La receta de la felicidad naranja pasa por el ritmo
El Básquet Coruña pudo correr contra Tizona y ser fiel a la identidad mostrada este curso

Si hubiera que escoger una palabra que ha definido las últimas dos semanas de la actualidad del Básquet Coruña, esa sería sin ningún género de dudas ‘energía’. Carles Marco incidió en varias declaraciones en que este era un aspecto clave en su juego, ya no solo en estos días recientes, sino durante toda la temporada, pero tras caer en Palencia hizo bastante hincapié en la falta de ese factor en su equipo (además del buen hacer rival).
Menos de una semana después de esa dura derrota, el Leyma se ha reencontrado con la senda de la victoria y lo ha hecho de una manera contundente (105-84), ante su público y reencontrándose a sí mismo en su propia casa. En la rueda de prensa posterior al encuentro, una de las primeras palabras del propio Carles Marco fue precisamente ‘energía’. Y no es para menos, porque ayer el equipo naranja volvió a ser ese vendaval que pasa por encima de sus rivales a base de eso, de energía.
El Básquet Coruña volvió a ser ese equipo reconocible que ha enamorado a los miles de seguidores que ocupan cada dos semanas las gradas del Coliseum. Ese equipo con identidad propia que no para de acumular buenas actuaciones y que se mantiene como líder de Primera FEB con un récord de 23 victorias y tan solo 2 derrotas. Esa identidad se ha basado desde la llegada de Carles Marco en unos cuantos principios: la energía, la intensidad, la defensa, el rebote y, sobre todo, el ritmo.
Cuando el Leyma puede correr, el Leyma es feliz. Y correr no es solo anotar en contragolpes, sino también ser rápido en las transiciones, fluir en el movimiento de balón y ejecutar un buen balance defensivo hacia tu propio aro. El ritmo también influye en el aspecto defensivo. Otra de las señas de identidad de este Básquet Coruña es el ataque del rebote ofensivo, con lo que se busca ya no solo tener segundas oportunidad, sino que el otro equipo tarde más en construir su ataque y no pueda correr.
El Leyma volvió a hacer todo eso bien ayer contra Tizona. Si bien es cierto que no era el rival de mayor exigencia de la categoría, ya lo dejó claro Carles Marco en sus declaraciones tras el encuentro: “Tenemos que pensar en que cada acción es importante porque si no lo hacemos bien en un partido como este, en un partido igualado esa acción puede ser determinante. Hay que estar concentrados los 40 minutos en cada acción y es lo que intentamos transmitir a los jugadores”.
El equipo defendió, reboteó, corrió y se divirtió como solía hacerlo. Un síntoma de lo más esperanzador de cara al tramo final de una temporada que, pase lo que pase a su término, será histórica para el club. Una vez más se trató de una victoria coral (otra seña de identidad), sin actuaciones que sobresalieran por encima del resto. Cinco jugadores superaron los dobles dígitos en anotación y siete lo hicieron en valoración (el equipo se fue hasta los 128 créditos como conjunto).
Por delante quedan siete finales y este equipo ha demostrado durante las anteriores 25 que es capaz de lo mejor en cada partido. Tras una semana complicada con tres encuentros durísimos que terminó con la derrota en Palencia, el Leyma ha conseguido recuperar su energía, su ritmo, su identidad, la senda de la victoria y, sobre todo, su sonrisa sobre la pista.













