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Julio Flores, expresidente del Básquet Coruña, posa ante una de las canastas del Parque Europa
Básquet Coruña

Julio Flores, expresidente del Básquet Coruña: "La ciudad y el Ayuntamiento tienen una deuda con el baloncesto de base"

"Volver a potenciar la cantera es algo muy importante y el primer equipo lo está haciendo muy bien. Se está haciendo un trabajo fantástico", explica el mandatario más longevo en la historia del club

La charla comenzó con odisea. Quedamos en una cafetería. Mucho ruido. Fuimos a otra. Nos “echaron” porque iban a montar los instrumentos musicales para una actuación. Pasamos a la sesión de fotos en una cancha callejera. Y acabamos en un tercer establecimiento para hablar de todo con Julio Flores, presidente del Básquet Coruña (2004-2012), político ejerciente de 2007 a 2011 en la oposición y teniente de alcalde de 2011 a 2015. Biólogo. Funcionario de la Xunta. desde 1993 coordinando campañas de donación de sangre. Hace unos días recogió la Distinción al Mérito Deportivo de Galicia.

En la web oficial del Básquet Coruña la primera pestaña que aparece a la izquierda es “valores”. Eso me suena a usted.

Viene desde el principio. La directiva y todo el equipo técnico con Nacho Rama, Miguel García, Antonio Pérez... lo primero que hicimos fue pensar qué tipo de club queríamos gestionar. Les decía que estaba muy bien enseñar a niños y niñas un deporte, pero que teníamos que dar un paso más. Los clubes entrenaban y les enseñaban a ganar partidos, pero creo que el objetivo real era que esos niños quisieran venir a entrenar todos los días, inculcarles que, a temprana edad, las derrotas enseñan más que las victorias y que, aunque pierdas, al día siguiente tienes que preparar la bolsa para ir a entrenar, intentar corregir los errores, intentar ayudar a los compañeros “más torpes” a mejorar. Y les dije que el club tenía que ser algo que representase a la sociedad y en ella hay personas que tienen dificultades de todo tipo. Y hay entidades que ayudan a esa gente con dificultades y eso lo había que trasladar a la masa social. A las familias. E intentar involucrarlos para que cada equipo del club ayudase a una entidad de esas, a una ONG. Y darle una impronta social al club.

Se trataba de hacer algo diferente.

No les convencí al principio. A Reigosa, uno de los directivos, se le ocurrió llevar pastelitos a la polideportiva de Riazor. El primer partido en Liga EBA como presidente había en la instalación 160 personas y les repartimos pasteles. Ahora van 9.000 al Coliseum. Había que hacer cosas diferentes para atraer gente. Decirles: “oye que el baloncesto existe”. Existió antes, pero en aquel momento no existía incluso para que los medios de comunicación nos hicieran caso. El reconocimiento de la Xunta el otro día no me lo dieron a mí. Se lo dieron a un proyecto, a una forma de trabajar y a un equipo de gente y directivos. Ricardo Soldán, Gabriel Castaño, María José Cousillas, Lopi, Matías Casillas, Lola Pardo, Pilar Ageitos… gente no conocida pero que al final todos arrimaban el hombro.

En fútbol se suele decir que al entrenador que antes fue jugador, se le da mejor. ¿Usted jugó antes de ser presidente?

Jugué. Vengo del atletismo. Yo hacía lanzamiento de disco y peso, y salto de altura en estadio de Riazor, cuando las pistas eran de ceniza. Me entrenaba Rodolfo, por allí andaba Fernando Vidal que luego fue presidente del Deportivo. Con trece años pegué un estirón y pasé a medir lo que mido ahora. Era alto para entonces. Y en el cole me dijeron: “tú para baloncesto”. Empecé tarde. Pero era bastante fuerte porque venía del atletismo. Jugué en el Bosco, estuve un año en León y luego, con amigos, en el Dominicos. Y la perspectiva te enseña cosas. En toda mi trayectoria solo bajé al vestuario dos veces: cuando descendimos (luego salvados por temas administrativos) para animarles y la vez que jugamos para el ascenso en Cáceres contra Balneario de Archena. Lo hice antes del partido para quitarles presión. Les dije que nosotros ya habíamos ganado por llegar hasta ahí. Y ganamos y se ascendió.

