El bucle
Hace ya una eternidad que el Deportivo ascendió a Segunda División. O varias eternidades que nos han entramado en un bucle que no cesa. El Deportivo triunfó aquel fin de semana que el Básquet Coruña también nos llevó al cielo, pero apenas unos días después empezó una Eurocopa que nos puso ante el televisor. Se reeditaron las epopeyas de la selección, que además ofreció sobrados motivos para que, esta vez sí, la sintiésemos como el equipo de todos, una Roja periférica y multicultural que jugó de maravilla y ganó. Lo paladeamos con gusto y lo digerimos con rapidez porque empezaban los Juegos. Roland Garros y Wimbledon estaban por ahí. Quizás hasta podemos considerarnos afortunados porque no hubo español que brillase en el Tour. A veces sienta bien una buena siesta.
La Eurocopa nos sentó bien, los Juegos Olímpicos ya estaban ahí con su sobredosis deportiva. Le ganamos a Francia en el Parque de los Príncipes, hicimos equipo con Nadalcaraz, convertimos cada medalla que se deslizó entre las manos en una cuestión de honor. Escalamos en el rocódromo y cabalgamos sobre las olas tahitianas de madrugada. Y cuando el fuego olímpico se apagó ahí estaba la Liga al acecho y Tebas con una jornada inaugural de cinco días. Vuelve la Liga, la Premier, la rutina que ahora nos quieren imponer incluso en el ferragosto. Y quienes medimos los años por temporadas empezamos a sentirnos perdidos porque todo se enlaza sin solución de continuidad y ya no sabemos si este sábado del vestuario del estadio de Riazor va a salir un saltador de longitud o Lucas Pérez.
