Seis décadas y media en la élite y un lustro en el infierno
El rival del Leyma este domingo lucha por volver a una categoría de la que fue subcampeón cuatro veces

En el año 2000, y a raíz del primer descenso a la Segunda División de fútbol en la historia del Atlético de Madrid, se acuñó el concepto “un añito en el infierno”. Así tituló el club colchonero la campañas de abonados para el siguiente curso, en el que esperaba regresar a Primera. Ese añito acabó durando el doble.
Otro club de la capital de España, el Estudiantes, rival este domingo (18.30 horas) del Básquet Coruña, fue uno de los integrantes de la Primera División 1956-57, la primera competición de baloncesto ‘profesional’ en España. También uno de los fundadores de la posterior ACB. Y navegó por la élite durante 65 temporadas seguidas. Plácidamente, las primeras cinco décadas y media.
Rozó la gloria liguera hasta en cuatro ocasiones: 1962-63, 1967-68, 1980-81 y 2003-04, temporadas en las que acabó subcampeón. Las mismas veces que de la Copa, torneo que conquistó tres veces (1962-63, 1991-92 y 1999-2000).
El equipo colegial también brilló en el escenario continental, aunque sin tocar trofeo. En la Euroliga 1991-92 se metió en la Final Four, donde en semifinales fue asfaltado (91-69) por el Joventut, que perdería ante el Partizan (70-71) la final decidida con el famoso triple de Sasha Djordjevic.
Otro equipo barcelonés, el que viste de azulgrana, le privó de levantar la Copa Korac 1998-99, en una final de la entonces segunda competición europea a ida vuelta donde el Barça levantó en el Palau Blaugrana (97-70) un largo déficit de 16 puntos cosechado en Madrid (93-77). También alcanzó la penúltima ronda en tres competiciones europeas extintas o que han cambiado de nombre: Recopa, FIBA Cup y Copa ULEB.
Tres bolas extra
La historia del club fundado en 1948 por Antonio Magariños, profesor de latín y jefe de estudios del instituto Ramiro de Maeztu, empezó a torcerse a principios de la década pasada. La renuncia del Menorca Bàsquet lo salvó de caer a la LEB Oro al final de la campaña 2011-12, que finalizó en la decimoséptima posición de la ACB.
La segunda bola extra le llegó en la 2015-16, esta vez por el ascenso frustrado del CB Tizona. Habría una tercera. En la 2019-20, el Estu marchaba penúltimo cuando la pandemia suspendió, tras 23 jornadas disputadas, la competición y la Asociación de Clubes de Baloncesto decidió que no habría descensos.
Pero la suerte estaba echada desde hacía tiempo. Demasiados tumbos. Y un año después, cayó al infierno al terminar la fase regular como penúltimo clasificado de una liga de 19 equipos y con nueve victorias en 38 partidos, una menos que el Bilbao Basket. Abrieron las puertas del infierno la derrota en la última jornada, en casa contra el San Pablo Burgos (82-88) y el triunfo de los 'hombres de negro' frente al Joventut (94-73).
Cantera (muy) prolífica
Por historia, potencial humano (su cantera es, históricamente, una de las mejores de España: Fernando Martín, Alberto Herreros, Juancho Hernangómez, Alfonso y Felipe Reyes, Carlos Jiménez, Sergio 'Chacho' Rodríguez, Darío Brizuela, por citar los tal vez más conocidos) y económico (el respaldo de un patrocinador grande) los tiros apuntaban a un añito en el infierno, al efecto rebote del que suele hablar Pablo de Amallo, presidente del Básquet Coruña.
Nada más lejos de la realidad. Cuatro temporadas de frustración. De tiros al palo, o rozándolo. En la primera de ellas, derrota (60-66) en la final de los playoffs ante el Bàsquet Girona de Marc Gasol, quien logró llevar la fase final al pabellón del club que fundó y preside.
En la segunda, KO por la vía rápida (0-3) en primera ronda de los playoffs contra el San Pablo Burgos de Diego Epifanio. A la tercera tampoco fue la vencida: 70-85 ante el Força Lleida en el duelo definitivo de la Final Four disputada el Madrid Arena.
La cuarta, también resultó muy dolorosa. Derrota por 82-86 en semifinales, en la Caja Mágica de la capital, contra el Real Betis del último fichaje del Leyma, Dino Radoncic.
Dice el refrán que no hay quinto malo. Y el Estudiantes tiene uno de los planteles más potentes de la categoría. Lo mismo que en sus cuatro primeros años en el infierno.























