
La ola, aquel invento que el fútbol europeo conoció a través del Mundial celebrado en México en 1986, es el termómetro de una afición. A veces refleja fiebre, como aquella que se hizo para celebrar una salvación en Primera División y desató alguna jaqueca. En otras ocasiones es un indicador más fiel del saludable estado de un club. Ayer mediada la segunda parte volvió la ola a Riazor, donde se ha declarado el estado de felicidad, el que tiene Juan Carlos Escotet, presidente del club. No acude al palco de Tribuna sino al que tiene en Preferencia. Y allí se siente liberado para alzarse cuando sube la marea.
Escotet disfrutó del partido, del triunfo y de verse con el equipo en lo alto de la tabla de Segunda División, donde no estaba desde 2014. Aunque sea un liderato con asterisco porque está pendiente del resultado que obtenga el Racing de Santander en Córdoba el próximo domingo en un partido que comienza a las nueve de la noche.
Al margen de las andanzas ajenas, lo evidente es que el Deportivo suma 14 puntos de 18 posibles y nadie le ha derrotado en las seis primeras jornadas. Así que todos estamos legitimados para hacer la ola. También el presidente.











