
"Aunque no des asistencias o goles, puedes jugar igual de bien". Mario Soriano lo aseguró con una sonrisa después de la goleada en Mendizorroza al Mirandés (1-5). No lo dijo para justificarse porque precisamente había firmado tres asistencias y también había participado en el último gol de la tarde. Lo dijo para subrayar una idea que explica lo que es como futbolista y que su juego va más allá de las estadísticas. El mediapunta del Deportivo no necesita cifras para brillar porque sus virtudes se demuestran en la lectura de cada jugada, en la interpretación del espacio, en la manera de repetir esfuerzos de forma constante y en la forma de dirigir sobre el césped.
Lo paradójico es que, en este arranque de temporada, también los números se han puesto de su parte. Ha intervenido en siete de los once goles que suma el Dépor en la Liga. Un porcentaje altísimo (63%) que refuerza, con hechos, la trascendencia que tiene el exfutbolista del Atlético. Soriano no busca solo engordar su estadística, pero los datos terminan también de completar el retrato de su juego. Es, con apenas 23 años, el futbolista total del Deportivo.
"Yo siempre digo que, cuando uno ve los partidos, el que sabe de fútbol sabe que los jugadores que a lo mejor no dan asistencias o goles pueden jugar igual de bien. Eso marca mucho el partido y los datos de uno, pero igual en otro partido no hago asistencias ni goles y, a lo mejor, lo he hecho mejor que hoy", apuntó tras el partido en Vitoria.
Sin embargo, raro es el partido en el que Soriano no tiene incidencia directa en los goles, aunque las bases de datos todavía no lo cuantifiquen todo. Su primer tanto, y único por el momento, llegó en Granada, en el debut liguero. Fue el gol que inauguró la cuenta del equipo coruñés en el Nuevo Los Cármenes y en la Liga 2025-26, culminando con un zurdazo cruzado una jugada magistral repleta de fantasía, con taconazos de Yeremay y Eddachhouri incluidos. Contra el Mirandés firmó las tres asistencias que suma hasta el momento. La primera, con un pase filtrado perfecto para Luismi Cruz tras temporizar en la frontal. La segunda, tras un robo a Hugo Novoa que acabó con definición potente de Eddahchouri. Y la tercera, con una devolución precisa al delantero neerlandés para que rematase el balón a la red casi a placer.
Además de las estadísticas que recoge cualquier base de datos, Soriano también participó en el 1-5 al Mirandés. Recibió un envío de Patiño en tres cuartos y, en un solo movimiento, combinó el control orientado, el giro de su cuerpo y el pase con el exterior a Escudero, que habilitó después a Zaka. En Granada, tras su gol, también participó en el 0-2. De nuevo fue el autor del robo, esta vez a Pablo Sáenz, y comenzó la jugada con una apertura a banda, donde se desencadenó la asistencia de Luismi y el trallazo de Zaka. Y en Butarque, ante el Leganés, recogió una descarga de Mulattieri, jugó una pared con Stoichkov y abrió a banda para Yeremay, todo con la sexta marcha puesta. Después, el '10' vio el desdoblamiento de Mella, que puso un gran centro para el remate de 'Mula'.
La clase magistral de Mendizorroza
El encuentro contra el Mirandés retrató su influencia una vez más. Antonio Hidalgo lo situó de inicio en el doble pivote junto a Diego Villares, pero apenas tardó diez minutos en corregir su posición. Soriano se escalonó un paso más arriba y se escoró hacia el sector izquierdo. A partir de ahí, el Deportivo comenzó a fluir al son de Mario. "Hemos salido muy ofensivos, conmigo de interior y Villares de ‘6’. La idea, como se ha visto, era movernos e intercambiar posiciones con Yere y Luismi", comentó tras el partido. Y así fue. Soriano, como tantas otras veces, se multiplicó para ser el receptor casi en los primeros pasos de la salida de balón, para ser luego el acelerador de la jugada con conducciones o pases que superaron líneas y también para ser el enganche clásico con mira telescópica en el pie.
El primer gol llegó tras su pausa en la frontal. Esperó a que Luismi atacara el espacio y le filtró el pase perfecto. Su segunda asistencia nació de su presión y robo en campo contrario. Y la tercera, ya jugando más adelantado, tras una devolución rápida en una contra de libro. La demostración de que maneja multitud de registros.
