
Inolvidable Miroslav Djukic (Sabac, 1966), que es mucho más que un penalti fallado. En un once ideal de la historia del Deportivo pocos le podrían discutir un lugar en la zaga. Hoy estará en Riazor para ver a dos equipos con los que mantiene un vínculo porque también entrenó 21 partidos al Sporting en la temporada 2019-20. Desde entonces no trabaja en España, pero se mantiene ocupado y sigue suscitando admiración allá por donde va. No hace mucho estuvo en Manchester y visitó la ciudad deportiva del City. Pep Guardiola se llevó una sorpresa. “¡Ostras!, Djukic. Lo que daría ahora por tener en mi equipo un defensa que sacaba el balón de atrás como tú”, le espetó. Lo que le piden ahora a los centrales en 2025 ya lo hacía él en 1995. Aunque Arsenio a veces torcía el gesto. “Ya no hay entrenadores como él”, le elogia durante una visita a la Redacción de DXT Campeón.
Mucha gente en A Coruña no recuerda que en realidad usted ganó una Liga
Bueno, sí... No fue desgraciadamente con el Deportivo, pero sí con el Valencia. Pero aquí en A Coruña hicimos grandes cosas también. Ganamos Copa, Supercopa... No es fácil y ahora parece imposible que algo así pueda ocurrir, que equipos como el Dépor o el Valencia se impongan a Madrid o Barça. Ahora es mucho más previsible todo y los que invierten más son los que normalmente ganan los títulos.
¿Suele venir mucho por la ciudad?
Me gusta hacerlo. El vínculo es muy grande y muchos los amigos, así que mi mujer y yo venimos a menudo. Mi hijo pequeño es de Coruña. Tenemos muy buenos recuerdos. Y ahora que no estoy ejerciendo como entrenador puedo hacerlo.
No le dirán que ya es mayor para entrenar... Aunque cuando llegó aquí se encontró con Arsenio y ahora los clubs buscan perfiles de técnicos jóvenes. No se estila la figura del entrenador maestro.
Es así, pero yo creo que la experiencia es importante, ¿no? En el fútbol y en el mundo de entrenadores. Pero bueno, ahora mismo se lleva a esto de tener técnicos jóvenes como si un entrenador con experiencia no estuviese actualizado. Y también tengo la sensación de que en el fútbol español hay como unas pautas por las que si no practicas un determinado tipo de juego tu propia gente te silba. Tienes que practicar ese fútbol de apretar, salir desde atrás, el famoso tikitaka... Esto de los entrenadores es la leche porque igual uno se tira veinte años entrenando y luego te pasas tres años en blanco. Pero lo importante es confiar en ti mismo y siempre fui una persona equilibrada, o sea que ni cuando me decían que soy un fenómeno me lo creía, ni cuando me decían que no tengo ni idea me lo creía o me hacía daño.
El fútbol va por tendencias y evoluciones. Ahora el trabajo de los centrales es muy diferente ahora al de cuando usted llegó al Deportivo, pero justo Djukic es el que mostró ese estilo que ahora tanto se demanda.
Y a Arsenio le daba un poco de dolor de cabeza porque yo quería salir desde atrás o quería driblar en al área (risas). Creo que nací en la época equivocada para ganar más dinero, jajajaja. Pero no me quejo. Soy un hombre afortunado. Siempre digo que los presidentes me pagaban por jugar al fútbol, pero no sabían que yo en realidad hubiera jugado gratis.
¡Qué no se entere Lendoiro!
(Risas) Ya... Pero hablando sobre los entrenadores yo no creo que haya que dividirlos entre viejos y no viejos sino entre buenos y no tan buenos. Yo me considero un joven porque tengo ese espíritu. No me considero un entrenador viejo.
¿Cómo es Sabac?
Es una ciudad relativamente pequeña, de unos 70.000 habitantes. No muy conocida. Pero es como cuando me preguntan de donde soy y digo que soy serbio. Si digo Novak Djokovic pues ya nos ubican mejor. Pues en Sabac lo que decíamos cuando yo era joven era Metaloplástika
El equipo de balonmano. Campeones de todo
Ese. Ahí la gente ya sabía.
