
“No es nada fácil ser finalista de 1.500 metros en un Mundial”. Andrés Díaz habla desde la experiencia. El coruñés, en el olimpo de los mejores atletas españoles en una distancia que en el país es casi una religión, lo fue en Sevilla 1999, donde acabó quinto (séptimo en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000) por detrás del marroquí Hicham El Guerrouj, el keniano Noah Ngeny y los españoles Reyes Estévez y Fermín Cacho en en la final más cara de la historia hasta la de 2022. “Hay que trabajar mucho para llegar hasta ahí”, reflexiona. Por eso confía plenamente en el viveirense Adrián Ben, que a partir de las 15.20 horas de este miércoles luchará por una medalla en Tokio. “Yo creo que de bronce para arriba”, vaticina Díaz, aunque aclara que pase lo que pase ya es un éxito lo que ha conseguido en su primer año en la distancia. Lo que sí que cree es que caerá su último récord al aire libre (le quedan el de la milla y el de pista cubierta que fue la plusmarca continental durante 22 años). “Ya se quedó a unas centésimas. Mañana batirá mi récord gallego y el año que viene irá a por el de España. Y yo le estaré animando. Porque se lo merece”, dice.
Díaz basa sus afirmaciones en dos axiomas que juntos forman la combinación ganadora: la planificación y la capacidad competitiva a nivel táctico y anímico del atleta. “Arturo Martín (entrenador de Adrián Ben) lo borda y siempre que consigue que llegue en su mejor momento a los grandes campeonatos”, afirma el coruñés, que aporta que además en esta ocasión, como le pasó a él hace veinticinco años en Sidney, era un poco más complicado al tratarse de dos citas, la del pasado y la del presente, fuera de las fechas habituales, ya entrado el mes de septiembre. “Siempre llega al 100%”, continúa, a lo que suma las propias condiciones del atleta gallego: “Su saber estar y su carácter competitivo hacen el resto. Tiene la cabeza muy bien amueblada, está muy convencido de sus posibilidades y siempre sabe plantear las carreras perfectas a nivel táctico. Las lee muy bien y encuentra todos los huecos. Lo veo además muy animado y, sobre todo, disfrutando”.

Para el coruñés, el mejor escenario para Ben en la final es que salga una carrera táctica, a un ritmo de 3:35. “Pero me parece que tal y como está de forma, le sirve lo que sea porque yo creo que él vale por debajo de la marca que llevó y él lo sabe”, analiza. “Llegó allí como el 34 en el ranking por marcas y ahora ya todos saben quién es”. Dos de los favoritos, el noruego Jakob Ingebrigsten (el que dejó al coruñés sin el récord de Europa en pista cubierta), que no llegó en forma por problemas físicos, y el norteamericano Cole Hocker, campeón olímpico, descalificado por un codazo a un rival, ya están fuera. “Para mí eran los más peligrosos”, asegura y vaticina que dada la gran igualdad, ninguno saldrá a jugársela y a lanzar la prueba, salvo los kenianos, y ve al neerlandés Niels Laros y al británico Josh Kerr como los rivales a batir. “Adrián puede ganar o puede ser sexto, pero con estar en la final ya ha cumplido”, valora.
Cambio de distancia
Andrés Díaz también empezó en 800, como Ben, y después subió al 1.500. Por eso estaba convencido en que el lucense iba a triunfar en la nueva distancia. “Él y su entrenador lo tuvieron muy claro y no es que se cambiara porque no le iba bien en el 800, no, que ya fue finalista olímpico y mundial y campeón de Europa”, recuerda, “es que estaban convencidos en que incluso iba a tener mejores resultados”. Y la adaptación ha sido rápida. “Ganó mucha resistencia en invierno y ha trabajado muy duro. Él es un atleta muy serio y además tiene un entorno que lo arropa muy bien”, destaca. Ben ya corrió en 3:31.70 este año. “Y ahora está mejor que cuando consiguió esa marca”, insiste el coruñés, que tiene el récord gallego en 3:31.48 y que hizo 3:31.83 cuando fue quinto en Sevilla, una marca que le hubiese dado el oro en siete de los doce Mundiales que se disputaron a continuación. “Los récords están para batirlos. Y me gustaría que fuera para él porque creo por su forma de ser y sus valores deportivos es alguien del que todos podemos estar orgullosos”.