Más allá de las jugadas de gol, su partido fue una lección táctica. Ofrecimiento constante en la base para dar salida limpia, conducciones para superar líneas de presión, asociaciones rápidas con Yeremay y Luismi y su interpretación del juego habitual para detectar siempre el lugar donde poder recibir o hacer daño.
Además, el planteamiento de Hidalgo facilitó la exhibición de Soriano y compañía por dentro. Quagliata y Mella dieron amplitud al campo como carrileros-extremos y generaron el espacio suficiente para que Mario, Yere y Luismi disfrutaran como niños por dentro.
Indiscutible para todos los entrenadores
El gran momento de Soriano no es un fenómeno pasajero ni un pico de forma. Desde que aterrizó en A Coruña, todos los entrenadores le han dado un rol capital. Borja Jiménez le dio importancia muy joven en Primera Federación. Óscar Cano y Rubén de la Barrera lo mantuvieron como pieza angular, en ocasiones partiendo desde la banda y en otras en zonas más centradas. Ya en Segunda, cedido en el Eibar, Joseba Etxeberria lo situó como mediapunta en un ataque de nivel con Stoichkov en un costado, Aketxe en otro y Jon Bautista en punta, en un curso en el que los armeros rozaron el ascenso en el playoff. De vuelta en el Dépor, Imanol Idiakez y Óscar Gilsanz también lo convirtieron en titular indiscutible. Y ahora Antonio Hidalgo va por el mismo camino. En apenas cinco partidos, lo ha desginado como su prolongación sobre el césped.
Con solo 23 años, su historial ya habla por sí solo. Todos sus entrenadores han confiado ciegamente en él. No es casualidad. Soriano tiene el mapa del juego en la cabeza y lo transmite al resto. Marca el ritmo, ordena, corrige, acelera o pausa según la necesidad. Es el 'jefecito' del Dépor. Además, su fiabilidad es absoluta. No baja el nivel, no pide descanso, no se esconde. Siempre está.
Fiabilidad física, rumbo a los 3.000
Esa regularidad se explica en gran parte por su físico. Soriano lleva tres temporadas consecutivas superando los 3.000 minutos. Y va camino de una cuarta. No se lesiona, no recibe sanciones, no necesita ser sustituido. Todo comenzó en el confinamiento, cuando su hermano Daniel se convirtió en su mentor. "Si quieres llegar al fútbol de élite, a jugar partidos cada tres días, tienes que trabajar todo al detalle en tu cuerpo, en la alimentación, en el descanso…", confesó el propio Soriano. Recordaba cómo, en su etapa en el Atlético, notaba calambres en los gemelos en el minuto 60 de los partidos de la Youth League. "Probé 50.000 cosas y nada servía. Hasta que empecé a hacer caso a mi hermano y di un giro radical". Desde entonces, controla cada detalle. Esa disciplina le ha convertido en una máquina capaz de repetir esfuerzos de alta intensidad sin perder precisión técnica.
Hoy es un motor inagotable. Su físico no se mide en altura o potencia, sino en resistencia, agilidad y capacidad para mantener la frescura durante 90 minutos. Combina ese despliegue con su talento natural, lo que lo convierte en un futbolista total. Puede ser oxígeno en salida, acelerador en conducción o generador de ventajas en el último pase. Y todo ello, además, con un impacto tangible. En este inicio ya suma un gol, tres asistencias, y tres participaciones clave en otros tantos. Siete de once goles del Dépor llevan su huella.
Mario Soriano no necesita los números para brillar, pero hasta los datos confirman lo que significa para el Deportivo. Sus cifras actuales lo sitúan de nuevo como el núcleo del equipo. Su partido en Mendizorroza estuvo a la altura del sobresaliente colectivo, pero no es una excepción, es la norma en un futbolista que repite rendimiento cada fin de semana. Todos los entrenadores que lo dirigieron lo convirtieron en pieza clave y Antonio Hidalgo no ha tardado en hacer lo mismo. Con un físico cuidado al detalle y una mente privilegiada para interpretar el juego, Soriano se ha convertido en el futbolista total del Deportivo.
Lo dijo él mismo. "El que sabe de fútbol sabe que los jugadores que a lo mejor no dan asistencias o goles pueden jugar igual de bien". Y, sin embargo, en este arranque, tiene ambas cosas. El brillo que solo se aprecia viendo los partidos y las estadísticas que lo respaldan. Más allá de la frialdad de los datos, Mario Soriano es el motor, el mando y la brújula del Dépor. Y parece que Antonio Hidalgo piensa lo mismo.









