
Con la ilusión intacta pese a los casi 500 días que llevaba sin disputar un partido oficial, Álvaro Queijeiro (A Coruña, 1993) partió de inicio el pasado sábado en la convincente victoria del Atlético Arteixo ante el Gran Peña (4-1). Conocido por sus quince años en la cantera del Deportivo, el centrocampista emprendió después un camino que le llevó lejos de una Galicia a la que ahora regresa para jugar al lado de casa. “Tenía muchas ganas de volver a jugar”, reconoce el ‘21’, que durante su periodo de inactividad se planteó la retirada, pero descartó la idea por sentir que aún tiene fútbol en sus botas.
Regresa con la intención de disfrutar, pero no entiende ese verbo sin que le acompañe otro, competir. “Cuando en pretemporada hablé con el entrenador, le dije que lo primero era ver cómo estaba. Porque lo que no quería era, si no estaba físicamente o si me lesionaba mucho, estar a medias. Para eso prefería no estar. Mi incorporación solo tenía sentido si me encontraba bien y si podía aportar cosas al equipo”, enfatiza el jugador coruñés.
“Quiero disfrutar y competir. Creo que son dos cosas que van unidas. Si veo que no doy el nivel, o si el equipo no está en la pelea, no voy a estar bien. Van de la mano: mi objetivo es disfrutar porque me encanta jugar al fútbol, pero a la vez compitiendo y siendo ambiciosos. Tenemos que ir poco a poco y ver cómo sale el año, pero sin cerrarnos puertas e ir partido a partido”, añade sobre los objetivos individuales y colectivos de la temporada.
Entrenar puede esperar
A sus 32 años y tras no firmar por ningún equipo el pasado curso, el cambio del césped por los banquillos fue una posibilidad, pero sintió que aún no era el momento: “Lo tuve en mente porque saqué los cursos de entrenador y una opción que valoraba era empezar ya a entrenar. ¿Qué pasa? Que me gusta mucho el fútbol, veía partidos, seguía a amigos o gente con la que coincidí para ver dónde estaban, iba a Riazor... Todo eso me daba muchísima envidia, era lo que más me mataba. Pensaba que tenía que volver a jugar porque me apetecía, porque todavía no perdí esa ilusión de ir a entrenar cada día, de volver a competir, de que llegue el fin de semana. Entonces, mientras tenga eso, lo de entrenar puede esperar un par de años más”.
Queijeiro explica que empezó a encontrar las sensaciones tras las dos primeras semanas de pretemporada, pero que ahora está bien. “Me encuentro a ritmo del equipo y poco a poco vamos a ir todos a más”, apunta tras los 81 minutos que disputó ante el Gran Peña.
“La del otro día es una buena victoria, pero no nos podemos volver locos porque en el fútbol llega el partido siguiente y te pueden poner en tu sitio. Pero somos un equipo joven con muchas ganas de trabajar, aprender, mejorar y hacerlo bien”, transmite.
Una de las claves para su fichaje fue la buena sintonía con el técnico Posi. “Cuando hablamos por primera vez, me transmitió su idea de juego y coincide mucho con lo que a mí me gusta: ser protagonistas con balón, ir a presionar arriba, querer robar alto, atacar, hacer goles...”, recuerda.
Su trayectoria tras el Fabril (Cartagena, Melilla, San Sebastián de los Reyes, Estepona, Socuéllamos, Langreo y El Ejido) muestra que le costó encontrar su sitio —solo en el equipo de Ciudad Real, donde más cómodo se sintió, superó los 1.000 minutos en una temporada—, pero si echa la vista atrás no cambiaría casi nada.
“Tuve opciones de salir fuera de España y es algo que me quedó pendiente, porque me hubiera gustado probar esa experiencia. Pero al final me decanté por seguir aquí y no lo modificaría. Vas a sitios donde puede salir de una forma u otra, pero fui porque la gente que me llamó confiaba en mí. Por lesiones o circunstancias se dieron mejor o peor las cosas, pero no cambiaría esas decisiones”, reflexiona.
Donde siempre le salió todo bien —a excepción de cuando en la pretemporada de la 2020-21 no logró un hueco en el primer equipo— fue en el Deportivo. “El balance de aquellos años es súper positivo, estoy muy orgulloso. Soy de A Coruña, mi equipo es el Dépor y siempre lo va a ser. Tuve la suerte de estar quince años en la cantera, desde alevines, que era la primera etapa en esa época, hasta el Fabril. No me puedo quejar”, comenta Queijeiro, quien selecciona el ascenso a Segunda B y el año en el que disputaron el playoff de ascenso a la categoría de plata —él era pieza clave— como sus mejores recuerdos de blanquiazul.
Han pasado siete años desde entonces, pero dice no haber cambiado. “Me siento el mismo jugador. Vas cambiando, aprendiendo, tienes más experiencia e interpretas mejor las situaciones de juego, pero en esencia soy igual: un centrocampista al que le gusta ordenar al equipo, hacerlo jugar, sacar el balón limpio desde atrás, ir a presionar arriba... Sigo porque aún puedo aportar”, resume.
De Abegondo a Arteixo, pero aún con la ilusión de vivir alguna experiencia más sobre el terreno de juego.









