Pájaros en mano
Una semana más, el deportivismo puede sentirse orgulloso de su equipo. No es que un empate sin goles sea para sacar pecho, como tampoco es que el Huesca se coma a nadie, pero nadie se come al Huesca. Al menos durante las últimas trece jornadas —que se dice pronto— así ha sido.
Óscar Gilsanz consiguió que el equipo blanquiazul apenas pasase apuros ante un rival que, inesperadamente, pelea por el ascenso directo. Un rival áspero, conservador y contundente cuando no tiene la pelota, con un par de flechas arriba Soko y Joaquín. Me suena de algo.
Es cierto que el Deportivo creó poco peligro para la ingente cantidad de tiempo que tuvo el balón en su poder. Pero sí generó suficientes acciones como para hacerse merecedor de los tres puntos. Cierto es que los goles no se merecen, los goles se hacen. Sin embargo, las sensaciones transmitidas son como para que los deportivistas vean el futuro próximo desde un prisma optimista.
El Dépor, que en el primer cuarto de partido había alcanzado un aplastante 71 por ciento de posesión, llegó al descanso con el 68 por ciento, lo que traducido en tiempo significa algo más de media hora con el balón en su poder. Es verdad que de poco valió en la ofensiva, ya que las mejores ocasiones llegaron producto de la velocidad de Mella y Soriano y no a través del ‘tiki-taka’. Eso sí, una cosa es segura cuando tienes el balón y es que mientras no está en poder de tu adversario es imposible que te marquen un gol.
Y en esas se vio Gilsanz en los minutos finales. Visto lo visto, sobre todo tras el error garrafal de José Ángel en su pase atrás hacia Barcia que enmendó —menos mal— Helton Leite, el técnico betanceiro prefirió guardar la ropa en vez de nadar. La decisión le costó algunos silbidos. Como los que en su día la parroquia coruñesa dedicaba a otros técnicos de la casa que, con buen criterio, eran fieles a agarrar un pájaro con sus manos antes que ver a un ciento volando ante ellos. Por ejemplo, Arsenio Iglesias, al que el tiempo acabó dando la razón en unos discursos y estrategias en los que primaba la cautela.
El Deportivo de Gilsanz sigue sumando. Solo ha perdido cuatro partidos de los dieciséis dirigidos por el exfabrilista. Son ya 26 —más de la mitad de los 50 que virtualizan la permanencia— de los últimos 48 puntos en juego. Algo más de la mitad. Números de cotas más altas, de palabras mayores.