Aquí pasó algo parecido gracias a gente como usted. A Coruña empezó a identificarse por el Deportivo
Claro. Eso es muy bonito. Yo en aquella época que me vine aquí tampoco quería venir así de primeras porque el equipo estaba en Segunda y eso. Ya estaba en Belgrado jugando y empezaba a ser un jugador conocido. Empezaban a llegar ofertas, me acuerdo que el PSG, que aún no era tan grande como ahora, estaba interesado. Pero hablé con Stojadinovic y Kanatlarovski, que ya estaban en el Dépor, y me dijeron que se trataba de un equipo con muchas posibilidades, que querían subir a Primera y todo eso. Y decidí venirme. Fue un acierto tremendo.
Sobre su llegada al Deportivo hay varias leyendas. La de que trabajaba con una excavadora en Yugoslavia antes de venirse.
Eso era en Sabac, jugaba como en una quinta división antes de que me fichase el FK Rad, que era de Belgrado, en Segunda. Allí ya era profesional del fútbol. Le di un disgusto a mi padre cuando le dije que tenía que abandonar el trabajo de conductor de máquina excavadora. Al segundo año allí ya era capitán y como podían ir dos mayores a la selección sub-21 me convocaban también. Éramos Savicevic [que después fue estrella en el Milan] y yo.
Y Ballesta le vio jugar en el Rad. La otra leyenda es que no iba a verle a usted
Es así. Él fue a Belgrado a ver a Ilija Najdovski, que después jugó en el Valladolid...
Que daba unas buenas patadas.
Si, si. Muy duro, incluso violento. En el Estrella Roja él era el marcador y Belodedici el líbero. Pero Ballesta fue a verme jugar y en aquel partido contra el Olimpia de Ljubljana ocurrieron algunas cosas raras. El entrenador me puso a jugar de mediocentro, pero al cuarto de hora mi sustituto había cometido dos errores y perdíamos dos a cero. Lo cambió y me puso a mi atrás. Ballesta luego ya me siguió en algún partido más.

Y lo demás es historia.
Bueno, lo que quizás no saben es que el Dépor tenía mucha prisa por cerrar mi fichaje...
Tenían que inscribirle antes de las cinco últimas jornadas y el equipo se estaba jugando el ascenso a Primera tras casi veinte años sin catarla.
Claro. Y me fichan, pero en el último partido que juego en Yugoslavia me dan un golpe tremendo. Había tanto apuro que llegué aquí y firmé sin pasar el reconocimiento médico. Tenía una molestia tremenda. Me vendé y a jugar. Al día siguiente me descubren que tenía una fisurita en un pie. Y en el club decían: "Ostras, pero como fichamos a este...". Pero jugué igual el resto de partidos con Albistegui y Lasarte de centrales y yo de líbero. Ascendimos. Aquello fue una cosa impresionante. El campo lleno, el incendio... La verdad que me pasaron cosas extraordinarias y que quedan grabadas para toda la vida.
Lo extraordinario es que varios de aquellos futbolistas que subieron de Segunda se instalaron luego con el equipo en la élite europea.
Me adapté muy rápido al fútbol español. Los serbios solemos hacerlo porque el fútbol español porque es de una mentalidad muy abierta. Son equipos a los que les gusta jugar el fútbol y nosotros también somos así. Y fuimos creciendo todos juntos. El primer año sufrimos para mantenernos. El famoso partido en campo del Betis...
Cuanto sufrimos, Martín... ¿Qué recuerda de aquella noche?
Me acuerdo sobre todo de la tensión de los días anteriores y de un altercado en uno de los últimos entrenamientos antes de viajar. Le hice una entrada fuerte a Pello Uralde y nos encaramos. Aspiazu le reclamó a Arsenio y el míster lo echó del entrenamiento. Arsenio sabía que yo era un jugador importante en el equipo y que tenía una mentalidad guerrera, de no conformarme. Y él quería hambre, no le gustaba el conformismo. Para mí aquel partido que jugamos en Sevilla es el más importante que tuve en el Deportivo. Si descendemos quien sabe si no hubiésemos pasado otros veinte años en Segunda División. Fue clave.
