
“Uno va dándole vueltas a las situaciones de los partidos. Vamos a intentar tener una idea principal y ajustar los detalles. Tenemos una plantilla con mucho talento. Es tan importante empezar como acabar los partidos. A partir de esas situaciones queremos mejorar día a día”. Con esas palabras, en la previa ante el Mirandés, Antonio Hidalgo resumía su manera de entender el juego, con la pizarra como un organismo vivo, en constante evolución, que se mueve al ritmo de las necesidades del equipo y de los partidos.
El Deportivo está situado en puestos de ascenso directo y lo ha hecho mostrando desde el primer día esa capacidad de adaptación. El entrenador catalán ha demostrado que no se aferra a un único sistema ni a un plan inamovible. Prefiere hablar de una idea principal, a partir de la cual se despliegan ajustes, variaciones y matices que transforman al equipo según el contexto.
Esa flexibilidad se ha dejado ver en cada jornada. El Dépor que ganó en Granada no se pareció al que goleó al Mirandés, ni al que reaccionó en Leganés, ni al que sufrió contra el Burgos, ni al que doblegó al Sporting en el último suspiro. Cada partido ha ofrecido una lectura distinta, en mayor o menor media, y en todos ellos se ha percibido la exigencia que marca Hidalgo, tanto hacia sí mismo como hacia sus jugadores. “Trabajo cada día para encontrar la máxima exigencia, el máximo compromiso de mis jugadores. Tenemos margen de mejora porque así nos lo dicen los futbolistas. Queremos crecer día a día y poner el listón cada vez más alto”, insistía el técnico.
A continuación, el repaso de cómo se ha movido la pizarra deportivista en este inicio de campeonato:
Granada-Deportivo (1-3)
El estreno liguero en el Nuevo Los Cármenes presentó al Dépor con el once probado en el Teresa Herrera: Germán bajo palos; Loureiro y Escudero en los laterales; Comas y Barcia en el eje de la zaga; Gragera como pivote posicional acompañado en el centro por un Villares dinámico y con Mario Soriano un escalón por delante; y en ataque, Yeremay en su nuevo rol de segundo punta, cerca de Eddahchouri, con libertad total en toda la parcela ofensiva.
Hidalgó organizó la salida de balón con cuatro hombres: Comas, Barcia, Escudero y, según la jugada, Villares o Loureiro en el perfil derecho. La presión alta del Granada obligó a buscar con frecuencia el juego directo hacia Zaka. El esquema resultante se acercaba a un 1-4-1-3-2, con Gragera siempre como primera protección, Soriano en altura intermedia y con Villares, Luismi Cruz o Loureiro en paralelo —en función de quién acudiese al lateral derecho—.

Sin balón, el equipo copió la estructura del rival, defendiendo en 1-4-4-2. Luismi se emparejó con el lateral Diallo, hasta el punto de hundirse y formar en ocasiones una línea de cinco, mientras que Soriano se encargaba de bascular hacia el costado izquierdo. Con ventaja en el marcador y tras la expulsión local, la entrada de Patiño aportó pausa a los ataques por izquierda, asociándose con Escudero, Soriano y Yeremay para evitar el descontrol.
“No hemos empezado bien, nos robaban muy alto y hasta la pausa de hidratación no estuvimos cómodos. Luego, tras la expulsión, hicimos un gran partido”, reconocía Hidalgo, subrayando que incluso en la victoria había aspectos por mejorar.
Deportivo-Burgos (0-0)
En la segunda jornada, contra el Burgos en Riazor, Hidalgo repitió alineación. El guion fue parecido al de Granada, pero esta vez con un rival muy compacto. Luismi esta vez permaneció abierto siempre en la derecha como principal foco creativo, con Loureiro ocupando el carril intermedio para generar espacios. Sin embargo, el Burgos cerró todos los caminos interiores y obligó al Dépor a atacar siempre por fuera.
La banda izquierda, con Escudero poco profundo y Yeremay tendiendo a meterse hacia dentro, apenas produjo. Todo el peso ofensivo cayó por el otro costado. En defensa, el equipo se organizó en 1-4-4-2, aunque podía transformarse en 1-5-3-2 si Luismi se veía obligado a hundirse para tapar la amenaza rival en la derecha. Ese ajuste hacía que Soriano tuviera que cubrir muchos metros hacia el exterior en el costado contrario.

Con el paso de los minutos, Hidalgo trató de corregir. Pidió a Yeremay que se fijara más abierto en la izquierda para obligar al Burgos a dividir su atención. Más tarde, movió el banquillo: Gragera bajó entre centrales, Patiño y Escudero avanzaron un escalón y Soriano encontró más espacios entre líneas. Las entradas de Ximo y Mella aportaron profundidad por derecha y el equipo dio un paso al frente, aunque sin culminar.
“Hemos llegado al último tercio, pero nos bloquearon muchos balones. Yeremay recibió menos de lo que necesitábamos. Nos faltó cargar más por fuera y generar uno contra uno en área”, admitió el técnico.
Leganés-Deportivo (2-2)
En Butarque, Hidalgo mantuvo el bloque salvo por la entrada de Mella por Luismi y el partido se torció de inicio con el gol pepinero a los once segundos. El Leganés impuso su juego directo y al Dépor le costó responder en las disputas.
Mella actuó como carrilero puro, cerrando su banda frente a Duk. La estructura defensiva se transformaba en 1-5-3-2, con Escudero emparejado con Naim y los tres centrales en superioridad contra los dos puntas locales. En ataque, Soriano y Yeremay repartieron alturas, configurando un centro del campo con forma de rombo: Villares y Soriano en los vértices bajos, Gragera como ancla y Yeremay en la punta.

