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Básquet Coruña

Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Vitoria... y ahora A Coruña, que se une al selecto club con dos equipos en la élite de fútbol y baloncesto

Por primera vez desde 1968 las dos escuadras jugarán en la máxima categoría

Juan L. Cudeiro
07/06/2026 22:48
Didac Cuevas abrazado a la mascota del Básquet Coruña tras el ascenso
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Hay éxitos que no se entienden sin una ayuda. El Coliseum se la dio a su equipo. Era de justicia hacia unos jugadores que tanto le han dado a la gente, que tantos buenos momentos le han brindado a sus aficionados esta temporada de apenas seis derrotas, una tan solo como local en la Liga. Quedaban cinco minutos para el final y el Básquet Coruña estaba trece abajo en el marcador. Era complicado creer, pero el Coliseum lo hizo. Y con ellos, técnicos y jugadores que apretaron dientes y se fueron a por una remontada eterna, un regreso de la derrota que se recordará durante muchos años.

Ya se habían emitido poco antes señales de que allí, en los malos momentos, todos iban a una. Fue tras dos tiempos muertos con los que Carles Marco trató de cortar la hemorragia en el inicio del último cuarto. El equipo, que estaba sumido en las dudas, regresó ovacionado a la pista. ¿Cómo no darlo todo? A quien todo lo ofrece, nada se le puede reprochar. Pero es que además el Leyma lo dio y ganó el partido más vibrante jamás disputado en A Coruña, la ciudad más pequeña de España (Vitoria ya le supera en población) con equipos de fútbol y baloncesto en la máxima categoría. Un hito que solo alcanzó la ciudad en la campaña 1968-69, con el Deportivo y el Bosco.

Perdió Estudiantes, que hizo un partido excelente. “Todo o nada”, decían las vallas con las que la federación delimitó el parqué sobre el que se jugó la Final Four. Fue nada para un histórico que se fue entre lágrimas, con sus aficionados destrozados en la grada por la tensión y la decepción final. Otra más. Habrá sexto año en el infierno de la categoría de plata para Estudiantes, que ha perdido desde que cayó de la ACB en 2021 tres finales y una semifinal en las Final Four que disputó. La perspectiva de jugarse el curso próximo un ascenso ante rivales como Gran Canaria no es tampoco alentadora.

La gloria es para el Leyma, que tuvo que tomar el camino más revirado para llegar a la ACB. La recta final en realidad también fue una curva. Pero había ilusión y expectativas. “Si somos capaces de cansar a Granger llegaremos con opciones al final”, apuntaba el expresidente Julio Flores antes de empezar. Al final, los veteranos jugadores de Estudiantes acabaron exhaustos.

Los minutos de calentamiento mostraron algunos detalles, por ejemplo, que Estudiantes estaba más apoyado en la grada que en la noche del sábado. Pero los naranjas también eran muchos más. “Life is life”, sonó como si por allí anduviese Maradona. En realidad, quien estaba era Paul Jorgensen, nombrado MVP de la Final Four en una elección que pudo haber recaído en al menos media docena de jugadores del Leyma, Todos tuvieron foco. Desde Mus Barro, que lanzó la primera arenga a la grada cuando los tiros no entraban de inicio, a Caio Pacheco, el mejor el sábado ante Palencia y de nuevo esencial en los instantes decisivos. O Diop, que cerró la final con un más/menos en pista de 22 puntos y jugó tras inyectarse para soportar el dolor en uno de sus pies. Pero nadie puede negar que Jorgensen lo merecía y más viniendo de donde venía, de ser el mejor de la Final Four pasada, que se le escapó con Fuenlabrada tras jugar con una clavícula dañada.

Fue la segunda vez para el Leyma, pero no es lo mismo subir de categoría en Melilla que en A Coruña. Es otro sabor y otra vez con el Deportivo de la mano, como hace dos años. En un contexto además en el que Liceo acaba de ganar la Copa del Rey y prepara ahora el asalto al título de Liga en una final que iniciará el próximo viernes. Es el año. Lo era cuando el Leyma se lanzó a por el partido en cinco minutos monumentales en los que no remontó a base de un bombardeo de triples salvadores, sino ejercer de picapedrero en defensa y en ataque, con errores incluso en algún tiro libre que no apartó al equipo de su objetivo. Mentalidad a prueba de bombas.

Y se festejó. En el parking del Coliseum, en Matogrande, en toda la ciudad. También sobre la pista en la que la mayoría de los jugadores se quedaron tras el partido a comentar lo sucedido con familiares, amigos y medios de comunicación. Mientras tanto, la fiebre naranja se desparramó por una ciudad que volverá a ver partidos de ACB a partir del último fin de semana de septiembre.

Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Vitoria, puede que Málaga, y sobre todo A Coruña. Primera División y ACB en una campaña histórica para el deporte de élite de la ciudad.

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