Análisis | Notable alto en actitud, insuficiente en física
La superioridad en centímetros del Obradoiro generó un enorme desequilibrio en un derbi donde el Leyma Básquet Coruña acabó bastante corto de batería

Partiendo de la base de que (casi) todo análisis de una derrota conlleva algo de leña del árbol caído, el del KO (potencialmente) letal del Leyma Básquet Coruña no puede estar exento de ello. Porque los de Carles Marco llegaron hasta donde pudieron y los de Diego Epifanio llegaron un poco más lejos.
Así pues, en modo resumen académico, se puede afirmar que el equipo herculino sacó un notable en actitud, pero suspendió en física.
No obstante, quedarse únicamente con esas dos notas equivale a quedarse en la superficie del meollo. Hubo muchísimo más. Incluso sacando de la ecuación el arbitraje. Que tampoco es de ley. En este sentido, el Obradoiro tuvo la cabeza más fría. Claro que es más fácil no alterarse cuando el viento corre a favor. Aunque sea poco más que una brisa.
Marcador al margen, en el Coliseum hubo dos partidos de 20 minutos. En los primeros, el todavía líder de Primera FEB fue superior, especialmente gracias al rebote ofensivo y a pesar del desequilibrio de centímetros en los emparejamientos, tanto ofensivos como defensivos.
Como muestra, los cincos iniciales. Casi cinco centímetros a favor del Obra, cuyo base, Leo Westermann, es más alto (1,98), que el alero del Leyma, Guillem Jou (1,97). El más bajo del equipo compostelano, Alex Barcello (1,88) tuvo como defensor inicial a Dídac Cuevas (1,78). Joe Cremo (1,93) se encargó de Yunio Barrueta (1,97), Strahinja Micovic (2,05) cogió a Ale Galán (2,07 y notablemente más fuerte que el serbio) y Mus Barro (2,08) a Felipe Dos Anjos (2,18).
Pese a ello, el Básquet Coruña supo frenar a la torre brasileña y al base francés. Hasta que empezó a caer un exceso de faltas, sobre todo en el debe de Jou, el que mejor defendió a Westermann. Pero solo pudo hacerlo durante nueve minutos. Los que le dejaron.
Marco decidió insistir con sus '3' y '3,5' (léase Jacobo Díaz, ya que Danilo Brnovic únicamente estuvo en pista 33 segundos) sobre el internacional galo. Al madrileño, más alto y menos ágil que el catalán, le costó mucho más. De hecho, en esa segunda rotación naranja se estrenó como anotador, con dos triples seguidos, el '1' del Obradoiro.
En un partido casi más de ajedrez que de baloncesto, Marco optó por no sacrificar un peón en ataque por uno en defensa. Por ejemplo, dar cancha (de verdad) a Brnovic e incluso a Macachi Braz para intentar dificultar el máximo posible las maniobras de un base, cualquier cosa menos rápido como Westermann. Más minutos a los menos habituales para conceder oxígeno extra, muy necesario en un partido de estas características, a los pesos pesados. Eso sí, admitiendo que elegir el momento o momentos adecuados era un rompecabezas de muchas piezas.
En esos dos partidos distintos de dos cuartos cada uno hubo una notable diferencia en las segundas opciones. En la primer mitad, abrumadora a favor del Leyma, cuyos pívots lograron meter el cuerpo por delante de sus pares para coger el rebote y anotar. Tras el descanso, Epi corrigió este problema y las capturas y los puntos propiciados cayeron en picado.
Recelo a penetrar
Con menos rebote ofensivo, al Básquet Coruña le costó mucho más anotar. En cuanto el Obradoiro, que acumuló un déficit máximo de ocho puntos (32-24), niveló de nuevo el marcador, a los naranjas se les cerraron todavía más los caminos al aro. Adoleció el plantel coruñés de un excesivo recelo a atacar en penetración; tal vez por miedo a la sombra de Dos Anjos; tal vez porque el plan de partido era otro.
Sea como fuere, el anfitrión del Coliseum, que cuenta con buenos penetradores (Jorgensen, Pacheco y Cuevas), desperdició muchas líneas directas y francas a la canasta para seguir moviendo el balón, en la mayoría de las veces para acabar dándoselo a un jugador sin ventaja y apurado por el reloj. Y cuando se acordó de Santa Bárbara, ya no eran truenos, una traca final en la plaza del Obradoiro.
Antes de la sentencia, el Leyma se hizo el harakiri con las pérdidas de balón: siete en los diez minutos finales, una más que en los 30 primeros. El balance final de puntos después de regalar la posesión fue de 7-14, una diferencia importante en un duelo tan igualado.

En esa fase definitiva, Epi se la jugó con el trío formado por Westermann, Diogo Brito (1,97) y Travis Munnings (1,96). Más superioridad física. Y le salió de pana. El portugués, que no había visto el aro en los primeros 27 minutos y 40 segundos de derbi, acabó con 17. Una explosión facilitada por los defensores que tuvo que encarar entre el final del tercer cuarto y el inicio del último: primero Jorgensen y después Cuevas.
Con Cremo ocupándose de Barrueta, que solo le escapó una vez, y acabó con el único triple del 'Papi', tras salida de directo, en 20 minutos en pista, Munnings también sacó petróleo del mismatch. En esos minutos donde se resolvió el derbi, dio la impresión, en momentos puntuales, de estar viendo un partido de séniors contra cadetes, tal era la diferencia de estatura en las diferentes parejas de baile.
Once libres menos
Y de las parejas, a un trío. El del silbato: 54 faltas son muchísimas en un partido que casi fue más duro después que durante. Ninguno de los dos se empleó con excesiva vehemencia (tal vez metió más manos el Obradoiro, y con mayor permisividad por parte de De Lucas, Checa y Aranzana); pero en casi igualdad, el equipo visitante lanzó once libres más, una ventaja sobresaliente en un duelo tan cerrado. El marcador de este apartado es de 13-14 en la primera mitad y de 13-25 tras el parón.
En el tercer acto, los visitantes anotaron desde los 4,60 metros once de sus 31 puntos. En el último, a los de Carles Marco les fue señalada la quinta falta con 75-77 en el marcador y algo más de cinco minutos en el reloj. Cuatro libres ejecutaron los naranjas, cinco menos que el Obradoiro, antes de que el 78-88 acabase con la resistencia del líder.
Las faltas, además, estuvieron mucho más repartidas en el Obradoiro. La del Leyma condicionó bastante-mucho la defensa al '1' y al '5'. Un equipo, el naranja, que acabó con tres eliminados por cinco personales: Jou, Thiam y Jorgensen. El triple que en los 27 encuentros precedentes. Solo al senegalés, en la visita al Lucentum Alicante, se le acabó el partido antes de tiempo a causa de las infracciones. Lógico que los aficionados naranjas se enfadasen tanto con los colegiados.
También es justo reseñar que el Básquet Coruña no supo, o no pudo, rentabilizar los minutos en que Westermann y Dos Anjos estuvieron en el banquillo. Y destacar, y esto solo es una impresión, eso sí, no meramente personal, que el plantel gobernado por Carles Marco va con el gancho en el apartado físico.











