
Tuvo más explicación que un simple enfrentamiento de estructuras simétricas, por supuesto. Pero no se puede obviar este detalle como una de las claves para entender la victoria por goleada del Deportivo en Vitoria. El conjunto herculino firmó el mejor partido de la ‘era Antonio Hidalgo’ precisamente la primera vez que se medía a un rival con un dibujo muy similar al que el técnico catalán está tratando de desarrollar en el Dépor.
El Mirandés es, junto al cuadro deportivista, uno de los tres equipos de la Liga Hypermotion que ha jugado en estas cinco primeras jornadas de liga con una línea defensiva que, recurrentemente, está compuesta por cinco jugadores. Los matices son amplios, pero tanto el bloque coruñés como el conjunto dirigido por Fran Justo se han estructurado en este tramo inicial de competición con una última línea conformada por un quinteto.
El dibujo es más evidente y ‘estricto’ en el caso del Mirandés y menos del Dépor, en el que el futbolista encargado de dar amplitud por la derecha —Mella o Luismi Cruz, principalmente— termina fusionándose con los cuatro zagueros. Así, con el ‘hundimiento’ de ese teórico extremo deportivista que en realidad es carrilero, se permite que el lateral diestro se convierta en tercer central. De una última línea de cuatro a otra de cinco que genera en este lateral-central la seguridad de poder quedarse con una marca interior y ‘saltar’ hacia delante con menos riesgos.
Esas pautas básicas adquieren luego un desarrollo que, en la práctica, ofrece muchos matices. Pero el hecho de tener enfrente por primera vez esta temporada un módulo táctico prácticamente idéntico ayudó al Deportivo en la presión, un arte desde el que el conjunto blanquiazul no solo encontró tres de sus cinco goles, sino que también le permitió manejar el choque de manera cómoda durante un importante tramo.
Los pupilos de Hidalgo eran fácilmente capaces de identificar su marca y emparejarse. De bailar pegados para bailar bien. El 5-3-2 local era respondido por los visitantes por un 5-2-3 en bloque alto que pasaba a ser 5-3-2 si el cuadro jabato progresaba o iniciaba el juego por su perfil derecho.
En ese contexto ‘oscilaba’ la figura de Luismi Cruz, capaz de ejercer tanto de tercer delantero como de tercer centrocampista. Por un lado, si tocaba ir arriba, el andaluz ejercía de par del central izquierdo Iker Córdoba y, a cambio, aprovechando que Mella se emparejaba con el carrilero Medrano, Ximo Navarro (el citado central-lateral) era quien ‘saltaba’ a por el tercer centrocampista local (principalmente Thiago Helguera) para que el Mirandés no tuviese un hombre libre en su sala de máquinas.
Por otro lado, cuando era preciso retroceder en defensa, Cruz pasaba a ser interior para formar un centro del campo de tres junto a Soriano y Villares. Así se relevaban las marcas y Ximo ya no debía salir de la cueva. Del 5-2-3 al 5-3-2.
El plan le salió a la perfección al Deportivo en el primer tiempo gracias a esas estructuras enfrentadas que fueron casi simétricas y generaron un emparejamiento muy ‘orgánico’. Ese encaje no desapareció incluso con las modificaciones tácticas de Fran Justo a partir del descanso, cuando renunció a un centrocampista como Helguera para dar entrada a un extremo como Pablo López.
Como anillo al dedo
La propuesta de Hidalgo funcionó en Mendizorroza por la buena ejecución propia y su adecuación al rival. Y aunque cada partido es un mundo, los enemigos aprenden y conviene no quedarse demasiado parado y evolucionar, el contrario que mañana viernes (20.30 horas) visita Riazor apunta a permitir cierta continuidad en el plan de Hidalgo. Porque enfrente estará un Huesca que tiene como base la estructura de cinco defensas.
El oscense completa, junto a Dépor y Mirandés, el trío de equipos que en este inicio de curso han jugado de manera prototípica con cinco atrás. Sergio Guilló no ha destruido las bases de Hidalgo, que el pasado curso planteaba unos comportamientos muy similares a los que ahora está enseñando el Deportivo.
El joven técnico ilicitano ha perdido a piezas importantes como Miguel Loureiro y Gerard Valentín, que encajaban a la perfección en esos roles de central-lateral y extremo-carrilero. Pero ha mantenido la apuesta por cinco futbolistas en la última línea defensiva, que ahora es más presionante que el pasado curso.
De hecho, el Huesca ha dado un paso adelante en ese sentido. Durante la etapa de Hidalgo, que logró que el equipo pelease hasta el final por meterse en el playoff de ascenso, el conjunto altoaragonés mezclaba momentos y partidos de llevar el bloque más arriba y otros de protegerse más. Mientras, en este comienzo de campaña, el bloque de Guilló ha destacado por su agresiva presión. No solo por la altura de sus líneas, sino por el acoso en los duelos y las persecuciones que desarrolla.
Así, el 5-2-2-1 (o 5-2-3) con el que suele estructurarse de partida se modifica cuando el contrario saca el balón jugado desde atrás. En esa circunstancia de juego, el cuadro azulgrana apuesta prácticamente por emparejar futbolistas, incluso a costa de, en ocasiones, quedarse mano a mano en la última línea. Esa apuesta le ha jugado malas pasadas, como el gol encajado ante el Eibar en El Alcoraz. Pero también le ha permitido conformarse como un equipo muy incómodo a la hora de atacar. Así lo atestiguan sus cuatro goles en contra en cinco partidos, con porterías a cero contra el Mirandés a domicilio (0-1) y el pasado sábado en casa contra el Málaga (1-0).
Mientras, en ataque, el Huesca mezcla juego asociativo y directo. Arriesga con más asociaciones interiores, aunque principalmente sus combinaciones más cortas pretenden atraer al rival para jugar al espacio. La verticalidad sigue siendo la seña de identidad de un equipo que, por estructura, puede volver a encajar como anillo al dedo al plan del Dépor con Luismi y Soriano de interiores y Mella de carrilero, pero segureo le planteará otras nuevas ecuaciones a resolver.









