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La magia sigue existiendo

El Brest no pudo dar la campanada ante el PSG. Después del 0-3 de ayer, el conjunto bretón se despedirá —quién sabe si hasta siempre— de la Champions League en el encuentro de vuelta.

Pero que le quiten lo bailado. Brest es una localidad portuaria de poco más de 140.000 habitantes. El club había vivido sus mejores momentos en los años 80. Subió por primera vez a la máxima categoría en 1979, donde jugó diez de las siguientes doce temporadas. En aquella época vistieron la camiseta Ty’ Zef —sobrenombre que reciben los habitantes de Brest— algunos grandes del fútbol galo de los años 90, como Paul Le Guen, Vincent Guérin, David Ginola, el campeón del mundo Stéphane Guivarc’h o el exdeportivista Corentin Martins. Los problemas económicos mandaron al Brest a Segunda en 1991. Al poco de iniciar la siguiente temporada, se declaró en bancarrota y dio con sus huesos en Tercera a instancias de Noël Le Graet, presidente de la Liga francesa... y del Guingamp. Su más enconado rival, sin embargo, tres décadas después le ha cedido su estadio de Roudourou para jugar la Champions, ya que su vetusto Francis-Le-Blé no cumple los requisitos de la UEFA.

A finales de los años 90, el Brest llegó a caer hasta la cuarta categoría. Hace quince años regresó a Primera. Y en 2016, de nuevo en la categoría de plata, cayó en manos de los hermanos Le Saint, Denis y Gérard, dos Ty’ Zefs que dirigen la empresa líder en Francia en la distribución de productos frescos. Ellos, brestois, han llevado a su club a la cima del fútbol. La magia, por suerte, sigue existiendo.