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El lastre de la inconsistencia

Se dejó el Deportivo varias marcas en Elda que daban lustre a lo que apuntaba a ser el despegue de un equipo cuyos defectos siempre acaban eclipsando su ambición. De nuevo se queda sin poder alcanzar la tercera victoria consecutiva. También ve truncada esa brillante racha que se iría hasta las seis jornadas sin perder lejos de Riazor. Dos registros que tienen de fondo el mismo origen: la falta de consistencia.

Es algo que no debería sorprender a nadie. El Dépor es un equipo muy nuevo todavía. En todos los sentidos. Recién ascendido y cuyas grandes estrellas, aunque brillantes como pocas, apenas suman unos meses en el fútbol profesional. Tiene la chapa demasiado inmaculada como para pensar en cotas mayores. Son las abolladuras que están llegando, y llegarán, las que aumentarán la frecuencia de los días espectaculares, hoy los menos, para ganar la regularidad que requiere una competición tan exigente como la Segunda División. 10 derrotas en 27 partidos es un dato más que significativo. A Gilsanz y los suyos —antes a los de Idiakez—, les cuesta mantener en el tiempo el nivel de concentración y ejecución que requiere la zona noble de plata. Nunca más de cuatro partidos seguidos sin perder, porque siempre acaba pasando algo.

No hay que verlo como un pecado capital, sino como parte del proceso de crecimiento de un proyecto que, quizá tras el aterrizaje forzoso en el Nuevo Pepico Amat, valore la importancia de los cimientos antes de construir castillos en el aire.