
El hombre del verano en clave deportivista y uno de los nombres más citados a nivel mundial en las numerosísimas informaciones que envuelven el mercado de fichajes. A Yeremay Hernández Cubas le han debido de pitar mucho los oídos en los últimos dos meses. Tanto que no ha arrancado la liga con la exuberancia que se espera de un talento que todavía busca su sitio en el nuevo Deportivo, en el que Antonio Hidalgo trata de encontrarle su mejor rol. No solo para que mantenga su rendimiento, sino para que pueda dar un paso más y continuar con la imparable evolución que explotó hace apenas dos años.
En la pequeña muestra inicial se ha visto a un ‘Yere’ más incómodo. Con menos artificio. Pero, ¿es cosa propia o del colectivo? ¿Está jugando en su posición adecuada? ¿Tanto cambia lo que le pide Hidalgo con respecto a la función que le hizo convertirse en el amo de llaves del equipo? Respuestas a preguntas que no son simples exigen un análisis exhausto. No mirar la foto fija actual, sino observar la situación con cierta retrospectiva y entender que el ‘caso Yere’ es complejo, como las personas. Que tiene muchas aristas.
Quizá para entender la situación que se presenta a inicios de septiembre habría que remontarse a junio. Exhausto física y mentalmente, el talentoso canterano del Deportivo dejó la concentración de la selección española a las puertas de la Eurocopa sub-21 para terminar de cuidar una rodilla que le había dado la lata durante el curso. Su retiro canario debía alejarle del ruido, pero la insistencia del Como en su fichaje, unido al interés de numerosos clubes en el prólogo de la apertura de la ventana de traspasos veraniega, no hizo sino alimentar el eco de su nombre. El chico, tentado por millones y promesas de proyectos grandilocuentes, acabó desechando todo y reforzando su contracultural unión con el Dépor.
Nueva subida de sueldo, nueva subida de cláusula y nueva subida de estatus. Alcanzado ya un nivel en el que el dinero no tiene por qué ser prioridad, el ‘10’ blanquiazul desoyó los cantos de sirena y primó su estabilidad, su felicidad y sus anhelos.
“¿Cómo no me voy a quedar? Claro que me quedo. Solo hay un lugar en el mundo en el que me sienta como aquí, en Canarias. Ese lugar es A Coruña, es el Dépor”, aseguraba el deportista en el vídeo en el que se anunciaba la consolidación del estrecho vínculo entre el chico y el club. “Mi sueño siempre fue jugar en Primera División, pero desde que llegué a A Coruña, ese sueño ha cambiado: ahora mi mayor deseo es ayudar al equipo que me lo ha dado todo a volver a Primera”, explicaba luego Yere en un texto publicado en sus redes personales en las que reconocía sentirse “agradecido de por vida a toda la gente del Dépor”.
Así, todavía a mediados de junio, Yeremay Hernández y el Deportivo acababan de golpe y porrazo con cualquier rumor para afrontar un verano con estabilidad. Sin embargo, el deseo del jugador y del club tan solo fue realidad durante unas pocas semanas. Porque en agosto, el runrún volvió a aparecer. Y casi con más fuerza que nunca. El Sporting Clube de Portugal apareció en escena para convertir a Yere en una de sus estrellas emergentes. Con dinero fresco por la venta de Gyokeres al Arsenal, la insistencia de los de Lisboa se tradujo en hasta 35 millones. Una cantidad astronómica, pero insuficiente para el Deportivo, que se negó a negociar con el beneplácito del canario.
Pero una cosa es tener una decisión tomada y otra muy diferente ser impermeable a la tentación y al ruido. Lo ilustró muy bien Diego Villares, que salió tras el primer encuentro oficial en casa a proteger al canario: "Necesitamos que acabe todo esto porque para nadie es bueno que se hable tanto de él. Creo que Yere tiene la cabeza centrada aquí y necesitamos dejar de loquearlo por todas partes".
Yeremay solo quería jugar a la pelota. Y hacerlo vestido de blanquiazul. Pero consolidado como absoluto líder futbolístico del Dépor y estrella principal de la Liga Hypermotion, debía trabajar en asimilar las nuevas ideas de Antonio Hidalgo. Demasiado mejunje cuando, además, debes poner el ‘modo avión’ para aislarte del barullo externo.
Así, en estos primeros tres partidos de liga, Yeremay Hernández apenas ha sonreído dentro del césped. Responsabilizado con la carga de una mochila excesiva para un joven de 22 años, se ha visto a un futbolista menos participativo y, por ende, con menos incidencia en un juego que él capitalizaba el pasado curso, cuando confirmó la evolución que ya había empezado a apuntar en la temporada del ascenso desde Primera Federación.
Durante aquella temporada en la que una fractura en el peroné le apartó del balón durante buena parte de la primera vuelta, Hernández pasó de ser un extremo muy pegado a la cal enfocado al desborde a un futbolista con mucha más presencia en el carril central. Imanol Idiakez supo ver que otorgarle libertad no solo para eliminar rivales pegado a la cal, sino para influir por dentro le iba a mejorar como futbolista e iba a mejorar al colectivo.
‘Yere’ volvía a recuperar parte de la esencia del jugador interior que era cuando llegó al Deportivo, en el que fue escorando su posición conforme pasaban los años y el físico iba negándole alguna de las oportunidades que el talento le multiplicaba con creces. “Lo de fuera lo tiene, tiene ese desborde natural, pero limitar a eso a un jugador con tanto talento y tan creativo... Un jugador que desborda rivales con tanta facilidad y que solo esté por fuera me parece perder recursos para el equipo. Que podamos jugar con él más abierto o más por dentro en función de los compañeros da recursos”, explicaba el técnico vasco en una entrevista en AS.