El club cumple ahora treinta años. Ocho transcurrieron con usted como presidente. El que más tiempo ha estado al frente

Pues sí. Tiene su parte positiva y su parte negativa. Es una actividad que no te permite descansar. No te puedes coger, por ejemplo, un mes de vacaciones. Termina una temporada y tienes que planificar la siguiente, ver qué patrocinadores siguen, cuáles pueden llegar, y las actividades de fomento del baloncesto que no paraban en todo el año. Fueron años a full time, y eso acaba desgastando. Pero fue una etapa maravillosa por la gente que me rodeaba. No solo los directivos. Tuve la suerte de trabajar con Miguel García Feijóo, un tipo brillante. Fue el que inventó el sistema “baskets” de educación en valores. Antonio Pérez, Nacho Rama, que era el multitarea... Trabajé con gente estupenda. Había en la parte técnica unas cuarenta personas en los diferentes equipos del club. Estaba Fernando Buendía, que acaba de ascender con Maristas. Fue una etapa que recuerdo con muchísimo cariño. De los que siguen en el club estaba Gus Gago, preparador físico del primer equipo. Luego convencimos a Charly Uzal para ser técnico y hoy es el director deportivo del club. Siempre busqué dentro lo que podía darnos un valor añadido.

Vayamos a la actualidad. El equipo pierde en 34 jornadas apenas cuatro partidos y no asciende. ¿No es un sistema bastante injusto?

Son las normas implantadas. Para todos iguales. Y la desgracia que ha tenido el Leyma es que este año se ha cruzado con otro equipo que también era muy potente. Y nos pillaron con la guardia baja cuando nos enfrentamos a ellos. A los tres pivots de nuestro equipo les pasó factura lo del mes de ayuno y eso se vio en la pista. También en Palencia. Y luego en Fuenlabrada tuvimos un bajón anímico por haber perdido contra Obradoiro la jornada anterior.

Y ahora el playoff…

Lo que tienen que hacer es creérselo. Son el mismo equipo que arrasó en la primera vuelta y que hizo grandes partidos en la segunda. El mismo. Tienen un primer cruce contra Menorca que será complicado, pero vamos a cinco partidos. Y luego la Final Four en la que prima la fortaleza mental. Palencia y Estudiantes son muy buenos equipos y que compiten muy bien. Pero al fin y al cabo tenemos muy buena plantilla, muy buen ambiente interno y han hecho un temporadón. Es innegable que pase lo que pase hemos disfrutado mucho. La guinda para el 30 aniversario sería ascender y ojalá que sea en el Coliseum porque seamos la sede de la Final Four.

Volvamos al pasado. Me decía que se pasó de 160 espectadores en la Polideportiva a 9.000 en el Coliseum. Son veinte años de trayecto y varias presidencias. ¿Cómo las contempla?

Ha sido como subir una escalera peldaño a peldaño. Cada uno de los que hemos pasado por ahí hemos aportado nuestro granito de arena. Nuestra directiva consiguió llenar la Polideportiva. La siguiente con Carlos Lamora tomo la decisión valiente de ir al Palacio de los Deportes. Con Juan Carlos Fernández, que hizo un trabajo extraordinario, avanzamos en todo y luego el impulso definitivo, que no fue subir un escalón sino varios, se produjo con Roberto Cibeira que ha profesionalizado el club, llegó a un nivel de patrocinios diferente y entramos en otra “Liga” no solo por el ascenso a ACB, que también. Ganar al Madrid y al Barça es un recuerdo inolvidable.

Hablando de las Polideportivas usted tenía un plan para ellas.

Debería de ser como una instalación que hay en Valencia dedicada solo a la cantera. En la Polideportiva de Riazor se puede hacer una instalación que pase de dos a seis canchas de baloncesto. Por la altura y las dimensiones. Tengo ese proyecto. Lo guardo en casa y ese sería mi sueño. Multiplicas por tres las opciones de entrenamiento y podrías aglutinar casi todo el baloncesto de cantera. Conciliación. Tienes dos hijos de distintas categorías y todos los días andas peregrinando por las distintas pistas.

La ciudad y el Ayuntamiento tienen una deuda con el baloncesto de base. Hace muchos años que no se inaugura una nueva instalación en Coruña. Es hora de que alguien se lo tome en serio y que no se produzca la situación de que haya un niño o una niña que quiera practicar baloncesto y no tenga instalación donde hacerlo. Todos los clubes han hecho bien su trabajo. Pero no hay horas de entrenamiento.

Le recuerdo apellidos. Más de 20 jugadores de aquella época. ¿qué dice?

Es gente que es historia del club, gente que nos hizo disfrutar, con la que sufrimos y que siempre recordaré la Polideportiva de Riazor llena, y los espectadores disfrutando. Época en la que fuimos felices. Un chico de la cantera que era junior íbamos perdiendo por dos y sacábamos a falta de pocos segundos. Antonio Pérez decidió que ante la marca que le iban a hacer a los demás, que se la jugara él. Y anotó y ganamos. (Se refería a Urkola, Quique Urkola)

Ahora el club tiene una repercusión mayor. Y antaño, ¿quién les ayudaba?

