Anatomía del milagro en el Coliseum
La defensa con cuatro pequeños y la fe activaron la remontada | Los tres primeros cuartos se ajustaron al guion más lógico

“A partir de ahí empieza el paroxismo y se escapa el baloncesto”. Palabras de Javier Codesido, exentrenador de formación en el Básquet Coruña y actual director de las Escuelas del Santo Domingo Betanzos, para definir lo sucedido en los últimos 16 minutos del partido definitivo de la Final Four disputada en el Coliseum, donde el Leyma firmó una remontada épica contra el Estudiantes.
La mecha tardó un poquito en prender. Con 70-59, tras triple de Garino, Carles Marco pidió tiempo muerto, espoleó a los suyos con un lacerante “¿lloramos o intentamos ganar” y metió a cuatro pequeños. Sin embargo, el Leyma solo subió un punto a su casillero, de Thiam, antes de que dos de Nwogbo y una diana lejana de Silverio elevasen el nivel de alarma a Defcon 1 (75-60).
“Hasta el tercer cuarto, lo que entraba dentro del guion. El Estudiantes es más fuerte en el cinco contra cinco e intenta jugarlo. Y el Coruña intenta que eso no ocurra. En el segundo cuarto, Toni Ten mete una zonita, porque sabe que el Leyma tiene unos problemas terribles contra estas defensas. Hay un momento en el tercer cuarto que Carles Marco insiste con una defensa del bloqueo directo muy agresiva, sacando a los interiores para que Granger no pudiese armar el tiro que tanto daño le hizo al Oviedo”, analiza el que fue entrenador de Óliver Laxe en el equipo júnior del Básquet Coruña.
El veterano base del Estudiantes, dueño del partido en los terceros diez minutos y en los tres primeros del cuarto acto, empezó a dar síntomas de cansancio. Y de falta de ideas. Porque intentar postear a Cremo no es precisamente lo más adecuado.
En cuanto los naranjas se dieron cuenta de que el camino del milagro no se podía construir descontando de tres en tres porque sí y ajustaron la defensa al small ball, al equipo colegial empezaron a pesarle las piernas. “Ahí empieza Carles Marco a enredar un poquito más. A jugar mano a mano desde el perímetro, short roll, continuaciones muy cortitas... Y ahí no va bien el ataque del Estudiantes”, subraya Codesido. Jorgensen, con dos penetraciones, certificó que la defensa colegial no era la misma de la primera media hora, la de ayudas y cambios ejecutados con precisión coreográfica.
Aislamiento arbitral
Otra virtud de los hombres de Carles Marco en este tramo no fue no salirse del partido con protestas por los errores arbitrales que los perjudicaron. Como un adicional escamoteado por falta de Niang a Cremo en la canasta que valió el 77-68. O un balón que intentó salvar Sergi García en la banda, justo delante de Ángel de Lucas –el árbitro principal–, y pisó fuera antes de devolverlo a la cancha. Y un libre de Diop que Nwgobo, en el intento de sacar el balón, tocó el aro. Era canasta de dos que los colegiados dieron de uno. Y, en ese momento, con poco más de un minuto en el reloj, no era lo mismo un marcador de 80-76 que de 80-77. “Les superó el partido”, considera Codesido.
Los naranjas siguieron a lo suyo: defender a muerte y tratar de atacar con orden, y, en caso de no poder hacerlo, tirar de chispazos. El primer lo soltó Cuevas, con un triple a falta de 2:20 (78-74).
Toni Ten mantuvo en cancha a un Granger exhausto y ansioso por encontrar como fuera un hueco para lanzar. El Leyma lo leyó a la perfección y lo ahogó con continuos dos contra uno o, en su defecto, mandándole a la línea de fondo, donde le esperaba Cremo. “Cuando ven que no está, el Estudiantes se desmonta”, estima Codesido”.
Después del toque de aro de Nwogbo llegó la (primera) jugada más importante del tramo final. Cremo salió vencedor de un mismatch con McGrew. La ayuda de Diop cerró la puerta y el ‘4’ del Estu lanzó el balón en dirección a Pacheco. El error del brasileño en el primer libre obligó a otra heroicidad en defensa. Granger jugó de esquina a esquina con Silverio, la recuperación de Jorgensen, que había amagado con ir a por Garino, llegó rauda y el dominicano se botó el balón en una pierna antes de perderse por la línea de fondo. Restaban 61 segundos. En el ataque del Leyma, un corte en el poste alto de Cuevas arrastró a Sergi García y abrió hueco a Pacheco. McGrew no llegó a tiempo para molestar el triple (80-80).
El Estudiantes se encomendó a Granger. Primero lo frenó Pacheco y en el cambio se quedó con Diop, que desplegó sus largos brazos para dificultar al máximo el triple frontal. Una falta de entendimiento entre Cuevas y Cremo frustró la oportunidad de evitar la prórroga.
Desajuste y castigo
Jorgensen castigó el primer desajuste defensivo del Estu con un triple desde 45 grados. Y el ajuste de Jacobo Díaz, que punteó un triple de Stumbris, dio paso a otro nuevo error colegial, propiciado por una caída de Garino que dejó solo en el arco a Diop. Granger se la jugó con una penetración. Diop molestó y otra ayuda de Jacobo Díaz completó otra gran faena de contención. Balón al más caliente. Jorgensen amagó con entrar ante Stumbris, hizo un reverso y anotó echándose hacia atrás (80-88).
Un 3+1 del Estu, con triple de Sergi García y libre de Stumbris, en la misma jugada, frenó la euforia naranja, que reactivó un triple Jorgensen tras un ataque espeso y al borde de la bocina de posesión.
Tres puntos de Silverio, libre y canasta tras recoger el rebote del segundo, y una penetración de Sergi García, después de un triple algo precipitado de Cremo, colocaron el marcador en un puño (91-93), con 53 segundos en el crono.
Veintidós tardó Pacheco en aprovechar un aclarado que le dejó con McGrew. El brasileño le dejó atrás, la ayuda de Granger llegó tarde y el 2+1 puso el primer clavo en el ataúd del Estu. El último lo hundió , con una oportuna mano al balón. No lo recuperó, pero le robó unos segundos preciosos al reloj. Suficientes para que al conjunto colegial no le salieran ya las cuentas.
“Fe y miles de gargantas aullando. No hay mucho más análisis táctico. No se podía remontar desde ningún libro de baloncesto. Creo que si se lo preguntamos a Toni Ten, no tendrá explicación”, remata Javier Codesido.