Y llegaron Mauro y Bebeto. La cosa cambió
Vino gente con mucha calidad, pero también con esa hambre que quería Arsenio. Cuando llegaron Mauro y Bebeto yo le hacía bromas a Mariano, que entrenaba con tacos largos y de pronto de puso tacos de goma y empezó a tocar el balón. Nadie se quería quedar atrás. Vinieron futbolistas muy buenos y todos nos íbamos contagiando de la calidad del de al lado.
¿Cómo era jugar con Voro y Ribera a los costados?
Eran sobre todo jugadores inteligentes. Sabían lo que tenían que hacer y lo ejecutaban a la perfección: robar el balón y entregarlo.
Usted tenía una buena relación con Fran.
Muy buena. Pero es que además era un futbolista impresionante. Era mucho mejor jugador de lo que la gente piensa, de lo que se dice. Lo que pasa es que a Fran no quería ser un líder. Quería jugar y ganar en cada pachanga, inteligente, con calidad. Bebeto y Claudio vivían de sus pases. Para mí era el mejor. Éramos un grupo muy competitivo e incluso los inconvenientes como aquellos recorridos en autobús para ir a entrenar a la Grela o a la Torre los convertimos en algo positivo, en un momento para estar juntos, bromear, meternos unos con otros.
Todo aquel gran momento suyo en A Coruña coincidió con una tragedia en su tierra, la guerra que llegó tras el desmembramiento de Yugoslavia.
Nos afectó en un momento en el que había una generación de futbolistas excepcionales, pero yo no tenía problemas con ninguno, con croatas o con bosnios. Nos llevábamos bien y lo pasamos mal. Había sanciones y la selección no podía competir. Estábamos pendientes de nuestras familias, claro.
Luego jugó uno de los partidos más tensos de la historia, un Croacia-Serbia en el estadio Maksimir, en Zagreb con García-Aranda, el árbitro de la final de Copa del 95.
Es verdad. Con la clasificación en juego para la Eurocopa del 2000. Expulsó a un compañero y jugamos mucho tiempo con diez. Empate a dos, ¿no? Muchísima rivalidad, claro. Si juegas en ambientes así ya puedes jugar en cualquier sitio que te pongan.
¿Le dolió su salida del Deportivo?
Sí. Yo esperaba que las diferencias que teníamos para renovar el contrato se resolviesen. Y tampoco tenía 21, sino 31. Teníamos que irnos toda la familia y recuerdo perfectamente el día que nos íbamos. Nos daba muchísima pena dejar Coruña. Pero la vida es así. Al final también estuvimos muy bien en Valencia y la vida sigue. También en aquella época ya era todo diferente. Arsenio ya no estaba. No llegamos a un acuerdo y yo pensaba que me tenían que valorar más y al final dices “si no me queréis me marcho y ya está”.
De aquella época muchos de los jugadores del Dépor acabaron como entrenadores. Y ninguno regresó al Deportivo. Apenas José Ramón estuvo en el Juvenil poco tiempo...
La política del club no es de exjugadores. Fue por otro camino. Y lo respeto. No hay ningún problema.
Queda el cariño al club, a la ciudad, a su gente...
SI, si. Yo aquí siempre me he sentido querido y es una ciudad que siempre querré. Y los amigos que tengo aquí no los puedo olvidar nunca. Cada fin de semana miras lo que ha hecho el equipo. Siempre será un equipo de Primera. No concibo otra cosa. Podía jugar en Tercera y venían 25.000 personas al campo. ¿Cómo es posible? ¿Cómo pueden ocurrir esas cosas? Pues porque el Dépor es un club muy grande. Lo que tenemos que saber es que será muy complicado volver a tener aquellos éxitos. Ahora todo está aún más influenciado por los presupuestos y competir con los grandes es difícil.
Hemos intentado no hablar de lo que todo el mundo pensaría que tendríamos que hablar...
¡Pero no pasa nada por hacerlo! El penalti es parte de mi vida. Ni puedo ni me intento esconder. Forma parte de mi pasado, pero tampoco me puedo martillear con eso. No he querido verlo muchas veces tampoco. Me pesan mucho más los recuerdos bonitos. Y personalmente soy consciente de que en Coruña y el Deportivo hice muchísimas cosas más que fallar un penalti.











