
Hace apenas dos semanas, el nombre de Iuri Tabatadze apenas decía nada en el fútbol español. En las noticias previas a su desembarco a la Segunda División se le describía como “un extremo de 25 años, internacional sub-21 con Georgia, procedente del Iberia 1999 de Tiflis”. Sus credenciales llegaban desde un campeonato lejano y poco mediático. Trece goles y tres asistencias en 26 partidos, un breve paso cedido por Eslovaquia y la etiqueta de mejor jugador de la liga georgiana en el pasado mes de mayo. Su valor de mercado no alcanzaba ni el medio millón de euros, según Transfermarkt. Prometía velocidad, carácter y versatilidad —extremo en ambas bandas o incluso lateral diestro—, pero no dejaba de ser un fichaje con más incógnitas que certezas.
El pasado 27 de agosto, el Cádiz hizo oficial su fichaje por tres temporadas. El club andaluz apostó por un jugador desconocido para el público español, aunque con condiciones, pero sin experiencia en un escenario tan exigente como Segunda División. Lo que nadie esperaba es que, en apenas dos ratos, Tabatadze se convirtiera en la sensación de la categoría.
Su estreno llegó contra el Albacete. Entró al campo en el minuto 86 con 1-1. Sin apenas tiempo se las arregló para decantar el partido. Intuyó una mala cesión en la defensa manchega, se anticipó y definió con calma en el mano a mano. Un gol de puro instinto que definió después como “un sueño hecho realidad”.
¿El buen estreno quedaría en anécdota o sería el inicio de algo más? La respuesta llegó pronto, en la visita a Anoeta contra la Real Sociedad B el pasado fin de semana. Entró al campo en el minuto 55 y poco después el filial donostiarra se puso 3-1. Y Tabatadze se encargó de dejar claro que lo de su debut no fue casualidad. Primero, conectó un disparo tremendo desde fuera del área, seco, directo a la escuadra. Después, apenas dos minutos más tarde, cazó un balón suelto en el vértice del área, le rompió la cintura a Gorka Gorosabel y soltó un zurdazo raso imparable. Dos latigazos seguidos que transformaron un partido perdido en un empate (3-3).
En total, tres goles en dos apariciones. Una irrupción fulgurante que le ha bastado para convertirse en uno de los atractivos del arranque liguero en Segunda. Y lo ha hecho, además, con un estilo propio. Tabatadze juega con las medias bajas, como su compatriota Kvaratskhelia, pero su tren superior recuerda más a otro compatriota, el luchador de la UFC Ilia Topuria. Una mezcla curiosa.
Pero lo más llamativo todavía fue su discurso posterior al duelo contra la Real B. Tras firmar el doblete, lejos de recrearse, Tabatadze fue crítico consigo mismo: “Hemos salvado un punto, pero la calidad de mi juego debería ser un poco mejor. En el próximo partido mejoraré”.
Si después de tres goles en dos ratos todavía dice que puede dar más, el siguiente en la lista, el Eibar, ya puede ir tomando nota. Tabatadze ha caído de pie en Segunda y lo ha hecho con la ambición de mantener su protagonismo en el tiempo.