Entonces había pequeños patrocinadores. Desde la pastelería que nos daba los dulces para repartir, a otras empresas que nos ayudaban. Pero fundamentalmente había dos. La primera Ferroplast con José Marcial Doctor que nos permitió arrancar las dos primeras temporadas. Y después, gracias a la gestión de un directivo, Manuel Vidal, entramos en contacto con Jesús Lence, al que le expusimos nuestra idea de club. No fuimos a pedirle patrocinio para el primer equipo sino ayuda para el proyecto general. Él era ya presidente del Leche Río Breogán pero le gustó lo que le contamos. Y compró la empresa Leyma. Tengo una anécdota con Jesús Lence, entonces. Recuerdo un domingo a las cuatro de la tarde que jugaba mi hijo mayor, entonces en edad cadete, en la Polideportiva. Apenas estábamos los padres de los chavales. Me fijo en la grada y estaba Jesús con su pareja y le pregunté que qué hacía allí. Me contestó: “Vengo de la Casa del Agua, vi que había movimiento y pensé en quedarme a ver el partido porque a mí lo que me gusta del baloncesto es ver jugar a los chavales”. Ese era Jesús Lence. En esos años debió de venir a ver un par de partidos del primer equipo y porque le insistimos mucho. Pero a él lo que le gustaba era el baloncesto de los más jóvenes.

Y le gustó que pasáramos de setenta chicos en la cantera a más de 700. Estoy eternamente agradecido a Jesús y ahora a su hija Carmen, que sigue colaborando con el club como él.

Solapa los últimos tiempos como presidente del Básquet Coruña con la política…

Si. Estuve en la oposición cuatro años y luego estuve en el gobierno municipal, entre 2011 y 2015, como primer teniente de alcalde. Fue una etapa más de mi vida. Muy bonita e intensa. Aprendí mucho. Trabajé codo con codo con bomberos o policía municipal.

Tras la tragedia de los ahogados en el Orzán propuse crear el grupo de rescate acuático que ha colaborado decisivamente a salvar la vida de varias personas en este tiempo.

Usted jugó a baloncesto y sus hijos también. Julio y Álvaro. No sé si el mayor aún juega…

No, no. Terminó jugando en Cambre. Ahora que es padre tuvo que dejarlo este año, con trabajo y obligaciones. Jugador del club e hijo del presidente no creas que tuvo muchas ventajas. El pequeño dirigía bastante bien. Jugaba en el infantil B, que siendo hijo del presidente podría haber jugado en el A. Pero esa temporada le ayudó a aprender muchas cosas. Y con eso me quedo.

Vamos a inventar. Un primer supuesto. Si por unos días volviese a ser presidente del Básquet Coruña, ¿qué haría?

(Risas). Volver otra vez a potenciar la cantera que es algo muy importante. Se está haciendo un trabajo fantástico. Da gusto ver la foto con cientos de niños. Creo que es un tema que hay que sembrar todos los días. Tratar de llegar a acuerdos con otros clubes, con otros colegios, coordinar entrenamientos... Formar a entrenadores. La cantera de un club que quiere tener un proyecto sostenible es una de las estrategias que hay que potenciar. Del primer equipo no puedo decir nada porque lo están haciendo fantásticamente bien con los recursos que tienen. No le veo mucho margen de mejora. Lo que haría es tratar de invitar a niños y padres un día a ver un partido de baloncesto. Creo que hay muchos que van por primera vez y se enganchan.

El segundo supuesto es fuera del deporte. Imagine que es el alcalde de la ciudad por una semana. ¿Qué medidas tomaría?

¡Uf! Me dedicaría a hacer lo básico. Ahora veo la política como un ejercicio de convencer a la gente a través de las redes sociales. Todo es maravilloso. Y creo que se ha perdido el objetivo de gestionar día a día. ¿Cuáles son los servicios municipales básicos? Limpieza viaria, mantenimiento de espacios públicos, movilidad... Las cosas básicas. Me dedicaría a saber cómo están las cuestiones del día a día y a tratar de mejorarlas.

Más que grandes proyectos me dedicaría al día a día. Y mantenimiento de las cosas que si no las atiendes se acaban destrozando, incluidas las instalaciones deportivas que al final acaban teniendo deficiencias. Hay que hacer planes de mantenimiento. Y si es preventivo, mejor. No los hay. Luego, el tema de la movilidad es preocupante. El servicio público de transporte... Hay que recuperar la filosofía de que las cosas funcionen y dejar de preocuparse de que las fotos en las redes sociales salgan bien.