El descanso llegó con 2-0 y la necesidad de un giro radical. Hidalgo lo hizo desde el banquillo: Ximo aportó agresividad desde el lateral, Mulattieri dio continuidad en el ataque y Stoichkov apareció como segundo delantero. El dibujo mutó hacia un 1-4-4-2 con Yeremay y Mella en las bandas, ambos a pie natural. En el tramo final, el técnico fue aún más allá y juntó a los 'cuatro fantásticos', con Mella como lateral zurdo, en una apuesta ofensiva desequilibrada que sostuvieron Patiño y Soriano en la medular. El asedio dio premio con el empate.
“El planteamiento inicial nos permitió tener ocasiones, pero en el tramo final de la primera parte no estuvimos bien. En la segunda variamos estructuras y conseguimos ajustar. Con los cambios metimos todo lo que teníamos y logramos empujar”, explicó Hidalgo.
Deportivo-Sporting (1-0)
Antonio Hidalgo introdujo novedades en el duelo en Riazor contra el Sporting. Ximo y Mulattieri entraron por Comas y Zaka, mientras que Patiño sustituyó al lesionado Gragera y Luismi recuperó la titularidad por Mella, concentrado con la sub-20. El dibujo fue un 1-4-2-3-1 reconocible, con Luismi de extremo clásico gracias a la seguridad de Ximo en el lateral. Y Yeremay partió claramente desde la izquierda por primera vez de inicio en la temporada, aunque con tendencia a irse hacia dentro.
Defensivamente, el equipo se replegó en 1-4-4-2, esta vez con Soriano acompañando a Mulattieri arriba y con Yere encargado de guardar la banda. Patiño, desde el doble pivote, dio al Dépor una base de control ante un Sporting replegado. El problema estuvo en la profundidad. El equipo apenas puso avanzar con fluidez más allá de las conducciones de Soriano por dentro y las arrancadas de Ximo por fuera.

En la segunda parte, Hidalgo buscó cambios. Bajó a Soriano al doble pivote, Stoichkov ejerció de segundo punta y las bandas se activaron. Luismi desbordó por derecha con la ayuda de Ximo, mientras que por la izquierda la entrada de Quagliata dio aire y altura. De hecho, una falta provocada por el italiano acabó en el gol de Barcia, decisivo en el minuto final.
“Hemos buscado variantes. En la primera mitad nos costó superar el bloque del Sporting, que dobló lateral y nos cerró la izquierda. En la segunda encontramos más profundidad”, resumió Hidalgo.
Mirandés-Deportivo (1-5)
En Mendizorroza, ante el Mirandés, el técnico volvió a sorprender y alineó por primera vez de inicio a los 'cuatro fantásticos' —Yeremay, Soriano, Luismi y Mella— junto a Mulattieri. Con Quagliata y Mella en los carriles, el Dépor igualó la defensa de cinco del Mirandés, pero con una vocación ultraofensiva.
En salida, Barcia, Ximo y Loureiro formaban la línea de tres, mientras Quagliata y Mella volaban por fuera. Villares y Soriano empezaron formando un doble pivote al uso, mientras Luismi se liberaba en el carril intermedio derecho y Yeremay aparecía como espejo en el izquierdo. Era la primera vez que el andaluz gozaba de tanta libertad para escaparse de la banda. Por último, Mulattieri completaba el plan con un recital de apoyos de espaldas.

Los primeros minutos fueron incómodos por la presión rival. Hidalgo movió entonces a Soriano un paso más arriba y hacia la izquierda, donde encontró espacios para liderar el juego. “Con un cambio en la posición de Mario estuvimos mejor y llegó el primero”, explicó el técnico. El intercambio de posiciones entre Soriano, Luismi y Yeremay desbordó al Mirandés y el Dépor se marchó al descanso con ventaja.
En la reanudación, el rival arriesgó más y encontró la debilidad por la derecha, donde Luismi pasó a ejercer de carrilero. Con el partido abierto, Hidalgo refrescó con Zaka y Stoichkov, adelantó a Soriano y aprovechó los espacios. ¿El resultado? Un hat-trick demoledor del delantero neerlandés para sellar la goleada.
“Terminamos muy bien la segunda parte. Ellos fueron hombre a hombre y los cambios nos dieron pausa y calma”, valoró Hidalgo.
En apenas cinco jornadas, Hidalgo ha desplegado un catálogo amplio de estructuras con matices y ajustes según el contexto. Un laboratorio en continuo movimiento que refleja lo que también señalaba Mario Soriano tras el partido ante el Mirandés: “El míster pone muchísimas variantes durante los entrenamientos: línea de tres, de cinco, de cuatro… Va moviendo posiciones para que todos estén adaptados cuando llegue el partido. Tenemos que adaptarnos a todo porque somos un gran grupo con jugadores polivalentes”.
Versatilidad y exigencia. Esa es la receta de Antonio Hidalgo para un Dépor camaleónico que aspira a crecer cada semana para acercarse al objetivo del ascenso.











