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Ante todo, mucha calma

El deportivismo ve hoy el precipicio del descenso mucho más cerca que el domingo a la hora del vermú. El vaivén de los resultados, mucho más en una competición tan exigente como la ‘Hypertensiones’, provoca este tipo de sensaciones de las que tanto busca apartarse Óscar Gilsanz. El foco en el camino y la prioridad construir algo en Abegondo que permanezca inalterable a lo que pasa cada fin de semana.

No es sencillo conseguirlo. Ni para los miles de aficionados que están dispuestos a ilusionarse a la mínima rendija de luz que le ofrece el equipo, ni tampoco para una plantilla que desde el verano repite el mismo mantra: “Estamos para más”. Quizá no. Pero una vez tomado un poco de espacio para ver la foto completa, unos y otros podrán reparar en lo único importante. Las matemáticas que dicen que la cifra mágica de cinco victorias que servían la semana pasada para alcanzar esa barrera de 50 puntos, sigue siendo la misma.

Lo primero que debe hacer Gilsanz esta semana después del empate ante el Huesca, que ahora parece peor de lo que realmente fue, es pedirle calma a los suyos. A todos. La cautela y la prudencia son siempre dos de las herramientas que el de Betanzos tiene a mano y tocará usarlas. El Deportivo parte de una posición de privilegio para el último tramo de la carrera por la permanencia. Recibe a muchos rivales de la zona baja, la mayoría en Riazor, y salvo contadas malas tardes ha demostrado que puede competir con cualquiera. Pero será necesario mantener esa serenidad ahora que el balón empezará a quemar. Ahora que unos jugadores que se veían a salvo del temporal, atisban en el horizonte una nueva tormenta que amenaza lo que apuntaba a un final de campaña tranquilo. La mezcla de esta situación y la juventud de muchos de los puntales del cuadro herculino no siempre da un buen resultado. Puede ser un gran máster de cara a los próximos años de su carrera profesional. Puede ser, también, una experiencia difícil de digerir si no se gestiona bien y provocar una entrada en barrena de las que, desafortunadamente, en A Coruña no son desconocidas.

Es complicado verse atraído por el barro cuando uno ya se sentía limpio, pero para un equipo recién ascendido, la hoja de ruta pocas veces no incluye el sufrimiento hasta la última jornada. Así que lo que queda es terminar de espantar los parajitos que puedan quedar rondando las cabezas y centrarse en lo inmediato. En competir y tratar de seguir sumando semana tras semana. Aunque sea punto a punto.

Uno nunca sabe cuándo va a echar de menos parte del botín que deja por el camino, a veces incluso por la tentación de ser demasiado ambicioso. La historia reciente, y la no tanto, le ha enseñado al Deportivo que cuando hay una posibilidad de romper una estadística, está encantada de reservarle un lugar especial. En 2020 ya tuvo una mención de todo menos honorífica para el descenso más caro de la historia que se llevó por delante de la mano a los blanquiazules y al Numancia. En aquella ocasión, el cuadro herculino también vivió una auténtica temporada de montaña rusa. Ahora sentenciado, ahora salvado... ahora naufragando el ‘Día D’ ante el Extremadura. La marea sube de nuevo y no está de más haber aprendido de aquellos errores para no volver a ser una excepción en la norma.