudad. Miras hacia atrás y ves todo lo que teníamos que hacer para estar aquí.
Tras el otro ascenso siguieron en plantilla ocho de doce jugadores. ¿Y ahora?
Las decisiones que haya que tomar no son decisiones personales. Son decisiones profesionales. Y quienes tienen que tomarlas elegirán las mejores para el club, no para ellos. Me seguiré llevando igual de bien y, cuando los que se marchen y los vea por ahí, nos daremos un abrazo.
