
La atención en este arranque de temporada del Deportivo se ha centrado sobre todo en la producción ofensiva. El equipo coruñés ha firmado quince goles en seis jornadas, un registro que lo coloca entre los más anotadores de la categoría. Jugadores de talento como los ‘cuatro fantásticos’, además de los delanteros Samuele Mulattieri y Zakaria Eddahchouri, han captado la mayoría de los titulares por su pegada y capacidad de desequilibrio. Sin embargo, en el otro extremo del campo también se está construyendo buena parte de la solidez que explica que el Dépor figure en los puestos de ascenso directo y se mantenga invicto tras seis partidos. La consistencia defensiva, menos vistosa pero igualmente determinante, se ha convertido en uno de los pilares de este inicio de temporada.
La victoria más reciente, el 4-0 contra el Huesca en Riazor, sirvió como muestra evidente de la progresión del equipo sin balón. El conjunto aragonés no logró ejecutar ni un solo disparo a portería. Se quedó en seis intentos, todos ellos desviados. “Me quedo con que en la primera parte hemos sufrido poquísimo. Solo ha habido un remate de cabeza”, valoró Antonio Hidalgo, que destacó la solidez de su equipo en los primeros 45 minutos. Incluso tras el descanso, con el encuentro casi finiquitado, el Deportivo mantuvo la concentración y volvió a dejar su portería imbatida por tercera vez en lo que va de campeonato, siempre como local.
Pese a estos datos, el Deportivo no figura entre los conjuntos que menos tiros reciben. El motivo principal está en el encuentro de Butarque contra el Leganés, que alteró las estadísticas generales. Allí concedió 19 remates, siete de ellos a puerta, en un partido en el que se vio superado en varias fases. Si se observan el resto de compromisos, los números ofrecen otra perspectiva.

Ante el Granada, en la primera jornada, recibió catorce disparos, aunque solo dos encontraron portería. En el empate frente al Burgos en Riazor concedió once intentos, solo uno de ellos entre los tres palos. Contra el Sporting, en el triunfo por la mínima en casa, el rival remató en ocho ocasiones, con tres lanzamientos dirigidos a Germán Parreño. En Mendizorroza, frente al Mirandés, el balance fue de nueve tiros en contra y seis a portería. Por último, frente al Huesca, los seis remates no fueron entre los tres palos.
Si se analizan los datos de forma global, el Dépor no se encuentra entre los equipos que menos remates permiten, pero sí entre los que conceden oportunidades de menor calidad. Según las métricas de Opta, acumula 3,9 goles esperados en contra (xG), una de las cifras más bajas de la categoría. En la práctica, ha encajado cuatro. Esta estadística refleja que, aunque a Germán Parreño le lleguen remates con cierta frecuencia, la mayoría proceden de situaciones poco ventajosas para el rival: disparos lejanos, escorados, con defensores encima o con múltiples piernas entre el balón y la portería. En definitiva, acciones con escasa probabilidad real de convertirse en gol.
La impresión que transmiten los partidos del Dépor confirma este análisis. El sistema que está construyendo Antonio Hidalgo se caracteriza por su fiabilidad. No depende solo de la línea defensiva, sino de la implicación del bloque al completo. El equipo ha combinado la capacidad de recuperar pronto tras pérdida, como sucedió ante el Huesca, con momentos en los que ha optado por replegarse y protegerse cerca de su área, como en las segundas partes contra el Granada o en tramos del duelo frente al propio Huesca. En ambos registros se ha mostrado solvente.
Otro aspecto que llama la atención es la valentía en las alineaciones. En los dos últimos encuentros, Hidalgo presentó onces ultraofensivos, con cinco futbolistas de perfil atacante, sin que eso comprometiera la seguridad atrás. Tanto en defensa de cinco como en línea de cuatro, el conjunto se ha mostrado solidario en el esfuerzo y efectivo en la contención.
Nombres propios
Dentro de ese entramado hay nombres propios que destacan. Germán Parreño se ha asentado como una garantía bajo palos. Su porcentaje de paradas alcanza el 78,9%, con intervenciones de mérito en todos los encuentros salvo en el último, en el que apenas fue exigido. Además, transmite seguridad en las acciones aéreas y aporta calma con el balón en los pies.
En la zaga, dos jugadores se han consolidado como imprescindibles: Miguel Loureiro y Dani Barcia. El de Cerceda ha elevado el suelo competitivo del equipo, actuando tanto de lateral derecho como en el centro de la defensa, donde se ha asentado en las últimas semanas. El de Cambre ha añadido la contundencia y la concentración a su gran salida de balón, su principal virtud. A ellos se ha unido progresivamente Ximo Navarro, que ha recuperado protagonismo en el lateral o como central en defensa de tres, manteniendo el rendimiento que ya ofreció el curso pasado.
La aportación defensiva no se limita a los especialistas en esa parcela. Hidalgo ha exigido compromiso a los jugadores de ataque y la respuesta ha sido positiva. Futbolistas como David Mella o Luismi Cruz han asumido funciones de carrilero en distintos encuentros, cumpliendo con nota. El capitán, Diego Villares, es otro de los pilares fundamentales. Su despliegue, inteligencia táctica y capacidad de sacrificio permiten al equipo mantener el equilibrio, tanto acompañado por un mediocentro más posicional como Gragera como por un perfil ofensivo como Mario Soriano, que también destaca en la repetición de esfuerzos.
El balance general sitúa al Dépor en un inicio de Liga más que consistente en la faceta defensiva, con un único lunar en la primera parte disputada en Butarque, cuando el Leganés le generó más problemas de los habituales. Más allá de esa excepción, el conjunto coruñés ha encontrado un punto de solidez que complementa a la eficacia ofensiva y que explica en buena medida su posición de privilegio en este arranque de campeonato.











