Un héroe sencillo que ya disfruta de su tierra
Carlos Arévalo ya está en casa, ya dio el pregón de las fiestas de Betanzos y puede descansar tras haber logrado un nuevo metal olímpico.
Bien merecido lo tiene, después de mucho trabajo. Habrá quien piense que ese bronce que ha traído de París no cumple las expectativas generadas, porque ganó una plata en Tokio. Pero ya se pudo ver la enorme exigencia que hubo en los Juegos de París. Así que, nada que reprocharle al bueno de Carlos Arévalo, un gran deportista y una persona excelente.
Hay pocos deportistas que generen tanta admiración y simpatía. Y eso que ya es uno de los pocos gallegos que tienen más de una medalla olímpica. Pero él sigue siendo una persona muy sencilla, que disfruta de su gente y de su pueblo. Todo un ejemplo para aquellos que han tenido la suerte de conocerle.
