La mutación del futbolista coruñés
Los futbolistas coruñeses, o de formación coruñesa, están de moda. Hubo un tiempo, largo, casi eterno, en que apenas dieron señales de vida. A Coruña pasó de dar forma a más de un tercio del once campeón de Europa con España en 1964 a la nada más absoluta en un puñado de años. Algunos mantuvieron viva la llama en los años 70 —José Luis, Jorge, Traba, Vicente...—, pero durante la década de los 80, muchos de los mejores escogieron caminos ajenos al fútbol. Mejor no entrar en detalles. De ahí en adelante, la complejidad de alcanzar el primer equipo blanquiazul —y también su escaso interés en acabar de formarse en cesiones lejos de casa— liquidó las esperanzas de otro buen puñado de talentos.
El panorama ha cambiado. Ya sea por necesidad o por capacidad. Pero ha mudado, para bien. El Deportivo, por ejemplo, se encuentra en disposición de componer un equipo de ciertas garantías con sus canteranos y fabrilistas con contrato más allá del próximo verano. Como el anunciado ayer a las 19:06 —menos mal—, solo unas horas después —¿casualidad?— de la publicación de este diario sobre la ‘desaparición’ del jugador en cuestión. La explosión de Nico también está ayudando a esta transformación. Su gol en el Bernabéu entronca a Nico con cinco mitos. Con el sexto ya está unido desde que nació. Angeliño, Hugo Novoa, Álvaro Carreras o Lucas Taibo abandonaron el Deportivo pero llevan tiempo codeándose con la élite europea. Ya solo nos quedan dos asuntos pendientes: volver a Primera y volver a ser sede mundialista.