Tras el ascenso, el desarrollo continuó. Primero con Idiakez y luego con Gilsanz. Yeremay Hernández seguía siendo extremo. Extremo izquierdo. Pero cada vez aparecía más por dentro, donde el técnico betanceiro le veía también más techo y capacidad para influir en el juego y el resultado. Tiene lógica, pues la portería no está en las esquinas y aunque la densidad crece en esa zona, Yere domina el arte de esquivar la congestión.
Esa tendencia se reflejó el pasado curso, en el que Yeremay engrosó sus cifras -20 tantos producidos entre goles y asistencias-, fruto de una enorme capacidad para aparecer en la zona definitivo del campo y finalizar. Pero también potenció su juego. Nadie intentó más regates en Segunda División y solo Lamine Yamal promedió más tentativas de desborde en las primeras y segundas categorías de las potencias futbolísticas.
Además, el canario creció en cuanto a participación. Recibió más de 26 pases por partido, ejecutó sobre 32 y promedió uno de ellos como clave -asistencia a remate de un compañero-. Conectó más en el tercio final en un equipo que jugaba para él y para Mario Soriano y en el que Rafa Obrador daba una altura al carril izquierdo que permitía al Deportivo amenazar por ese pasillo sin necesidad de que Yere estuviese pisándolo constantemente.
¿Qué ha cambiado?
Es evidente que Yeremay Hernández todavía no ha alcanzado el rendimiento que ofreció el pasado curso. Pero quizá sea demasiado pronto para sacar conclusiones. Por un lado, por la compleja situación con la que ha tenido que lidiar. Por el otro, porque Antonio Hidalgo todavía está cimentando las bases de un equipo que mantiene su núcleo con el canario, Mario Soriano y Villares, pero que ha cambiado el resto satélites. No es un tema menor, pues un futbolista siempre es la suma de él mismo como individuo y de lo que lo rodea.

A lo largo de su carrera en los banquillos, Antonio Hidalgo siempre ha apostado por disponer de dos futbolistas muy abiertos en fase ofensiva. Uno en cada extremo del campo. Los nombres y las posiciones varían, pero no la tendencia. En su Deportivo, ese rol lo ha venido desarrollando en la derecha el teórico extremo. Más allá de los lógicos intercambios posicionales, la tendencia en el equipo blanquiazul pasa por ubicar ahí a Luismi Cruz o a David Mella, encargados luego de hundirse hasta fusionarse con la línea defensiva si su par coge altura.
Si el candidato a abrir el campo en la diestra está claro, más problemas hay en la izquierda. Por ahí asoma un Sergio Escudero que, a estas alturas de su carrera, no dispone de las condiciones para ser una amenaza profunda en ese carril. El vallisoletano sigue siendo lateral, pero en su último ascenso con el Pucela ya destacó en una función de ‘segundo mediocentro’ con balón. Escudero disfruta por dentro y sufre por fuera, más allá de que mantiene intacta su capacidad para colocar buenos balones en el área prácticamente desde cualquier punto cardinal del 105x68.
"Sobre la posición, él sabe que tiene libertad. Le quiero ayudar muchísimo a que pueda entender el juego y dónde él puede ser más determinante. Es una cuestión de ocupación de espacios. Al final, el rigor y el orden, contrarrestar o poder soportar diferentes situaciones es en lo que nos estamos ocupando. En unos momentos de partido la ocupación es mejor que en otras. Es una evolución y le doy vueltas a cómo nuestros mejores jugadores pueden estar más cómodos. Cuantas más variantes tengamos, más difíciles seremos de descifrar para los rivales", explicaba Hidalgo hace unos días sobre el puesto del canario y la profundidad en ese pasillo.
Sin un lateral que genere incertidumbre por ese costado y con un juego asociativo que no ha terminado de ser fluido desde atrás, el actual Deportivo está sufriendo para encontrar a Yeremay Hernández, al que Hidalgo le está ubicando en un rol más cercano al de segundo punta. No tanto en ataque, fase en la que el canario tiene libertad para intercambiarse la posición con Mario Soriano, pero sí en defensa.
Ese puesto permite exigirle menos desgaste a nivel defensivo y, sobre todo, ayuda a disponer del ‘10’ como un futbolista descolgado tras pérdida. Montar el contragolpe mirando hacia delante con la seguridad de poder conectar con el futbolista más capaz de guardar la pelota, devolverla o girar. Yeremay para darle continuidad a la transición y poner al equipo a atacar de cara a portería rival, faceta en la que sobresalió en Granada.

Ese rol de segundo punta varió en la segunda parte ante el Burgos, donde el staff del Deportivo detectó la necesidad de sumar amenaza por fuera y mandó a la siniestra a Yeremay hasta la entrada final de Quagliata. Mientras, en la segunda parte en Leganés, el canario cayó de nuevo por fuera. Primero a la derecha, luego a la izquierda, para potenciar el juego exterior con Mella en su retaguardia.
Han sido las diferentes funciones de un Yeremay al que Hidalgo apunta querer enfocarlo más un poco más al gol y un poco menos a la construcción. Así lo dicen los números, como también los datos reflejan que el canario ocupa, a grandes rasgos, zonas muy similares al pasado curso. Quizá lo único que ha cambiado es una cabeza que necesita terminar de limpiarse –“contento con el gol de Yere, que le dará tranquilidad”, dijo Hidalgo tras el choque de Butarque-, unas relaciones cercanas que deben optimizarle y un equipo que todavía busca encontrar su identidad con balón.









