La revolución coruñesa de la primavera del 68
Deportivo y Bosco lograron un doble ascenso a la élite que ha tenido réplica 58 años después con muchas similitudes

Mientras en buena parte de Europa se viven tiempos de revolución, A Coruña experimenta la suya particular en el deporte, en una primavera de 1968 convulsa en diversos puntos estratégicos del Viejo Continente, pero feliz en la entonces capital de Galicia gracias a los equipos de las dos principales disciplinas de equipo.
Europa vive dos dos intentos fallidos de revolución en la primavera de 1968: la llamada Primavera de Praga y el conocido como Mayo Francés. Dos acontecimientos que tratan de cambiar la historia. La democratización del sistema comunista promovida por Alexander Dubcek a comienzos de año desemboca en la invasión de la Unión Soviética el 21 de agosto de 1968 para retomar el control de Checoslovaquia. Mientras, en París los estudiantes, principalmente universitarios, y los trabajadores, liderados por los sindicatos, se echan a la calle y promueven la mayor huelga jamás vista en Europa occidental. El paro es secundado por nueve millones de trabajadores y pone contra las cuerdas al gobierno de Charles de Gaulle.
Las cosas funcionan de manera muy distinta en una Coruña cuya alcaldía recae en Demetrio Salorio Suárez y que todavía desconoce que su secular capitalidad tiene fecha de caducidad. La ciudad viene de inaugurar, un año antes, su mayor complejo industrial, la refinería de Bens. La población del municipio herculino ronda los 190.000 habitantes, unos 60.000 menos que en la actualidad y unos 60.000 más de los que contabiliza el censo de 1950, menos de dos decenios antes. Son décadas de gran expansión urbana, en las que Os Mallos y Agra del Orzán crecen a pasos agigantados y se inaugura, igual que la refinería en 1967, el Barrio de las Flores. También brota la fiebre de la construcción vertical, símbolo de poderío económico, con el levantamiento de rascacielos como la Torre Golpe y la Torre Coruña (1963) y las obras de la Torre Dorada o de los Maestros, la Torre Siso y la Torre Riazor (inauguradas en 1970), la Torre Galicia y la Torre Esmeralda (1971).
La doble alegría
El Deportivo ya tiene más de 60 años de existencia. En el curso 1967-68 disputa su vigésima campaña en Segunda, por 17 en Primera. El entrenador es Pedro Eguiluz. Y las figuras son gente de la casa como Manolete, Loureda y Beci.
Los blanquiazules construyen los pilares del salto de categoría lejos de Riazor, donde el Deportivo solo pierde 3 encuentros y suma 20 puntos de 30. La fiesta estalla en Oviedo. El Deportivo se impone en el viejo Carlos Tartiere al equipo asturiano gracias a un tanto de Morilla (0-1) en la penúltima jornada. Es el séptimo cambio de categoría en siete temporada del bautizado como ‘equipo ascensor’.
El Bosco nace en 1960, de las cenizas del Imperio, club fundado a mediados de siglo por jóvenes deportistas del Frente de Juventudes. A la sombra de los éxitos del Medina femenino, el equipo no tarda en lanzarse en pos de la división de honor. En la temporada 1967-68 gana la primera fase de la Segunda División en dura pugna con el Estudiantes de Vigo y el Covadonga gijonés. A Coruña, como en 2026, solicita la organización de la prefase de ascenso. El Auditorium, la instalación portátil bautizada por los coruñeses como ‘las tetas’ por su doble carpa semiesférica, se aposta tras la Torre de Maratón. Allí derrota al Imperio Hernán canario, al Pineda catalán y al Lanas Aragón valenciano. Esos resultados le permiten pasar a la fase final, a doble partido, con el Canoe madrileño, el San José badalonés y el Manresa. Pese a las tres derrotas, al equipo coruñés le queda una bala, una eliminatoria de promoción ante el Vallehermoso madrileño, tercero por la cola en la máxima categoría.
El presidente del Bosco es Antonio Álvarez, que un lustro después accede a la presidencia del Deportivo. Para esos dos partidos decisivos llama a Manuel Fernández Trigo, alma máter del Medina, al que convierte en el primer club de Galicia en ganar una liga española. El objetivo es que el entrenador-jugador, Manuel Pardo Abad, el primer gallego en jugar con la selección española, se centre en meter canastas y deje la dirección a Mafertri, el pseudónimo periodístico del hombre-orquesta del baloncesto coruñés. Con Fernández Trigo a los mandos, el Bosco cede por escasa renta en Madrid (49-42) y en la vuelta en Riazor certifica el ascenso (57-40). Y no es un ascenso cualquiera. Es la primera vez que un equipo gallego milita en la máxima categoría nacional del baloncesto masculino.
El ascenso del Deportivo en Oviedo se produce el 21 de abril de 1968. El día de gloria del Bosco es el 5 de mayo. 58 años y un mes después, dos semanas vuelven a separar ambos saltos coruñeses a la élite. El pasado 24 de mayo fue el turno del Dépor, también en la penúltima jornada y también con un triunfo fuera de casa. El 7 de junio le tocó al Básquet Coruña, también en casa, en un playoff y frente a un rival madrileño.













